Sofía Segovia: “No cabe un pueblo dentro del estereotipo”

El frio invierno prusiano

“Es la historia más antigua de la humanidad: Sucedió, sucede y sucederá” afirma contundente la escritora mexicana Sofía Segovia cuando hablamos sobre la migración y el ser humano como “el resultado de muchos viajes”. El desplazamiento del pueblo sirio y centroamericano en la actualidad, o la que ocupa Peregrinos, su nueva novela, versada en uno de los capítulos más desconocidos de la II Guerra Mundial: El éxodo de más de 10 millones de alemanes de Prusia Oriental -ya desaparecida- en su huida del avance del ejército rojo. El territorio históricamente germánico, que había vivido confiado la llegada al poder de Hitler tras la hecatombe de la Gran Guerra y su merma geográfica por el Tratado de Versalles, se vio envuelto en menos de una década por el aullido de un nuevo conflicto y las graves consecuencias del nazismo.

“No estoy contando qué sucedió, eso ya lo sabemos, sino qué tan fácil fue qué les sucediera y quién fue la primera víctima de esta historia tan terrible, el propio pueblo alemán”, explica la autora. Hablamos del arma blandida con aterradora genialidad por el régimen nazi: Su maquinaria propagandística y los mensajes de miedo y odio con los que el Fürher esgrimió su liderazgo. “El primer paso del gobierno nazi fue robar la conciencia, la voluntad y la voz de los ciudadanos. Y luego, a quienes quisieron resistirse o a quienes despertaron, para sobrevivir, solo les quedó callar”.

La paz se firmó en mayo de 1945, se apagaban los cañones en Europa, pero el final no tuvo el mismo significado para todos. “Todavía hay gente que regresa caminando dos años después, tratando de encontrar un nuevo lugar en una patria quebrada, que los recibe con incomodidad, como la mayoría de refugiados de todo el mundo”, afirma la escritora. Se suma, además, el precio de la derrota. “Todos los alemanes, sin excepciones, fueron declarados culpables y pagaron los platos rotos durante mucho tiempo. Merecían todo lo que les sucediera. Incluso los niños. No se puede negar la atrocidad, pero en la narrativa mundial se ha acallado el dolor del vencido”.

La escritora mexicana Sofía Segovia

Sofía Segovia, que se describe, no como biógrafa ni historiadora, sino como novelista toma una historia real, la de los Schipper y los Hahlbrock, dos familias prusianas que participaron de este peregrinaje forzado, y superpone sobre los sucesos históricos las vivencias, sentimientos y derrotas de sus protagonistas. Su fascinante y dolorosa travesía apenas se encontraba a unos metros de la casa de la escritora, en el soleado Monterrey. Los pequeños y entrañables Arno e Ilse, que perciben desde la inocencia de la infancia los estragos de la huida en pleno invierno prusiano y sobreviven “vivos de cuerpo y espíritu” para encontrarse y forjar un hogar en México, son los padres de una buena amiga. La propia Ilse, ahora nonagenaria, le dio su bendición y compartió con la autora los pasajes y paisajes de una vida nómada, pero finalmente feliz.

“Cuando empecé a escribir esta historia, también me pregunté a mí misma qué derecho tenía siendo mexicana, pero comprendí que con más razón. No tengo el corazón partido ni busco enjuiciar para resarcir a unos u otros -expone-. Lo que sí intento contar es que no cabe todo un pueblo dentro de un pequeño costal llamado estereotipo. Hay mucha más luz y amor que sombras en la novela”. Su reflexión envuelve el presente próximo de México, un país del que parte una gran emigración, pero que “también recibe y acoge a peregrinos en busca de vida y paz”.

Un pueblo en la diana de la actualidad informativa desde aquel junio de 2015 en el que Donald Trump anunciara su candidatura a la Casa Blanca y, en el arranque de su campaña, expusiera la firme promesa de construir un muro fronterizo en la zona de Tijuana-San Diego (California). Sus mensajes incendiarios hacia una sociedad desengañada por la crisis prendió en muchos la mecha de la estigmatización. “El racismo estaba dentro del closet y Trump les dio la llave. En este caso el enemigo de todos no eran los judíos, sino los mexicanos, olvidando la historia en común, el aprecio y que también como buen vecino, la nación mexicana les ha cuidado las espaldas en la lucha contra el terrorismo”. Compartimos la inevitable impresión de que donde no se ha alzado un muro físico, todavía, se construyó un muro virtual desde la primera arenga.

