Cerocoma: Dama de la guadaña

El proyecto de Cerocoma surge de una realidad: que las nuevas generaciones cada vez dedican menos tiempo a la lectura. Y cuando lo hacen es en formatos de consumo rápido. Por eso se han planteado fomentar la lectura adaptándola a estas nuevas formas de consumo a través de historias cortas que puedes leer mientras se enfría el café, esperas al autobús o estás sentado en el lavabo. Así que aquí también podréis acceder a esos relatos. Hoy nos proponen: Dame la guadaña. Además cada relato irá acompañado de una ilustración. En este caso creada por @holagrafiki

Dama de la guadaña

Desde fuera de la consulta todo parecía transcurrir con normalidad. Como si de un día más se tratara. La puerta caoba seguía impoluta y en ella, una placa plateada rezaba “Psicóloga Vergara”. Sin embargo, dentro se libraba la sesión más extraña jamás realizada entre aquellas cuatro paredes.

Con la capucha quitada y cubriéndose la cara con las manos, la muerte lloraba tumbada sobre el diván. Su guadaña reposaba dentro del paragüero. 

—No puedo seguir así… —empezó a decir la parca entre sollozos—. Estoy cansada de llevarme a gente buena, de causar dolor, de acabar con todo lo que toco. 

—Está bien ¿Por qué no te propones ayudar a alguien esta semana? Quizás poco a poco puedas ir devolviendo todo ese daño —le respondió la psicóloga. 

—Ayudar a alguien…¡Me gusta! —respondió la muerte. 

Salió de la consulta con otra actitud. Con un brillo diferente en las cuencas de los ojos. Como llena de vida ante la mirada atónita de los otros pacientes que estaban en la sala de espera  y que al verla cruzar la puerta se taparon la cara con la revista más cercana. 

Dispuesta a contradecir su propio instinto, decidió no cobrarse la vida de nadie durante esa semana. Tratando de darle la vuelta a la tortilla y acabar con ese problema que no le dejaba vivir, se propuso invertir su modus operandi. Acostumbrada a quitar vidas, ahora iba a devolverlas. 

Sin perder ni un minuto, revisó en su ordenador el listado de sus últimas ejecuciones, puesto que el clásico pergamino con todas las víctimas llevaba años en desuso. No le costó encontrar una muerte que le resultó especialmente dolorosa.

Se trataba de dos buenos amigos de la infancia que no tuvieron la posibilidad de despedirse.  Los gritos de Miguel al conocer la noticia todavía retumbaban en los oídos de la muerte. Sacudió su cabeza intentando borrar ese momento de su mente y se alegró al saber que aquello ahora tenía arreglo. 

Decidió devolver a la vida durante un rato a Alfonso. De ese modo, ambos amigos podrían mantener una conversación y decirse todo lo que en vida no se dijeron. Pasados treinta minutos deberían despedirse, pero esta vez sin nada en la chistera que los atormentara. 

Con el plan urdido a la perfección y la mejor de las intenciones, la parca no solo revivió a Alfonso sino que también se encargó de que su aspecto estuviera a la altura de las circunstancias. 

Miguel entró en su casa después de un duro día de trabajo y allí estaba esperándolo su amigo Alfonso vestido con sus mejores galas y con una sonrisa que le ocupaba la cara entera. 

—¡Qué orgullosa estoy de ti! —empezó a decirle la psicóloga—. Pero no te detengas, sigue contándome. ¿Cómo reaccionó Miguel?

—Entró y al ver a su amigo, llevándose una mano al pecho, cayó al suelo fulminado —explicó la muerte con grandes lágrimas que surcaban su calavera—. He intentado cambiar. Te juro que lo he intentando.

Firma: @cerocoma_  

Ilustración: @holagrafiki

 

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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