Laura H. Garvín: La alianza femenina y la resistencia de ‘La mami’

Laura Herrero Garvín.
Laura Herrero Garvín.

Laura Herrero Garvín (Toledo, 1985) es una documentalista española realizadora de cortometrajes y largometrajes en diferentes puntos del mundo. Asimismo, su trabajo ha sido premiado y reconocido en multitud de festivales. En México ha llevado a cabo buena parte de su trabajo y allí fundó una organización de cultura audiovisual, La Sandía Digital, con marcado carácter feminista. En Nokton Magazine nos habla sobre sus proyectos audiovisuales, su trabajo en México y muy especialmente sobre su documental La mami (2019, 80’), en el que filma el relato de Olga, conocida como “la mami”, y la de un puñado de mujeres más cuya historia común es la defensa de la propia dignidad como mujeres apartadas en la Ciudad de México. La mami pudo verse online, junto a un centenar de películas más, en el pasado DA Film Festival 2020 de Barcelona gracias a su acuerdo con la plataforma Filmin entre el 30 de abril y el 10 de mayo.

Nokton Magazine: Tu trabajo como creadora audiovisual se centra en el documental. De hecho, estudiaste un máster en Documental de Creación. ¿Por qué eliges este medio para contar tus historias? ¿Qué crees que puede aportar el documental respecto a otros géneros?

Laura Herrero Garvín: Hace años en México, a mi llegada, cuando empecé a documentar movimientos sociales, entendí que el documental era mi herramienta de expresión. Con ella podía hacer dialogar mis intereses creativos y estéticos con los ideológicos y políticos. Más tarde me di cuenta que también el documental me permitía mirar la vida con perspectiva y así conocerme más. Me gusta el cine documental porque se crea en el proceso, siempre se va transformando, es un constante ejercicio de intuición y fluidez. Como directora marcas un destino, pero no puedes controlar por qué caminos llegarás. 

Foto: Cinemagavia.

Laura Herrero Garvín. Foto: Cinemagavia.

NM: ¿En qué te inspiras para contar tus historias?

LHG: Casi siempre que inicio una historia, esta llega a mí, y no puedo voltear a otro lado, la tengo que contar, así me ha pasado con la mayoría de mis proyectos. Y son las propias historias de las protagonistas, su forma de desenvolverse en el mundo, que necesito mirar, entender, las que me inspiran a seguir con el proyecto.

Hay búsquedas formales y creativas, referencias que están en mi cabeza y mi mirada, pero lo que más me inspira son las historias que tengo delante. 

NM: Además de largometraje y mediometraje documental, has realizado cortos. ¿Cuáles son tus trabajos en este formato? ¿Con cuál de ellos (largometraje o cortometraje) te sientes más cómoda?

LHG: Hace diez años ya, cuando empecé a hacer cine denuncia y poco más tarde cuando fundamos con siete colegas la productora-colectivo La Sandía Digital realizamos muchos cortometrajes documentales con un corte más social. En los últimos años, he centrado mi carrera más en el cine autoral. 

Porque de alguna forma el cine que hacemos tiene que ver con la manera en que nos posicionamos en el mundo, y esta va cambiando con el tiempo, si tengo que elegir las obras con las que me siento más cómodas, elegiría las últimas: La Mami, ¿Me vas a gritar?, El Remolino

NM: En México has trabajado y desarrollado proyectos. ¿Qué fue lo que te llevó allí? ¿Cuál es la experiencia de trabajar en proyectos audiovisuales en México respecto a España? ¿Puedes contarnos cuáles son los proyectos que mantienes allí?

LHG: Llegue a México en 2008 para realizar un intercambio académico cuando estudiaba Ingeniería en Telecomunicaciones (sí, soy ingeniera) y desde esa visita de ocho meses no pude dejar de pensar en este país y buscar excusas para volver. 

