Ana Müshell se encuentra con Alejandra Pizarnik en ‘Maldita Alejandra’

Ilustración de Ana Müshell en el libro Maldita Alejandra.
Ilustración de Ana Müshell en el libro Maldita Alejandra.

Se cumplen 50 años de que la poeta Alejandra Pizarnik acabase con su vida  a la edad de 36 años. Pero su literatura y su esencia perviven. Lo demuestra Maldita Alejandra el libro en el que la artista e ilustradora Ana Müshell se reencuentra con ella a través de sus poemas.

Para este libro Ana Müshel (podéis leer aquí la entrevista que la hicimos sobre su universo ilustrativo) toma las riendas del texto y de las imágenes y, tras publicar Patti Smith. She has the Power, vuelve a enfocarse en la historia de esas mujeres inspiradoras que marcaron la cultura del s. XX.

En Maldita Alejandra (Editorial Lumen) la protagonista está sumergida en la agorafobia y esa ansiedad, esos miedos que la acompañan en los actos que los a los demás pueden resultarles de lo más cotidianos, la llevan a ir encontrándose con Pizarnik. Un encuentro cargado de realismo y de intimidad que comienza de forma casi casual y va abriendo, a través de versos, las puertas a que la propia poeta argentina entre en su apartamento.

Ilustración de Ana Müshell en el libro Maldita Alejandra.

Esa premisa de los temores cotidianos, esa “rutina del miedo” -tal como describe Müshell la agorafobia en el libro- cala en el lector a través de un texto que es a la par bello y desgarrador, que abraza las vivencias de casi cualquier joven para desposeerlas de la felicidad inherente y transformarlas en reflexiones. Ya lo señala el propio título Maldita Alejandra, que no es más –ni menos- que esa figura de la autora maldita.

El libro mantiene el formato de diario convenciendo al lector de que está entrando en un universo de pensamientos íntimos, de escritos que están ahí sin la aparente necesidad de ser leídos. La protagonista va descubriendo la figura de Pizarnik a la vez que nos va trasladando su día a día, los aPortada de Maldita Alejandra, Ana Müshell.migos que pasan por su casa, la imposibilidad de realizar esas tareas que de imprescindibles mutan en imposibles… Todo ello salpicado también de menciones a autores relaciones con la psicología (el libro incluye una potente bibliografía).

Y, junto al texto, la imagen. Ese estilo tan personal de Müshell que aquí late en ilustraciones en las que predomina la gana ocre. Ilustraciones que, aunque a primera vista puedan parecer meros retratos de la normalidad, están cargadas de significados.

La figura de Alejandra Pizarnik se descubre a cada página de este libro porque, como señala Luna de Miguel en el prólogo “si la historia de la literatura está llena de sectas selectas, sería estúpido no entender que la fe de las pizarnikianas y pizarnikianos es hoy más que palpable. Ella creía que nadie quería sus poemas. Hoy sus poemas son tatuajes, y son canciones, y son asignaturas en las escuelas de escritura, y son conjuros que cantan las niñas góticas…”.

 

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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