Claudia Catalán nos abre ‘La puerta roja’

Claudia Catalán nos presenta La Puerta Roja.
Claudia Catalán nos presenta La Puerta Roja.
Hablamos con Claudia Catalán sobre su primera novela, 'La puerta roja'. Una historia de familia, bondad y amor por la naturalera en la Guerra Civil.

Claudia Catalán nos sorprende con su primera novela, La puerta roja (Grijalbo Narrativa). Una puerta, en apariencia costumbrista que sin embargo, a medida que se va tornando, nos descubre la realidad de una familia en tiempos de guerra y de una latente necesidad de volver a mirar a la naturaleza.

Nokton Magazine: Las reflexiones de Sacra, la niña que protagoniza La Puerta Roja, son constantes y aunque en ninguna se plantea explícitamente los porqués de la guerra, se convierten en un elemento clave para entender la situación. ¿Cómo influye en la narrativa contar un suceso así desde los ojos de la infancia?

Claudia Catalán: Hacerlo desde la mirada de la niña nos permite la inocencia y la pureza que la caracterizan. A pesar del dolor y el miedo de la guerra, ella sigue soñando y jugando, sigue viendo la parte hermosa de la vida, insistiendo en la luz a través de la oscuridad. Además, para una niña o existen los condicionantes adultos, ni las argumentaciones con las que pretendemos justificar ciertas evidencias que para ella son aplastantes. Para ella no hay justificación posible para lo que está ocurriendo, con lo que sus reflexiones carecen de ciertos filtros y nos invitan también a nosotros a reflexionar desde ese lugar más sencillo, más puramente humano.

 

NM: En los últimos meses se han publicado varias novelas de autoras jóvenes en las que los personajes de los abuelos (la abuela Candelaria en este caso) son muy relevantes. ¿Sois una generación que ha vivido de forma diferente esa relación con los abuelos?

CC: Pues no creo que pueda hablar por todo el mundo, pero sí creo que en mi caso mis abuelos fueron figuras fundamentales. Tuve la gran suerte de convivir mucho con ellos, de que hayan estado muy presentes y tanto mi infancia como mi vida entera está plagada de recuerdos con ellos. Pero, sinceramente, no creo que sea algo ni de ahora ni de mi generación lo que caracteriza a la figura de los abuelos. A lo largo de la historia y en muchas culturas ha sido la figura más respetada de la familia, por su sabiduría y por su larga experiencia vital. Lo que sí lamento es cómo ahora tantos acaban sus días en soledad. Si mi generación resulta ser un cambio en algún sentido, espero que sea erradicando eso.

NM: Además la mirada de Sacra nos lleva a explorar los límites de la imaginación, incluso de la fantasía. Es complicado enmarcar la novela entre lo meramente histórico y lo reflexivo. ¿Con qué punto de partida la concebiste?

Novela La Puerta Roja.CC: Lo histórico nunca fue el foco, fue el contexto, el escenario y un elemento más a tratar que está ahí para recordarnos los errores que no hay que repetir del pasado, y por que tiene la virtud de dar pie a muchas otras reflexiones. Reflexiones humanas, de vida, sobre las que sí quería articular los ejes fundamentales de la narración.

NM: La Puerta Roja es una historia de la guerra, desde la equidistancia, pero especialmente es una historia sobre la naturaleza, sobre sus elementos (que poco a poco veremos en los personajes). ¿Cómo se trabaja para dar la misma profundidad a ambas ideas?

CC: Ambas perspectivas nos llevan a tratar los mismos grandes temas. Son, de alguna forma, las dos caras de una misma moneda. El amor es amor a uno mismo, al prójimo, a cada ser viviente, abeja o flor.  El daño que nos hacemos entre nosotros nos destruye; el daño que le hacemos a esa naturaleza que vemos tan lejana también nos destruye, porque, aunque se nos olvide, somos parte de ella. Al final vemos que todo está relacionado y todo forma parte de una gran unidad cuyo equilibrio y bienestar debemos cuidar. El nuestro interno, el de los que nos rodean, el de nuestro mundo. Los valores humanos están en todo y nos lo van mostrando esos personajes que mencionas.

NM: Hay alguna referencia a la ubicación del pueblo en el que se sitúa la obra pero podría ser casi cualquier pueblo español durante la Guerra Civil, ¿han existido muchas puertas rojas?

CC: Estoy convencida de que sí, para bien y para mal. Muchas familias que combatieron el miedo y la miseria como mejor pudieron, muchos niños cuya infancia quedó marcada para siempre, muchas personas alejadas de sus seres queridos sin quererlo, a la fuerza y a veces para siempre. En un extremo de España y en el otro, indistintamente. Pero también estaban tras esas puertas quienes siguieron soñando, amando, ayudando y manteniendo viva la llama de la esperanza frente a cualquier adversidad. Y  esa forma de vida les ha acompañado y se ha contagiado a cuantos se han cruzado en su camino a lo largo de la vida.

NM: La Puerta Roja es un acercamiento incluso a lo místico de la naturaleza, deja un eco en el lector de volver a mirar las flores, las mariposas, (incluso las verduras) con una mirada que parece abandonada hace tiempo…

CC: Desgraciadamente sí, parece abandonada por que se ha dado una gran alienación de la naturaleza en nuestra sociedad. La vemos como algo externo a nosotros, en vez de verla como parte de nosotros, tal y como en realidad es. Pero eso, en muchos casos, está cambiando. Sacra, la pequeña protagonista, con esa sensibilidad tan especial que tiene y ese vínculo con la naturaleza y sus seres, nos recuerda nuestro propio vínculo con la Tierra. Nos recuerda cómo volver a disfrutar de un rayo de sol, una flor o el olor de la primavera. A menudo no necesitamos ni mindfulness ni una escapada a la sierra más cercana (aunque eso sería lo ideal). Podemos, sencillamente, acercarnos al parque, sentarnos en un banco y mirar al cielo. Respirar. Ir al supermercado y comprar con respeto y prudencia, admirando lo que la naturaleza nos da y cuidando de ella con esa toma de consciencia.

NM: Has estudiado estudios literarios y también Interiorismo y decoración. Y compaginas actualmente ambas labores, ¿hay alguna nueva historia ya en la mente de Claudia Catalán?

CC: Escribir La Puerta Roja ha sido toda una experiencia en el arte del “encaje de bolillos”, tratando de llegar a todo y persistiendo en el escribir, aunque a veces solo pudiera ser por las noches. Ahora quiero disfrutar de lo que estoy viviendo con mi primera novela… pero vendrán más, sin duda.