“EEUU se forjó de irlandeses, italianos, ingleses… Y a los colonos primigenios los llamaron Pilgrims. Cuentan su historia como emigrantes, celebran cada año su Acción de Gracias, pero se han olvidado de la angustia del expatriado” completa la autora, que confía en las novelas un puente para empatizar con las personas y cambiar resentimiento por solidaridad en el caso de los refugiados.

Durante su investigación, Sofía Segovia se encontró repetidamente con el Nobel Aleksandr Solzhenitsyn, quien siendo combatiente del ejército soviético, acabó en el Gulag por su oposición a las atrocidades que sus camaradas ejercían contra los prusianos. De su paso por prisión y el horror del que fue testigo nació su famoso poema Noches prusianas, en el que venía a decir que la lucha del bien y el mal se da en el corazón de cada hombre. “Es fácil respetar los diez mandamientos cuando no hay problemas, pero ¿cuándo nos asomamos a nuestro punto de ruptura? Ante la la mínima expresión de humanidad de una persona -la supervivencia- se desnuda la verdadera moral”. En Peregrinos planea la clara intención de que el lector se cuestione qué haría si estuviera en una situación parecida.

De la integridad de las redes sociales, la autora aplaude su libre provecho, pero le turba su potencial. “Mi generación, que vivió sin internet, distinguía mejor los mensajes. Ahora, ¿quién está detrás de los anónimos y con qué intereses? ¿A quién dejamos entrar dentro de nosotros, ensimismándonos con un dulce discurso al oído?”. Sin embargo, frente a la posverdad y otros filtros de la narrativa Trump, observa un fuerte aliado: la prensa. “No se ha dejado dominar ni vencer, la defensa de la libertad de expresión es incuestionable en el ideario estadounidense”.

La novelista, nombrada en 2015 por la revista “QUIÉN” entre las 31 mujeres más influyentes de su país, estudió Comunicación, pero no llegó a ejercer el periodismo. Le pregunto si ser mujer y periodista en México son demasiados factores de riesgo.  “En los 80 la prensa caía víctima del gobierno, hoy en día del crimen organizado. Creo que nunca ha sido buen momento para ser periodista allí”. Y si bien se siente privilegiada porque en el entorno donde vive las féminas pueden avanzar, le preocupa gravemente la gran violencia contra la mujer.

En el año 2000, en el que se pregonaba el fin del mundo con el cambio de milenio, la escritora escuchó su susurro interior y se dio cuenta de que alguien de Monterrey, donde apenas contaban con talleres o referentes literarios a pesar de su numerosa población, sí podía ser novelista. Su segunda ficción, El murmullo de las abejas, traducida al inglés recientemente, ocupó la lista de más vendidos del mundo hispano y fue nombrada “novela del año” en Itunes.

Hace unos meses recibió la invitación para impartir una charla TED, en la que inspiró a su auditorio con su experiencia, la de un ingenio que encontró la férrea vocación -escribir literatura- de forma tardía. “Siempre se les dice a los jóvenes que el futuro es mañana, pero suena bien cruel. Como si el presente debiera esperar. No, el futuro se compone de presentes, y hay que lanzarse, a cualquier edad”.

Más novelista que tuitera, más lectora que escritora -en sus palabras-, Sofía Segovia es consciente de que leer es un acto de fe. “¿Sientes fe en la patria?”. Ese término que han absorbido injustamente los nacionalismos y que recuerda a hogar cuando resuena en el corazón de los exiliados. “La patria es incluyente, nos abraza a todos, hombres y mujeres. Se la debemos a nuestros ancestros y a la nueva generación”. Y apuntilla: “Antes que mexicanos, españoles o americanos, somos seres humanos… Peregrinos“.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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