Ganadora del prestigioso Premio Kurt Jooss en 2019 tras una prolífica trayectoria internacional, Chun Zhang (Shanghái, 1988) lidera desde la compañía YIBU una obra atravesada por la resistencia femenina y la libertad artística. Formada en la Academia de Danza de Pekín y la Folkwang de Alemania, la coreógrafa llega al ciclo Canal Baila de los Teatros del Canal con Eclipse. En esta propuesta, despoja al Krabi Krabong tailandés de su violencia original para danzar en las grietas de la vulnerabilidad y la latencia.
Nokton Magazine: El krabi krabong está históricamente vinculado a los guerreros de Siam y a la defensa del país frente a invasiones. ¿Cómo fue el proceso de deconstruir una disciplina enfocada en la lucha para transformarla en una herramienta de ternura, vulnerabilidad y lenguaje contemporáneo?
Chun Zhang: Digamos que era un deporte más que un arte marcial real aplicado al combate o a la guerra. Fue desarrollado por el pueblo, suprimido por la colonización y más tarde reconstruido como una especie de representación real. Hoy en día está integrado en el sistema educativo. Su propia historia ha demostrado una vulnerabilidad y una fuerza increíbles. Como todas las artes marciales, no enseña a luchar, sino a gestionarse a uno mismo y a quienes le rodean. Así que, en el fondo, el proceso creativo fue más bien una traducción: traducir la experiencia humana universal a través de esta práctica de movimiento específica.
NM: ¿Cómo un combate íntimo?
CZ: Al manejar dos «armas» a la vez, uno comprende al instante que la lucha definitiva no es contra el exterior, sino contra el interior y contra uno mismo. Esto resulta evidente en la obra en todo momento. Todas las interacciones y las motivaciones de los movimientos provienen de las propias decisiones. Y todas esas decisiones tienen una respuesta instantánea. Así, a través de estas decisiones y de las concesiones que hay que hacer, nos deconstruimos a nosotros mismos mediante el movimiento y la ternura hacia los demás.
NM: ¿De qué manera simboliza el bastón esa frontera entre la defensa (fuerza/resiliencia) y la apertura hacia el otro (transformación compartida desde el empoderamiento femenino)?
CZ: En la obra no se ve una imagen rígida de los bastones. Si las bailarinas dejan de moverlos o de moverse con ellos, los bastones caerán al suelo o alguien saldrá golpeado: la vitalidad de la pieza se detendrá. Por lo tanto, los bastones no simbolizan nada en sí. El manejo, el bregar constante con ellos, la innegable necesidad, es la encarnación de la fuerza y la transformación. Inevitablemente, los bastones se abstraen hasta convertirse en transiciones y condiciones de movimiento y supervivencia. Y esto está realizado de forma rotundamente bella por los cuerpos de las mujeres. Porque habitualmente no se presta atención a esta faceta de las mujeres, esa faceta que cuida constantemente de los demás y toma decisiones. Que realiza el trabajo pesado.
NM: En Tailandia, las artes marciales van acompañadas a menudo del ritual previo Wai Kru (respeto a los maestros y espiritualidad). ¿Existe en la pieza algún elemento o vestigio ritual inspirado en esta tradición?
CZ: No específicamente el ritual Wai Kru. Pero sí, en general, un sentido del ritual, de respeto por la “Fuerza”, algo superior a la pequeña voluntad o debilidad de uno mismo. Y de rendición. Cuando un ser humano está dispuesto a rendirse ante algo más grande que él. Hay muchos momentos en la obra en los que las bailarinas hacen algo por un bien mayor, para superar las restricciones y salir del camino fácil. Las elecciones instantáneas que toman sus cuerpos, la valentía de los pequeños gestos, de arriesgarse… esos son los rituales.

NM: La obra plantea la pregunta de cómo seguir danzando en momentos de fractura. ¿Nace esta reflexión de alguna vivencia o ruptura personal/artística concreta que necesitases llevar al escenario?
CZ: De mi experiencia con la migración. Nací y me crié en China. Llevo diez años viviendo en Alemania. Mi patrón neurológico, mis hábitos alimenticios, mi sentido del tiempo, de la luz, de la orientación, la diferente presión atmosférica y el clima… todo ha cambiado. Pero bailar, coreografiar y crear han permanecido y se han desarrollado. Han continuado. Algo ha permanecido. No sabría decir exactamente qué es ese “algo”. Así que solo puedo seguir creando para averiguarlo. En esta pieza es aún más evidente, ya que entrené y dominé la técnica de la danza de espadas china (muy similar al Krabi Krabong) hace 20 años durante mi formación en danza china. Sin embargo, el porqué y el cómo hago arte han cambiado drásticamente. La obra en sí es eso: yo bailando en medio de estas rupturas, intentando encontrar el equilibrio y la comprensión. O me sirve para olvidar mi pasado, dar una conclusión a la antigua técnica y abrirme a una expresión libre completamente nueva.
NM: Incorporas elementos de la medicina tradicional china, el Qigong y la meditación. ¿Cómo influyen estas prácticas somáticas en la gestión de la energía y en la presencia del cuerpo en escena?
CZ: No las practicamos directamente en los ensayos, pero dado que forman parte de mi bagaje somático, todo lo que hago está influenciado por ellas. Lo cambian todo. Desde la respiración hasta el cambio de peso e incluso la decisión sobre una transición de iluminación. Modifican cómo los cuerpos en el escenario gestionan y perciben el tiempo, así como la forma en que lo perciben los cuerpos que los están observando. La sensación se vuelve más profunda y perdura por más tiempo.
NM: Te formaste en la Folkwang de Alemania, cuna del Tanztheater, y partes de la danza clásica y folclórica china. ¿De qué manera conviven la expresividad dramática alemana y la estética oriental en la identidad y evolución de tu compañía, YIBU?
CZ: Al final, la dirección que me hace sentir más plena y libre consiste en alejar el foco del estilo y la técnica para orientarlo hacia una expresión única, la honestidad y la sensibilidad en la búsqueda artística. Las prácticas somáticas asiáticas siguen influyendo en mi inteligencia corporal para acercarme a mi verdadera naturaleza, ayudándome a encontrar valores fundamentales. La fusión ocurre en las obras de YIBU no a nivel estilístico, sino partiendo de un plano filosófico u ontológico para culminar en el nivel más pequeño: el del movimiento.
NM: Empezaste a girar internacionalmente con solo 15 años. Habiendo vivido y trabajado en Asia y Europa, ¿dónde sientes que reside tu “hogar artístico”?
CZ: Quizá mi hogar artístico sea siempre aquel lugar o aquellas personas que aprecian mis valores y mi trabajo y resuenan con ellos. Tengo la gran suerte de poder llamar hogar artístico a tantos lugares y a tantos corazones…
NM: Cuando termine la función y las luces se apaguen tras estos dos días en Madrid, ¿con qué sensación o pregunta física te gustaría que el espectador saliera a la calle?
CZ: Un poco calado hasta los huesos, con la piel de gallina y una experiencia interior a la que no haya llegado nunca antes. Con sinceridad sobre el propio pasado y la cara oculta de uno mismo. ¿Quién decide tu siguiente paso? ¿Realmente tienes elección?