En 2010 volví para asentarme y empecé a hacer cine allá. Mi experiencia con México y el cine van a la par, considero que, hasta hoy, la mayoría de mi cinematográfica es mexicana.

Allí empecé a hacer cine, allí maduré tanto profesional como personalmente. Y estoy segura de que siempre habrá una conexión estrecha entre mis películas y México. 

NM: Hablemos de La mami, un documental sobre la necesidad de trabajar que tienen algunas mujeres de clases bajas que buscan ganar algo más de dinero en un país donde la mano de obra se paga de manera ridícula y las oportunidades para determinados grupos no existen. Sería muy difícil, porque todas esas mujeres buscan el anonimato, pero ¿realmente se trata de una ficción documental o las actrices son mujeres reales?

LHG: La Mami es una película documental, con personajes reales, a ellas las podrás encontrar cada noche de la Ciudad de México en el cabaré. La mayoría de las secuencias de la película están grabadas en cine directo, aunque estemos tan cerca que parezca ficción. Para que esto sucediera necesitamos hacer un largo trabajo de investigación, de casi tres años. Tenía claro que iba a tener que dedicar tiempo, pero no era consciente de qué tanto.

Sabía que quería hacer una película íntima, cercana, que no folclorizara o supusiera. Una película que no fuera de blancos y negros, sino que respetara los tonos grises de los personajes y sus realidades. 

Empecé muchos meses, incluso años, solo estando, compartiendo conversaciones y conociendo sus dinámicas mucho más. Un trabajo largo de escucha y observación. La exposición de la identidad fue un tema, algunas accedían a participar solo con su voz, otras con voz y de espalda, otras pocas con todo, o sea, mostrando toda su identidad. Pero al final, cuando comenzamos a grabar, la mayoría me fueron diciendo que participaban con todo. Al final todas se sentían parte del proyecto.

Lo que sí tuvimos que cuidar, y en algunas partes recrear, eran las bajadas a la pista de baile, porque los clientes temían mucho más mostrar su identidad.

Fotograma de ‘La mami’. D’A Film Festival.

NM: Estás muy comprometida con asuntos sociales, laborales y especialmente con la situación de la mujer. Los derechos humanos son una preocupación recurrente en tus historias. ¿Qué quieres reivindicar con La mami

LHG: Espero que cada quien encuentre su reivindicación en esta historia, creo que hay muchas y variadas, ya he escuchado varias de la audiencia. Una opinión clara en la película es que cada mujer tiene su propia agencia y poder de decidir lo que hace con su vida, con su cuerpo. Y por eso quise hacer una peli sin juicios claros, atmosférica, transparente, que las mostrara a ellas, no las revictimiza, y respetara su forma de surfear esta vida que les ha tocado vivir. 

NM: El Barba Azul es un mítico cabaré de la Ciudad de México donde las mujeres que trabajan allí bailan y beben con los clientes a cambio de unas fichas que pueden canjear por dinero. Bares de ficheras hay muchos en la capital mexicana. ¿Por qué el Barba Azul? ¿Cómo llegaste a él y cómo lo describirías?  

LHG: La realidad es que en los años 50 hubo un boom de este tipo de cabarés, pero en la actualidad no quedan muchos, quedan como cinco lugares de este tipo abiertos en la ciudad. 

El Barba Azul también tiene mucha simbología escondida, en su atrezo, en su nombre, en su historia. Y en la película es el espacio protagónico y su corazón; el salón de baile es la contraparte masculina de La Mami y las mujeres que ahí trabajan. Es el lugar del bullicio, la salsa, el alcohol y la intensidad. Los tonos son azules e intensos. Ahí es donde las mujeres bailan, compiten, aguantan. Cientos de historias han pasados por el salón del Barba Azul. Amores y desamores, hombres que se convierten en clientes asiduos del lugar, algunos que se hacen acompañar de la misma chica por un tiempo buscando un desahogo o evadir sus problemas cotidianos.

