Mi canal, mi ritmo, mi flow: visita al The Shard Silent Disco

[Hoy ponemos el foco en las últimas experiencias culturales que combinan arquitectura y música. Nuestro corresponsal en Londres, José Manuel Sala, vuelve tras un largo silencio para hablarnos de la Silent Disco que se celebra en el edificio The Shard de Londres. Con su relato reflexionamos sobre estos nuevos espacios de ocio.]

Milo nos deja en la puerta este de la estación de London Bridge a las diez de la noche. A los gorilas del Hotel Sangri -La (situado entre las plantas 39 y 52 del Shard) no le gusta ver a los Uber cerca de la Torre, nos explica.

Accedemos por las escaleras mecánicas de la izquierda, hasta encontrarnos con algo parecido con un sistema de acceso a una terminal de aeropuerto (no por nada el 95% del edificio pertenece al estado de Qatar).

Premio. Ya hay una cola de curiosos esperando entrar en la penúltima atracción turística de Londres: The Shard Silent Disco.

Bienvenidos al Londres del mañana. Bienvenidos a la fiesta.

Tras el registro fotográfico y control de pasaporte, el guardia de seguridad nos deja pasar al control de metales. Es entonces cuando el olor a desagüe se desvanece un poco (The Shard, el edificio más alto de Europa, dispone de un sistema de bombeo de agua tan potente que sería capaz de sostener una depuradora de agua).

El ascensor de cristal avanza a siete metros por segundo hacia el cielo, lo cual afecta los oídos de algún que otro pasajero. Llegados a la planta 33 cambiamos a otro ascensor, siguiendo un delgado pasillo cubierto por luces de neón. Y así, planta 68. Es entonces cuando llegamos a una recepción donde nos esperan los auriculares inalámbricos.

Verde (hip hop, rap, música latina), rojo (clásicos para pasarlo bien), azul (electrónica de ayer y hoy) Escoja el canal. Disfrute de la fiesta, nos susurran los DJs al oído.

Desde la cima más alta de Europa la sensación de vértigo sólo es superada por la incredulidad. Cuando subimos a la azotea al aire libre (cubierta de césped) distinguimos un guardia de seguridad cada cinco metros. Pese a su aspecto amenazador nos animan a que tomemos fotos y compartamos con hashtag #SilentDiscoTheShard nuestra experiencia.

Pero aunque las vistas están muy bien, aquí la gente ha venido a pasárselo bien. Hay dos fiestas de cumpleaños celebrándose esta noche en The Shard, y una buena multitud de solteros comprobando actualizaciones en Tinder.

De vez en cuando los DJs echan una mano a los más despistados que persiguen chicas guapas bailando Criminal de Natti Natasha: “¡Chicos, pasaos al rojo right now! ¡Es tiempo de sintonizar con gente de vuestro color!”

Hay hermosos momentos de sincronía colectiva. Véase Let it Go de Frozen (canal rojo). Gargantas dejándose la voz cantando de memoria canciones de Disney. O cuando suena una famosa canción de Los del Río pero la mitad de la sala está con otra canción. Sensación de deja vu. Volvemos a 1991 y Loren Carpenter experimentando con participantes del Pong. Consenso nostálgico como única forma de permanecer unidos.

Pero pasada la excitación, la mayoría comprenden que el mejor compañero de baile es su propio reflejo. Esos 50.000 cristales (que forman lo que el ex alcalde Boris Johnson llamó “la prueba fehaciente de que la recesión económica ha terminado”) seducen demasiado. Ningún ser humano puede compararse con esta panorámica. Mi canal, mi reflejo, mi ritmo. Mi flow.

Todo es limpio y ordenado en la Silent Disco. Solo a veces, cuando uno se quita el casco, parece estar viendo un triste ejército cuyos soldados marchan solos, aunque estén pegados los unos con los otros.

Otras veces vemos sombras sin casco. Se trata del eficiente servicio de limpieza de la Torre.

Da qué pensar de dónde viene toda esta gente: ¿fueron sus casas del este de Londres usadas para la construcción de la Torre? (porque sabían que The Shard se construyó en un 95% con materiales reciclables de antiguas viviendas, ¿verdad?).

La música no da tregua. Y si no te gusta cómo suena esto, cambia de canal.

Quitando los huéspedes del Sangri-La, se cree que nadie más duerme en el edificio más alto de Europa. La mayoría de los pisos del Shard pertenecen a fondos de inversiones chinos, que se intercambian apartamentos mientras el precio de la vivienda de la zona sube como la espuma. Un espectacular esqueleto vacío, y no será el último (para 2026 se esperan quince rascacielos más en la zona 1 y 2 de Londres).

Jugando a la teoría de la conspiración, los chinos podrían haber conservado algo del espíritu Maoísta y (en secreto) están intentando destruir el capitalismo occidental con sus mismas armas. Me explico: el centro de Londres será una ciudad vacía, transformada en lugar de inversión para personas que jamás tocarán suelo inglés. La ciudad se mantendrá tan sólo como parque de atracciones para turistas y la (escasa) clase media. Un parque de ocio hipermodernizado, limpio, supervisado e individualizado al gusto del consumidor.

Son las dos de la madrugada. La voz del DJ suena en nuestros canales de forma robótica.

“Equipo Verde, empiecen a marchar hacia la salida”.

Ordenados por los colores de nuestros cascos, hacemos cola para el ascensor e iniciamos el vertiginoso descenso hacia la realidad.

Fotos: José Manuel Sala

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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