La persistencia del ‘Jeremías’ de Stefan Zweig

Jeremías de Stefan Zweig.
Jeremías de Stefan Zweig.

“El más bello ejemplo de esa augusta melancolía que sabe ver, más allá del cruel drama del presente, la eterna tragedia de la humanidad”, son las palabras con que Romain Rolland define el Jeremías de Stefan Zweig. Ahora Acantilado edita en pleno 2020 este poema dramático en nueve actos escrito en 1917, porque quizás es el mejor momento para volver a ser conscientes de esa tragedia innata a la humanidad.

Los tiempos son diferentes pero igualmente necesitamos visualizar a la sociedad más allá del drama que la época define. Un drama que siempre acompaña a la historia y que en este caso nos vuelve a dejar clara esa eterna tragedia de la humanidad que, no por dura, será de nuevo pasajera. Hoy no hay campos de batalla como los de la Primera Guerra Mundial que inspira esta obra de teatro, pero los muertos se siguen contando por miles y la actitud del ser humano es la que continúa marcando el cambio.

Y precisamente la actitud del ser humano frente a la adversidad, frente a lo innesperado, es uno de los ejes del Jeremías de Stefan Zweig. Ya que este personaje bíblico que rescata para la obra comienza sus andanzas con un mal sueño (en el sentido más literal), viendo un problema futuro que nadie más ve, que ni su madre ni su sociedad comprenden. La obra surge con intenciones pacifistas, partiendo de un tema biblíco cuya selección es más fácil de comprender si nos centramos en la figura de su escritor. Porque Stefan Zweig, además de ser uno de los grandes representantes de la literatura alemana del s. XX era uno de esos judíos que emigró a Austria cuando comenzaron a verse amenazados.

El pacifismo que reclama esta obra, que fue representada en el teatro por primera vez en 1917 en Zürich y en Nueva York, parte de una defensa de Europa como un espacio capaz de hacer las cosas mejor. Como proclama Jeremías; “¿Es que crees que la paz no es acción, la suprema acción, la acción de las acciones? Hay que arrancarla día tras día de la boca de los mentirosos, hay que conquistarla en el corazón de los hombres”.

Jeremías es un personaje multidimensional, apasionado, que va comprendiendo la realidad de las profecías que le presentan sus sueños mientras el pueblo se burla de él, el Rey le cree loco y su único apoyo es Baruc, quien representa la fuerza y el ansia de la juventud.

Ese pueblo que se burla de sus proclamas y que poco a poco las irá viviendo se presenta en constante dualidad; los que quieren la guerra vs los que desean la paz, los que se creen el boca-oreja cual fake new y los que dudan, los que creen tener la certeza y los que no comprenden, como delata esta conversación entre dos centinelas; “son nuestros enemigos, debes odiarlos. / ¿Porque debo odiarlos, si mi corazón no tiene motivos para ello?”. Otros personajes como la madre o el rey son comedidos. Ella cree fervientemente que los tiempos que vive son los mejores, una aseveración propia de la naturaleza humana que cada día parece más en entredicho.

“¡No le escuchéis ni escuchéis a aquellos que sólo buscan halagar vuestros oídos con sus palabras! ¡Os están tendiendo una trampa, no caigáis en ella! ¡No escuchéis a los hipócritas que os empujan a aventuraros en un terreno resbaladizo, no caigáis en las redes de quienes quieren cazaros como a pajarillos!”, exclama Jeremías intentando inculcar razocionio a un pueblo ya perdido. Y es que la tolerancia, la visión de la sociedad no violenta, la dignidad humana criticando el orgullo y los extremos que este genera, es lo que mantiene aún vivo al Jeremías de Stefan Zweig.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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