Hablamos con J. Sadler sobre ‘Sirope’: “En mi opinión, la discusión literatura ‘adulta vs juvenil’ es un debate absurdo”

El 2021 ha empezado fuertecito y sin ganas de darnos un respiro respecto al apocalíptico 2020. Para olvidarnos un poco de nuestra realidad (y de la asfixiante obligación de producir) hemos decidido charlar un rato con el autor J. Sadler acerca de su novela Sirope, publicada en diciembre con Applehead Team.

Nokton Magazine: Empecemos por lo más importante: ¿Cómo llevas la producción?

J. Sadler: ¿La producción de sirope? Estupendamente.

NM: Cristina Jurado define Sirope en el prólogo como una «fábula cultural anticapitalista», lo que encuentro muy, muy acertado. Pero ¿cómo definiría J. Sadler esta obra?

J.S: Muchos han dicho que es una novela de terror, o de ciencia ficción. La idea de la fábula se le ocurrió a Cristina, y estoy de acuerdo. Sirope relata un mundo donde existe una sustancia cuya producción condiciona la vida de todo el mundo. Puedes pensar que el sirope es petróleo o dinero, pero queda bastante claro su origen humano a las diez páginas de las novela… Así que un pelín bizarra también es, supongo.

NM: Tuve el placer (por decirlo de alguna forma) de leer la primera versión de Sirope. Lo que más me impactó entonces fue descubrir que gran parte de su perturbador contenido está basado en el funcionamiento del sistema educativo británico. ¿Cómo nació este proyecto? ¿Cómo decidiste contar esta historia?

J.S: En efecto. El sistema de target grades que rige y agobia a los adolescentes del mundo de Sirope es el mismo que se lleva a cabo en el sistema educativo británico, que básicamente viene de un modelo industrial para rentabilizar resultados (en este caso, alumnos con buenas notas). Llevo ya varios años trabajando en este modelo y he visto suficiente mierda como para pensar que era necesario hablar de los problemas que trae este sistema de valoración del alumnado. Si lo he disfrazado como una novela de terror fue porque pensé que a nadie le interesaría de otra manera… Y así quitarle cierta pretenciosidad.

'El afilador'.

‘El afilador’.

NM: En Sirope encontramos un contraste interesante entre la crítica más cruda y ciertos elementos del terror más clásico, que conectan con el universo de las leyendas urbanas y nuestros miedos más primarios. ¿Esta mezcla de géneros fue premeditada o cobró vida por su cuenta?

J.S: Pues me alegro que me hagas esta pregunta (risas) porque la idea del Afilador apareció sin duda por influencia de todos los creepypasta y fake news que se cuentan los estudiantes. El uso de la tecnología para compartir challenges, abusos, bulos, vídeos está ya tan asimilado que me parecía un error no referenciarlos. Tampoco creo en eso de La Teoría del género, de respetar las bases y no salirte de ciertos códigos.

NM: Volviendo al tema del terror más puro, en algunos aspectos (el tratamiento de los personajes, cómo se presentan los hechos e incluso la forma de narrarlos) la historia recuerda a las novelitas de miedo de R. L. Stine. Una vez más tengo que preguntar si esa era tu intención o se trata de un maravilloso accidente.

J.S: Totalmente. Cuando empecé a escribir Sirope quería hacer algo muy sencillo, con un estilo directo que recordara a esas novelitas de terror para jóvenes, con sus estereotipos y descripciones locas. Me parece que es un modelo maravilloso, muy consciente de lo que es, aunque no tenga el prestigio de una literatura engolada y pretenciosa que normalmente suele ocultar una falta de originalidad preocupante. Hay gente que ha dicho que es muy cinematográfica y poco literaria, lo cual es un debate que para mí no tiene mucho sentido. Por ciertos giros en la trama considero que Sirope sería muy complicada de adaptar a la narrativa audiovisual.

También te digo que cada proyecto que he escrito ha sido diferente. Retiro Infinito y Sirope parecen escritos por dos personas diferentes… Y de hecho así es, porque una la ha escrito J. M. Sala y esta J. Sadler. Me lo paso muy bien jugando mucho con ciertos tonos, diferentes estructuras y elementos.

Estoy seguro de que hay una versión de Sirope con escenas grotescas, pero no me interesaba escribir ese libro. Al lector hay que impresionarlo con ideas, no solamente con estilo.

NM: En un momento en el que todo el mundo parece tan preocupado por definir géneros y discernir las líneas divisorias entre la literatura adulta y la juvenil, no puedo evitar fijarme en que Sirope, al menos para mí, es en esencia una novela juvenil y, a la vez, está llena de ingredientes que quizás podrían situarla lejos de esa etiqueta. ¿Qué opinas sobre esto? ¿Crees que hay que tener cuidado con qué elementos mostramos al público más joven? Aclaro que a mí, de adolescente, me flipaban las cosas cuanto más retorcidas mejor (¡creo que leía muchas más barbaridades que ahora!), así que esta pregunta no es una crítica en sí.

