Las fotos privadas de los Romanov: así eran las hijas del zar de Rusia

Los Romanov.
Las fotos privadas de los Romanov, una dinastía que reinó durante 300 años, nos muestran como era la vida de las hijas del último zar de Rusia.

Fueron las jóvenes más deseadas de la realeza europea de principios del siglo XX. De increíble belleza, estas cuatro hermanas vivían  una vida sencilla en el interior del palacio de Alejandro en Tsárkoye Seló, alejadas de la vida bulliciosa de la alta burguesía de San Petersburgo.  Las fotos privadas de los Romanov, una dinastía que reinó durante 300 años, nos muestran cómo era la vida de Olga, Tatiana, María y Anastasia; las hijas del último zar de Rusia.

La Rusia imperial de principios del siglo XX

Cuando Nicolás Alexsándrovich Romanov, más conocido como Nicolás II, ascendió al trono en 1894, heredó el título de emperador, el embrión de una revolución y, ante todo,  la responsabilidad de gobernar un imperio que ocupaba la sexta parte del mundo.

Ante la inesperada muerte de su padre, Alejandro III, el joven Nicky (así era llamado en su círculo) un muchacho de 26 años, con pocas dotes de mando y con más porte de burgués de campo que de emperador, se veía incapaz de poder ser zar. Como él mismo afirmaría “No estoy preparado para ser zar. Nunca quise serlo”.

Ser zar no consistía únicamente en asistir a lujosos bailes y suculentas cenas, también requería tener la capacidad suficiente para gobernar un imperio de extenso tamaño, en el que convivían numerosas culturas y sobre el que se cernía una sombra cada vez más oscura; la de la revolución.

Durante el reinado de Nicolás II se vivieron dos guerras y dos revoluciones. La primera fue la guerra Ruso-Japonesa, la segunda la Primera Guerra Mundial. En cuanto a las revoluciones, en la primera salió airoso, en la segunda perdió la corona.  Su carácter indeciso, la falta de fiereza y la apatía que mostraba ante los asuntos de estado no le resultaron de mucha ayuda para ganarse adeptos a su alrededor. Además, la figura de su mujer, Alejandra, una alemana luterana convertida a la fe ortodoxa, no ayudó mucho.

Alejandra Fiódorovna era una mujer extremadamente piadosa, fascinada por el misticismo y reacia a adaptarse a las costumbres de la corte rusa. La rivalidad con su suegra, la emperatriz viuda María Fiódorvona, tampoco sirvió para ganarse la gracia del resto de miembros de la realeza, y solo ayudó a que el bueno de Nicky tuviese más que un dolor de cabeza por las misivas de su madre advirtiéndole sobre “su querida Alix”.

Sin embargo, las complicaciones a las que tenía que hacer frente el matrimonio no eran nada comparadas con el sufrimiento que asolaba secretamente a la familia. El ansiado heredero, que tardó diez años en llegar desde que la pareja contrajo matrimonio, había nacido aquejado de una terrible enfermedad, la hemofilia. De salud delicada, el pequeño Alekséi Nikoláyevich pasó su infancia entre oraciones y cuidados médicos.  Este hecho fue lo que llevo a Alejandra, a través de una amiga de confianza, a solicitar la ayuda del misterioso Rasputín, apodado “el monje loco”. Un hombre siniestro y extraño que parecía ser el único capaz de curar el mal que aquejaba al zarévich. Pronto se convirtió en alguien imprescindible para toda la familia, al que llamaba “nuestro amigo”.

Lo que ellos no sabían era que su querido amigo sería uno de los motivos que propiciarían su caída del trono.

La vida de OTMA en palacio

Olga, Tatiana, María y Anastasia, que firmaban sus cartas grupales bajo el acrónimo OTMA, parecían muñecas de porcelanas en sus vestidos blancos.

En la infancia, disfrutaban correteando por los pasillos de palacio o jugando con los oficiales del yate imperial Standart durante las vacaciones. Su madre se encargó de que tuviesen gustos sencillos y una disciplina espartana, recibiendo duchas de agua fría por las mañanas y templadas por las tardes. Además, pese a vivir en un palacio enorme, las niñas compartían habitación; dividiéndose así en la pareja grande y la pareja pequeña.

Con el paso del tiempo fueron creciendo y desarrollando personalidades muy diferentes.

Olga, la mayor, era la más inteligente. De naturaleza reflexiva y sensible, solía leer poesía y tocar el piano. En sus diarios personales se muestra su exaltado carácter emocional, sobre todo en 1913 cuando se enamoró de uno de los oficiales llamado Pavel Voronov, al que ella se refería como “S”. Sus padres, al darse cuenta de este enamoramiento que parecía ser correspondido, dispusieron que Pavel se casara con una amiga cercana de la familia. Olga asistió al enlace y se vio obligada a olvidarse de su amado oficial.