La mayoría de los clientes son hombres por encima de los 50 años, que nacieron en la época del cabaré, les gusta bailar y tener compañía, alguien que les escuche a cambio de dinero.

Fotograma de ‘La mami’. Documenta Madrid.

Al cabaré Barba Azul llegué una noche de celebración con amigos, en enero de 2015, cuando conocí a La Mami. Bailábamos música en vivo con amigos y en una visita al baño, escuché a una chica que ahí trabaja decirle a la señora que cuida los baños: “Mami, él me pidió la mano, no sé qué hacer, estoy muy emocionada…”. La señora le contestó muy serenamente: “Hija, tranquila, ya sabes cómo es, ya te lo ha dicho muchas veces, quédate acá un poquito y ahora bajas…”. Me sorprendió esa relación tan familiar, tan maternal en un lugar tan oscuro para las mujeres. Me quedé un rato observando lo que ahí sucedía y me di cuenta que las chicas no paraban de entrar: “Mami, ¿me puedes colocar el vestido?”, “Mami, necesito un consejo”, “Mami, me tiene harta…”.

En medio de este lugar frenético y hostil para las mujeres, La Mami para mí significaba el abrazo, la alianza femenina, la resistencia. Por eso me atreví a acercarme y a proponerle realizar este documental junto a ella. 

NM: Aunque los tabúes son enormes y lo que antes era un lugar para hombres mayoritariamente y frecuentado por clases sociales medias y bajas, ahora se ha convertido también en una atracción para turistas y clases más acomodadas. En La mami introduces esta situación. ¿Qué opinión tienes al respecto?

LHG: La entrada de estos nuevos personajes, de clases sociales y mundos diferentes, es una forma de girar el espejo. Así entré yo también a este espacio y solo profundizando y escuchando entendí lo que esto causaba. Creo que es la realidad de muchas ciudades del mundo, la gentrificación. Ahora vivo en Barcelona y también hay muchos lugares afectados por esto. Es importante entender las reglas del lugar, los códigos de convivencia, y respetar, en el caso del Barba Azul

NM: Como extranjera, ¿cómo has vivido el proceso de creación en México? ¿Ha sido fácil trabajar allí tratando temas tan complicados y llenos de prejuicios? 

LHG: Durante ocho años de mi vida he vivido en México. Un país que me enganchó, que me ha llenado de historias, perspectiva y experiencias. Allí fue donde con mi cámara en mano presencié los actos más luminosos y esperanzadores de mi vida, pero también los más obscuros. En estos ocho años he trabajado y construido junto con muchas mujeres y colectivos. Si pienso en México lo primero que se me vienen a la mente es la alianza femenina tan importante para mí. Ahí también he presenciado cómo la situación de violencia a las mujeres ha ido aumentando más y más. Por supuesto, me afectó de una forma muy personal y encerrarme de alguna forma en el baño de mujeres del Barba Azul fue una herramienta para sentirme a salvo y entender mejor el mundo que habitaba. Miraba este baño como un submundo que sigue perteneciendo al sistema patriarcal, pero donde surgen rupturas en las dinámicas de competición entre mujeres, grietas que invitan a las alianzas, a hacer familia y a protegernos juntas. 

‘La mami’. Festival de Málaga.

NM: ¿Sobre qué te gustaría hablar ahora? ¿Nos puedes contar algo acerca de tus próximos proyectos?

LHG: En realidad, no tengo nada súper definido aún. Pero estoy trabajando en un proyecto documental con adolescentes junto con dos grandes amigas cineastas, Maider Fernández y Aldemar Matías. Empezando colaboraciones con colegas que me apetece tener cerca. Y estoy empezando a explorar un nuevo proyecto, que está germinándose, pero no puedo contar mucho más, ni yo tengo claro hacia dónde va.

Tenía el año con muchos viajes programados para la difusión de La Mami en festivales, ese era el proyecto principal, pero ahora nada se sabe. 

Fotograma de ‘La mami’. Cine maldito.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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