Vuelve ‘The Crown’ con su peor temporada

Las cosas pintaban difíciles para The Crown , la serie de Peter Morgan sobre el reinado de Isabel II sufrió fuertes críticas por parte de los Windsor tras el estreno de su cuarta temporada. Ahora, con el reciente fallecimiento de la monarca y el ascenso al trono de Carlos III, la polémica está servida.

Después de dos años de espera, Netflix estrenó el pasado 9 de noviembre la penúltima entrega de una de sus series estrella. Parecía poco probable que una ficción tan bien trabajada como la de Morgan pudiese decaer y fallar en su recta final; pero desgraciadamente es justo lo que ha pasado. La quinta temporada de The Crown es una mancha de tinta en un relato impecable.

The Crown Imelda Staunton - Nokton Magazine

Un conjunto de malas decisiones

Repasando el “annus horribilis” de Isabel II, la historia se centra en la turbulenta década de los 90. Quizás sea por lo atemporal de los acontecimientos o por el recuerdo de esas revistas que vendían titulares diarios sobre el matrimonio fallido de Carlos y Diana o la infidelidad de este con Camila pero, lo cierto, es que la fórmula no da resultado.

Entre la larga lista de errores, la que más destaca es la pésima elección del elenco. Si la decisión de cambiar el reparto en la tercera temporada fue un éxito, lo cierto es que las cosas no han ido tan bien en esta ocasión. Imelda Staunton, Jonathan Pryce, Dominic West, Elizabeth Debicki… Con una lista de actores de esa envergadura ¿Qué podía salir mal? Pues todo.

Jonathan Pryce Príncipe Felipe The Crown - Nokton Magazine

Imelda Staunton encarna a una Isabel II apática, descafeinada y carente de autoridad. No hay rastro de la reina cándida y serena de Claire Foy, ni tampoco de la soberana contudente de Olivia Colman. Y en la misma escala se encuentra Jonathan Pryce que da vida a un Príncipe Felipe ajeno de cualquier temperamento ácido y políticamente incorrecto como el que impregnaron las interpretaciones de Matt Smith y Tobias Menzies.

Pero, de entre todo el dintel de actores que se pasean por el Palacio de Buckingham, el que más chirria es Dominic West como Carlos de Inglaterra. Su falta de parecido físico, la ausencia de acento upper class, y la rudeza y seguridad con las que West da vida al antiguo Príncipe de Gales, hacen imposible ver en él al personaje que interpreta. No se reconoce al Carlos tímido, débil e inseguro al que estamos acostumbrados con la versión de “macho alfa” que intenta dar del actual rey de Inglaterra.

Lavado de imagen y licencias

Y eso lleva al mayor error que ha cometido Morgan; intentar lavar la imagen de Carlos. En esta quinta temporada, el entonces Príncipe de Gales, se retrata como un hombre progresista, de futuro, ajeno a la tradición y volcado en los más desfavorecidos. Víctima de una mujer que quiere vengarse de él y aniquilar su figura pública, y de una familia que no le deja vivir su romance con Camila a la que eleva al rango de “ejemplo de decencia”.

Dominic West Elizabeth Debicki The Crown - Nokton Magazine

Si la intención era convertir la ficción en un panfleto propagandístico del actual monarca lo han conseguido. Pero resulta inverosímil después de haber mostrado las grietas en los inicios de su matrimonio con Diana y la actitud egoísta con la que le trató. En está ocasión las tornas cambian y ahora es a Lady Di a la que le toca pasar por el escrutinio. Reflejada como una mujer inestable, rencorosa, caprichosa y con afán de protagonismo, que atosiga a un adolescente Príncipe Guillermo que parece avergonzado de su madre.

La repugnante falta de rigor se soporta gracias a Elizabeth Debicki que encarna a la mejor Diana que se ha llevado a la pantalla hasta la fecha. Los gestos, el tono de voz, la forma de caminar, la caída de ojos y el sufrimiento que emana de ellos, la convierten en una firma candidata a los próximos premios Emmy y en lo mejor de la temporada.

Pequeños momentos brillantes

Pero no todos son cosas negativas. La falta de ritmo e interés se compensan con pequeños momentos brillantes que sirven como salvavidas para el aburrimiento. El capítulo que repasa la la historia de Mohamed Al-Fayed y su relación con el antiguo ayudante del Duque de Windsor, Sydney Jackson o el dedicado al asesinato de los Romanov en el que se deja ver un poco más al personaje de Penny Romensey, magistralmente encarnada por Natasha McElhone, hacen las delicias del espectador.

Como también las soberbias actuaciones de Johnny Lee Miller en la piel del Primer Ministro John Major y Lesley Manville como la Princesa Margarita, con su episodio dedicado a su reencuentro con su antiguo amor Peter Townsend al ritmo de Stardust de Hoargy Carmichael.

Pequeños atisbos de luz que ayudan a olvidar la decadencia y fracaso de una temporada caracterizada por la falta de emoción y de química entre unos grandes actores completamente inadecuados para sus papeles.

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