Un ‘Panfleto de Kronborg’ para entendernos

Detalle de la portada de 'Panfleto de Kronborg'.
Detalle de la portada de 'Panfleto de Kronborg'.

Partiendo de un formato próximo al libro de viajes, Jesús del Campo nos lleva en Panfleto de Kronborg a indagar en los porqués de la sociedad actual, en los motivos de cómo nos comportamos como lo hacemos. Y esos motivos se entrelazan entre los hechos y los personajes históricos, las canciones, los lugares icónicos, la literatura, el cine e incluso el deporte.

La definición que encontramos en la RAE sobre la palabra panfleto es “libelo difamatorio”, y ese axioma está presente en el ensayo, pero no es su eje. La difamación puede desvelarse momentáneamente en el cómo hemos llegado a algunos comportamientos sociales pero el texto se vuelca mucho más en la búsqueda de una explicación sobre esos comportamientos actuales, sobre cómo hemos llegado a ellos a través de la historia. Cómo situaciones concretas vividas por Shakespeare, Michel de Montaigne, Ana Bolena, Isabel Tudor, Cervantes, Galileo, Juana de Arco o Walter Raleigh han podido ejercer su efecto mariposa.

En Panfleto de Kronborg Jesús del Campo indaga en el pensamiento del mundo moderno, “busqué rastros del combate entre el talento y la estupidez” dice en algún momento. Y lo hace buscando los efectos del pasado en el presente a través de la propia duda de hacia dónde se dirige este presente que el libro analiza, entre otras perspectivas, desde la calidad actual de la televisión, del humor o del fútbol como epítome de la sociedad en la que existimos “el fútbol circense avanza donde la cultura retrocede”. Incluso desde los supermercados “un supermercado es un museo de arte contemporáneo”, un espacio en el que debería sonar buena música y en el que deberían instalarse reproducciones de esculturas.

Panfleto de Kronborg.

Late en el libro la esencia de la literatura de viajes comenzando por la visita del narrador al castillo de Kronborg (el castillo que también inspiró a Shakespeare para su Hamlet) y que es eje de los primeros capítulos. Poco a poco el viaje dibuja otros destinos europeos y nacionales -como El Escorial- y ciudades como Londres o Manhattan toman protagonismo en algunas escenas. Son esas escenas, esos paisajes, los que van desplegando las ideas y los análisis de los porqués históricos. De hecho el viaje a Italia que Michel de Montaigne deja plasmado en sus diarios (y del que hace a penas un año Acantilado ha publicado una excelente edición) es una constante en el viaje de esta obra.

Panfleto a Kronborg deja en el lector planteamientos como el de Cervantes cuando opina que “el ejercicio del respeto a la palabra es incómodo y requiere esfuerzo” y observaciones como que “la mala música crea mala política” o que “la ignorancia no se queda quieta”. Lo hace también a través de la música y de letras de canciones, principalmente de Bob Dylan pero también de The Beatles, Bruce Springsteen, Rolling Stones o Pink Floyd, que sirven al autor para ir planteando reflexiones que postulen la validez de la sociedad actual y como esta se ha conformado a través de la historia reciente ´-ningún hecho incluido va más allá del s. XVI-.

Así a los largo de Panfleto a Kronborg personajes del pasado y del presente se van encontrando y reencontrando en las páginas para mostrarnos dos perspectivas o un ejercicio de causalidad que influye en el ahora. En el que también se presentan las diferentes formas de lo actual comparando la vida del Norte y el Sur de Europa porque “los europeos occidentales no aprendieron que las guerras las puede ganar el malo, siguen pensando que el lado de la bondad se acaba imponiendo por su propio peso en la tierra de los elogios”.

 

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