Durante el cautiverio de la familia su carácter se volvió más introvertido. Cayó en una profunda depresión, que había comenzado a manifestarse tras ejercer como enfermera durante la guerra. Según los guardias que custodiaban la casa Ipátiev, donde la familia estuvo recluida, Olga era “un conjunto de pellejo y huesos” debido a la fuerte pérdida de peso que sufrió. Seguramente por su carácter sensitivo y reflexivo, fue realmente consciente del peligro al que estaban expuestos.

Tatiana era la segunda hija y la favorita de la zarina Alejandra. De aspecto elegante, era considerada la más bella de todas. Consciente de su posición social, siempre se mostró muy dócil y obediente, acatando las indicaciones de su madre sin replicar. Esa capacidad de organización hizo que sus hermanas cariñosamente le apodasen “la institutriz”.  Junto a su hermana mayor sirvió como enfermera durante la guerra, demostrando unas dotes impecables en el cuidado de los enfermos. En ese periodo conoció a Dimitri Malama, un soldado del ejército imperial, del que se enamoró. El joven le regaló un bulldog al que llamó Ortipo y que le acompañó al exilio.

Cuando el joven Malama se enteró de la muerte de Tatiana, se entregó a las balas en el campo de batalla, falleciendo en combate.

María era la tercera, y como tal, sufrió el llamado síndrome del niño del medio. Más robusta que sus hermanas, fue el foco de las bromas de éstas que la llamaban “Fat Little Bow Bow”, en alusión a los perros grandes y bonachones. Mashka, como solía llamarle su familia, tenía unos enormes ojos azules conocidos como “los platillos de María”. De carácter dulce, agradable y sencillo, se convirtió en la favorita de los criados de palacio. Su máxima ilusión era casarse y tener hijos, lo que hizo que sus padres se riese de sus ataques románticos.

Cuando tenía quince años conoció al teniente Nikolai Demenkov. Desde ese momento, en sus cartas, siempre preguntaba a su padre sobre su adorado Kolya. De hecho llego a firmarlas como Sra. Demenkov.

Su carácter afable y abierto dio lugar a una situación de tensión durante el cautiverio, cuando el día de su 19 cumpleaños fue descubierta en una situación comprometida con uno de los guardias que custodiaban el lugar. Lo qué paso es un misterio.

Anastasia era la más pequeña de las hermanas y también la más conocida por su leyenda. De carácter travieso y rebelde, era el enfant terrible de la familia. Sin un ápice de pudor, solía imitar a los ministros que visitaban a su padre y trepar los arboles cuando se negaba a dar clases. Con una capacidad innata por la actuación, siempre manifestó su deseo de convertirse en actriz. La imagen que ha quedado de ella, en especial gracias a la película de animación, ha sido muy edulcorada.  La Anastasia real era muchísimo mejor. He aquí un fragmento de una carta a su padre:

“Estoy escribiendo con mi mano derecha y con la izquierda me estoy hurgando la nariz. Olga ha intentado darme una bofetada pero he conseguido librarme de su mano porcina”

Al igual que Olga y Tatiana eran la gran pareja, María y Anastasia formaban la pequeña. La combinación tan opuesta de sus personalidades se veía complementada, forjando una relación entrañable y particular entre las dos hijas más jóvenes del zar. La bonachona María siempre se veía arrastrada por las travesuras de la pequeña Anastasia, con la que solía bailar haciendo mucho ruido en su habitación cuando su madre estaba recibiendo invitados en la de abajo.

Una muerte temprana

Destinadas a casarse con príncipes de dinastasias vecinas, OTMA siempre manifestó su preferencia por los soldados y su patriotismo hacia su tierra. Antes de iniciar la guerra,  Nicolás y Alejandra intentaron hacer acuerdos matrimoniales con el príncipe Carol de Rumania, pero entre Olga y él no hubo química y la posibilidad de un futuro matrimonio se diluyó.

Un mes después Rusia entró en guerra con Alemania. Dos años más tarde estalló la revolución, el zar abdicó y la familia fue puesta bajo arresto domiciliario; primero en el Palacio de Alejandro, luego en Tobolsk y por último en Ekaterimburgo.

La madrugada del 16 al 17 de Julio de 1918 fueron conducidos al sótano de la casa Ipátiev, donde fueron asesinados por los bolcheviques. Sus cuerpos fueron rociados con ácido sulfúrico y enterrados en una mina a las afueras de la ciudad. La dinastía había terminado pero la leyenda acababa de empezar.

Durante todo el siglo XX el misterioso destino de la familia imperial rusa despertó el interés de muchísimas personas. A casi un siglo de su desaparición, su aciago destino aún conmociona porque fue una familia que murió tal y como vivió: unida.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

Comments

comments