Cómo ser mujer y no haber pisado la luna

“Voy a ponerla a cuatro patas. Da igual que se queje, que me diga que no le gusta, bien que se lo pasa en grande cuando la tiene dentro”. Sobrecogida. Indefensa. Rabiosa. Así te sientes después de leer algunos de los relatos de Ninguna mujer ha pisado la luna (Kike Parra Veïnat, Relee, 2018). En concreto, cuando te enfrentas al final de El cuarto oscuro, las dos frases que dan comienzo a este párrafo. Porque aunque solo es uno de los ocho magníficos relatos que forman la nueva obra de Kike Parra, es una de las historias más difíciles de digerir: un escándalo de acoso sexual con un fotógrafo que recuerda (demasiado) al actual movimiento #MeToo.

La absoluta normalidad con la que el aspirante del relato ve bien los tocamientos de su ídolo a una modelo durante una sesión de fotos, o los pensamientos cercanos a la violación que dedica a su novia, son especialmente duros para un observador neutral. No es difícil imaginar que para este relato Kike Parra solo ha tenido que estar atento a las informaciones que en los últimos meses se han publicado sobre hombres tan relevantes como Harvey Weinstein o Kevin Spacey. Pero, aunque plenamente consciente de la intención del autor, no deja de ser especialmente incómodo para una mujer enfrentarse a algunas partes del relato.

Ninguna mujer ha pisado la luna

Portada del libro ‘Ninguna mujer ha pisado la luna’, de Kike Parra.

Lo que sí es fácil es empatizar (y sufrir) con la soledad a la que se enfrenta una inmigrante ilegal en el relato que da nombre al libro, Ninguna mujer ha pisado la luna. El desamparo que siente cuando, tras conseguir escapar de su encierro en casa de un matrimonio que la esclaviza y abusa de ella, el hombre que debía ayudarla la vuelve a encerrar. Lo más duro, sin embargo, tiene más que ver con la falta de conclusión que con las conclusiones injustas. Porque ninguno de los relatos de Kike Parra tiene un final cerrado. En algunos de ellos, de hecho, sientes más rabia por los interrogantes que deja en el aire que por el fatídico desenlace que se puede entrever.

El desequilibrio de fuerzas entre los hombres y las mujeres es una constante en las historias de Kike Parra. Aunque no todos los relatos tienen que ver con ese escenario. En No existe Lucy, por ejemplo, un grupo de ‘sin techo’ se lo juegan todo a una carta para intentar conseguir una vivienda digna para ellos y sus hijos. La desesperación del lector crece a medida que lo hace la de sus protagonistas. Y en El búnker un hombre recibe una carta póstuma de su cuñada, de la que aún sigue enamorado, con una increíble revelación.

El naufragio de un crucero, el encargo de una película a un director de cine de la RDA justo antes de la caída del Muro de Berlín, la muerte del intérprete al que dobla un actor de doblaje, y la pérdida de la virginidad de una adolescente en la casa de verano de sus padres completan las ocho historias de Ninguna mujer ha pisado la luna. Menos de 200 páginas que seducen a un ingenuo lector desde el principio, pero que de las que cuesta desconectar entre relato y relato.

Ninguna mujer ha pisado la luna se puede comprar en la editorial Relee.

Fotos: Zak Greant (cc) / Editorial Relee

úsameCreative Commons Nokton Magazine

Comments

comments