Una luz en medio de la desesperanza porque ‘Siempre es de noche en Pyongyang’

Leemos 'Siempre es de noche en Pyongyang'.
Leemos 'Siempre es de noche en Pyongyang'.

El frío de otoño deshoja las ramas vestidas de lluvia, en mitad de un paisaje que desnuda los ojos, que desordena la solidez de los sueños, que nos mantiene en la cuerda floja de las posibilidades. Así descubro Siempre es de noche en Pyongyang, de la poeta Montse Ordoñez, un poemario que Huso ha editado con la valentía que desafía los tiempos. Como una luz en medio de la desesperanza, como una trompeta en la almena entonando la voz de alarma, así llega Siempre es de noche en Pyongyang.

La noche camina y se afianza en la ternura de unos versos que cruzan horizontes que son prisa, clemencia, desasosiego, viajes, recuerdos y sobre todo lealtad en el camino que trazan. Montse Ordoñez tiene la sensibilidad de destilar paisajes en el viento del camino, a través de un bosque de versos que son acordes de verdades, trincheras de desasosiego, que perfilan el olvido como un ahogo sordo que desequilibra los adentros.

Portada 'Siempre es de noche en Pyongyang'.

Llueve en cada poema, lluvia necesaria para convertir fértil el camino de amaneceres y agua, primavera cicatrizando los inviernos que fueron noches desveladas. Siempre es de novhe en Pyongyang es un canto a los sentidos, los que anidan desde el cordón umbilical del ser humano y se aferran a la vida,  la que bebemos en sus páginas;  a veces son heridas, otras  oasis venciendo  al desierto que los desnudó, y otras olas bendiciendo todas las orillas.

Un poemario en el que intuimos lo más importante del recorrido, la inquietud de saberse vivo, sin apariencias, sin prejuicios, desvelando a veces una sutil cara salvaje para acometer la tormenta de los sentimientos, que brotan libres y certeros, manteniendo la tensión de las noches inclementes.

“A pesar de las carencias

y de las inclemencias propias de este tiempo

mantengo el equilibrio de mi cuerda

 

A mi alrededor

bordea la claridad de tu tarde

el movimiento de la manilla del reloj

sondea el espacio

y lo inunda

con sonidos de otro tiempo”

Los títulos de los poemas que vamos a encontrar en este libro ya destilan el sabor de lo que vamos a descubrir en sus versos, reflejos de una vida como pueden ser “Misericordia”, “El mar de los adentros” “Camino” “Búsqueda” “Asustar al miedo” “Lo callado” “Vértice”, etc., y así una se adentra en un océano de sentidos que atrapan, que seducen y envuelven como una caricia en mitad de un desvelo, como un susurro en la inquietud de un desasosiego.

Montse Ordoñez nos abre los ojos, nos anuda a los hilos de sus versos, que tejen en el silencio del sentir, todas las verdades que calla y dicta el alma. La claridad de una poesía que es templada, lágrimas que sanan, hojas de un viento que nos lleva a la claridad de un bosque que muda sus colores en las estaciones del tiempo.

“Cuando todo esto pase

y seamos otros

saldremos a poner el caracol en su camino

buscaremos el resguardo de los árboles

apreciaremos lo más mínimo de sus ramas

buscaremos la sonrisa y la niñez

aprenderemos que lo poco

es lo que nos lleva siempre

daremos virtud al silencio

y para entonces

si el amor se ha ido

sé pájaro en desbandada

y vuela”

He acortado los versos de este poema final, un fin apoteósico con el que cerramos las páginas de un poemario que se anuda a la piel y nos deja su sutil aroma como recuerdo. En mis ojos el silencio con el que los versos hablan ha derramado su magia y regresan una y otra vez como un mantra de calma.

Cuando leemos este poemario, en él a la noche le espera el alba, la desviste de su aciaga oscuridad la sombra imponente de la esperanza y nos deja una misiva hermosísima y palmaria: ser pájaros en desbandada y volar. Siempre es de noche en Pyongyang, es en el horizonte de la oscuridad, un canto a los sentidos.

Texto de: Almudena Ojosnegros

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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