Encuentra en lo que amas tu sitio: Paul Walker

 

No era un gigante en la Tierra como The Rock. No tenía el efímero atractivo de las jóvenes estrellas. Había aprendido que no sería un nuevo Keanu Reeeves, pero no le importaba. No era pretencioso (y si lo fue en su juventud, caminar por el mundo le devolvió enseguida los pies a la tierra). Modélico en sus intervenciones con la prensa, sobresalía ante un buen reparto cuando tenía la oportunidad. Era un actor de la antigua usanza, de los que no buscaban arte donde sólo había una profesión más, como la tuya o la mía. Un tipo normal que trabajaba para conseguir un papel y llevar suficientes filetes a la casa. Con eso le bastaba.

Eso sí, pecó de guapo. Supongo que no fue culpa suya. Pero nunca fue especial. Comprendió esa (dolorosa) certeza con rapidez y la afrontó con suficiente carácter. Hay que echarle huevos, pensó.

Trabajó con Eastwood, pero no será recordado por Banderas de nuestros Padres, ni tampoco por Pleasantville o Takers. No. Paul Walker siempre será Brian O´Connor.

“Conduce o muere” era el lema de A todo Gas.

Ups.

Desgraciadamente, el año que viene Fast & Furious 7 se va ver envuelta en un morbo estúpido e irreversible, similar a lo que le pasó a Heath Ledger en “El Caballero Oscuro”. Su papel de Brian O´Connor en la (no siempre valorada) saga describe bastante su trayectoria: protagonista en las dos primeras, desaparición del mapa cinematográfico en la tercera (rechazo de ofertas, productos de dudosa calidad durante la década del 2000) y vuelta al ruedo como mano derecha de Vin Diesel, aceptando su papel y sitio como secundario de lujo.

“Todo ha cambiado”, susurraba un Brian O´Conner diez años más viejo, más cascado. “Ahora importan otras cosas”

Conforme se fue haciendo más viejo (todo lo viejo que se puede ser con 40 años) decidió que lo más importante era su familia. Que produjera e interpretara Hours fue su peculiar carta de despedida: un hombre pierde a su mujer tras dar ésta a luz en la ciudad de Nueva Orleans, la misma noche que el Huracán Katrina golpea la ciudad. Paul Walker debe mantener conectada la cámara donde reposa su hija mientras el mundo (y el sistema) a su alrededor deja de cobrar sentido.

Por otro lado, el recorrido de Paul Walker en la cuarta, quinta y sexta película de A todo Gas puede ahora entenderse como un viaje de autoafirmación: tras muchas dudas, disparos y persecuciones Brian O´Connor decide abandonar su puesto de policía en busca de un nuevo comienzo con su familia (y de nuevo, con una hija recién nacida; ¿simple casualidad? ¿mensaje cómplice a su hija de quince años que se acaba de quedar huérfana?).

De alguna manera podemos decir que su propia vida estaba tejida en estas películas. Mensajes sencillos, cargados de honestidad: protege y cuida a tu familia, sé modesto (dentro de lo que cabe) con tus ambiciones personales. Alcanza el mayor de los orgullos que un tipo normal puede aspirar: encuentra en lo que amas tu sitio. Porque al final, en esa extinción absoluta y devastadora de la realidad que es la muerte (opaca, terminal, definitoria) todo lo que amas es lo único que importa.

Lo único que te va a recordar.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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