J.S: No me imagino a Mariana Enríquez preocupada por dónde iba a encajar En Nuestra parte de noche o si alguien le iba a criticar que no era “alta literatura”. Dios. Desgraciadamente hay pocos estudios serios sobre el género, o al menos pocos suficientemente documentados. La gente en redes pierde demasiado tiempo hablando en vez de atreverse con hacer cosas que no vayan a gustar a todo el mundo. Hay una idea de reconocimiento social muy jodida ahí, de “quiero gustar” que me parece horrible. Puedo contar con los dedos de una mano los debates interesantes que he visto en Twitter. Quitando su capacidad para dar voz a gente oprimida por el sistema, lo cierto es que muchas veces es vanitas vanitatis.

En mi opinión, la discusión literatura “adulta vs juvenil” es un debate absurdo, que lleva décadas ahí, y al final todo el mundo está valorando las cosas desde un punto de vista puramente comercial o desde su visión personal.

Cosa que está bien, porque los libros son un producto y es normal que la gente quiera saber a qué audiencia va a llegar. Esto de escribir, como llena poco el bolsillo, que al menos llene el ego. Bien por la gente, y lo digo sin ironía. No creo que exista mejor momento para escribir una novela pornográfica para gente de quince años, la verdad.

En un mundo donde Star Wars, Marvel o Game of thrones han llegado al Corte Inglés, existe la tentación de pensar que se ha perdido “todo lo rompedor”, pero vivimos en un tiempo estupendo para contar cosas e historias como queramos. Creo que con esas supuestas normas de “no puedes contar esto” yo nunca habría podido escribir Sirope… O a lo mejor es que no somos tan sensibles como la gente piensa y podemos leer y escribir todo lo que queramos y diferenciar la voz del autor de una obra de ficción. Por otro lado, volviendo a lo que tú dices, escribiendo Sirope nunca pensé en describir una escena gráfica de dos adolescentes follando o mostrar violencia sin motivo. Creo que si no eres capaz de leer entre líneas, si necesitas que alguien te lo dé todo mascadito para que así “lo visualices”, lo siento, Sirope no es tu libro.

NM: Sirope conecta con muchísimas cosas de nuestra realidad y cómo funciona el mundo. Además, no puedo evitar verle un paralelismo con el mundo editorial, en especial en el sentido de que no hay meta posible: por mucho que produzcas, deberás continuar haciéndolo y no bajar el ritmo porque, de lo contrario, serás engullido por la producción (y productividad) de otros. ¿Tiene algún sentido todo esto o solo estoy flipando?

J.S: Pues es una reflexión interesante, esa sensación de que para un escritor “de género” no termina de llegar el momento de autorrealización, que por mucho que hagas no terminas de alcanzar el “ahora estoy aquí”. Sin embargo, creo que es un problema inducido por las redes más que una realidad. Yo quiero seguir escribiendo, y seguramente voy a escribir mejor porque el hábito hace al monje y mis objetivos de producción son claros y a corto plazo. Mi relación con las redes también cambia. Echando la vista atrás, ni siquiera estoy contento con haber escrito cosas como “quedan solo dos ejemplares, CORRAN”, pero supongo que si lo vuelvo a hacer es porque creo que merece la pena.

A mí no me gusta grabarme en vídeo hablando de mi libro, prefiero montar un tráiler en una cuenta hecha para ese libro en concreto y compartirlo todo desde allí. Es una tentación muy complicada, eso de creerse que necesitas “estar ahí”. ¿Pero qué es ese ahí, de todos modos? Supongo que aún estoy aprendiendo.

Mira, he dejado las redes por un tiempo después de presentar Sirope en la librería La Sombra. Créetelo, no lo echo de menos, ni creo que vaya a quitarme “opciones” no estar “visible” o “disponible”. Le pregunté a Manu Riquelme el otro día qué me estaba perdiendo y me dijo que nada. Y me parece genial que haya gente que comparta cosas todos los días o a todas horas, de verdad que lo creo, pero me da miedo cuando se lanzan mensajes homogéneos de “cómo triunfar” o “cómo conseguir vender tu novela”, y que al final todos esconden una falta de ideas preocupante. No te hace falta redes sociales para venderte.

Al final la producción en redes consiste en pasarlo bien haciendo tonterías, en retuitear cosas de tus amigos (que también publican libros), apoyarnos los unos a los otros y mantenerte ahí.

NM: ¿Cómo ve el futuro J. Sadler? ¿Alguna otra obra despiadada a la vista?

J.S: Yo veo el futuro con optimismo, como se puede leer entre líneas en esta entrevista. En serio. Tengo un texto que quizás salga este año y tengo muchas ganas de compartirlo y de que llegue a otro tipo de público. No es una novela “de género” como se entiende, aunque yo creo que es de terror. Pero, como comentabas, quizás ya es hora de dejar de hablar de géneros.

Y sobre obras despiadadas… Es raro, pero desde el año pasado, o más bien desde que escribí un relato sobre el confinamiento, Lorena y yo, que ganó en un certamen de la editorial Pulpture, ya no me apetece hacer cosas crueles. Aunque en mi humilde opinión creo que Sirope es una obra super divertida. Pero no hagas mucho caso a J.

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