Sara Sefchovich vuelve con ‘Demasiado odio’

Demasiado odio, de Sara Sefchovich.
Demasiado odio, de Sara Sefchovich.

Demasiado odio. 30 años después de Demasiado amor, vuelve Beatriz, su protagonista, para contar una historia desgarradora sobre el mundo que se nos ha caído encima. Un libro recién publicado por Huso Editorial. Silvia Monterrubio nos habla sobre este viaje vertiginoso por encontrar algo de sentido en el epicentro del caos.

Demasiado odio era un texto pendiente, una historia que pedía a gritos ver la luz. Necesaria por actual y por la manera en que está escrita. Hiriente. Demoledora. Con dos protagonistas, Beatriz y Poncho, que caminarán por nuestras entrañas arañando emociones, sin miramientos, y en ningún caso nos dejarán indiferentes.

«México no es para ti, México ya no es para nadie. Por favor piénsalo bien, por favor ¡no se te ocurra venir!»

El ser humano tiene cierta tendencia a justificar todo, a buscar respuestas, siente necesidad de averiguar el porqué de las cosas. No vacilamos ni un segundo a la hora de echar balones fuera o responsabilizar a otros de alguno de nuestros actos, pensamientos e incluso sentimientos, sobre todo si se trata de acciones o deseos injustificables. Rozando en ocasiones la hipocresía o, tal vez, la cobardía. Y cuando nada de eso funciona recurrimos a Dios, al destino, al universo, al Karma, cualquier cosa para poder, al menos, justificar —que no entender— aquello que hacemos y que, en algún momento de sensatez, reconocemos que no deberíamos haber obrado así. En definitiva, queremos poder aceptar y perdonarnos por cómo somos o  en lo que seremos capaces de convertimos.

«Sus palabras me hirieron me lastimaron me dolieron. Y mucho. Porque lo he querido y lo he cuidado tanto, que no merezco esa crueldad, ni merezco que nuestra historia pueda resumirse de manera tan banal y que en ella no exista el menor indicio de que él también me quería […]»

Pero ¿qué ocurre cuando  miramos hacia adentro y aceptamos aquello que nos hace elegir ser repudiables, incomprensibles e incomprendidos, rechazables y rechazados? ¿Qué ocurre si uno admite que el mal forma parte de nuestro ser, que vive en nosotros y convive con la bondad, la generosidad, el amor, y se decanta por ello? Cuando alguien decide, no solo aceptar la crueldad y maldad que lo habita, sino que voluntariamente esa persona opta por abrir de par en par la puerta tras la que permanece en silencio todo lo oscuro de nuestra vida, de la vida de cualquiera.

«[…] conoció a un estudiante de química que le enseñó modos de envenenar el aire y el agua. Fue esa persona quien consiguió el gas que iba en las bolsas de plástico que pusimos debajo de los asientos del metro […]»

Pues ocurre, entre otras muchas cosas, que nace una historia —como he mencionado anteriormente— digna de ser narrada y leída. Predestinada  a ser contada con sangre fría y palabras gélidas, sobre cómo algunas personas, demasiadas, se alimentan del odio, de la muerte, de las injusticias y, sobre todo, de la bondad e inocencia de otras personas. Demasiado odio, título que ya deja intuir que su lectura va a ser intensa. Una novela que ha sido publicada, con total acierto,  por Huso Editorial.

«Acabo de acordarme de que tengo un hijo. Fue con una muchacha a la que llevé a casa de mi abuela  y a la que preñé en contra de su voluntad. Y no solo eso, sino que se lo quité en cuanto nació, para castigarla por rejega, y porque no era cosa de que perdiera el tiempo cuidándolo en lugar de ocuparse de los quehaceres».

Un texto que nos arrastra, literalmente, por senderos construidos en base a las miserias humanas. Con una protagonista, Beatriz, que irá mostrando su propia historia, su particular lucha por sobrevivir, por comprender, por aceptar, por asumir… Curioso resulta, en ocasiones, la percepción que tiene Beatriz de todo ello. Totalmente vendida a cualquiera por una migaja de afecto. Una huída constante de la pavorosa soledad a cualquier precio. Nos irá mostrando diferentes recorridos a lo largo de su existencia, sus relaciones, en ocasiones marcadas por la violencia, la humillación, el desapego, pero a las que Beatriz se encadena con total dependencia.

«Me despertó un golpe brutal en plena cara […] los golpes siguieron en la cabeza en el estómago en el pecho […] Una noche mientras dormía, el muchacho se subió encima de mí y sin más trámite me violó. Y antes de que pudiera yo siquiera chistar habló: en esta casa mando yo […] y por eso ahorita se lo estoy haciendo saber.

Y así fue, me lo hizo saber y lo supe».  

Demasiado odio es una novela dura, descarnada, sin aditivos ni condimentos que den un respiro al lector. Sin un atisbo de esperanza. A medida que avanzas por sus capítulos, uno tiene que hacer el ejercicio previo de ser consciente de que lo que tienes entre manos es una novela, que se trata de ficción, pero es imposible lograrlo. Esto es así porque, Demasiado odio, nos sumerge de lleno, no solo en el mundo del terrorismo, del narcotráfico, las violaciones, el maltrato, la vejación, la violencia en todas sus formas, sino que también deja expuesto a la luz el consentimiento por parte de quienes anhelan      alcanzar un mayor bienestar material y económico. La comodidad de vivir sin que nada les falte y sin tener que esforzarse para conseguirlo, aunque para ello tengan que mirar hacia otro lado y traicionar, incluso, sus propios principios o arriesgar la vida de sus propios familiares.

«[…] yo me doy cuenta de que anda metido en cosas feas.                                                                                         ¿Y qué vas a hacer? le pregunté.                                                                                                                    No meterme, me contestó […] ¿para qué quiero que mi muchacho cambie si yo obtengo cosas buenas con sus acciones aunque ellas le causen sufrimiento a otros?»

 Temas actuales, pasados a papel, que nos llegan y sacuden constantemente, a los que lamentablemente parece que nos estamos acostumbrando y cada vez nos sorprenden menos, pero que al recorrer cada capítulo de Demasiado odio, su autora, con ese lenguaje directo y sin tapujos, describiendo acciones brutales, sin adornos, consigue remover nuestras conciencias.

Sara Sefchovich, recrea, de alguna manera, y a modo de ficción, esa realidad latente y extendida en casi todos los países del mundo. A través de Beatriz, su protagonista femenina, y el Poncho, pieza clave en la vida e historia de ésta, nos mostrarán las dos caras de una misma moneda. Con México como punto de partida y recorriendo diferentes continentes, ambos intentarán encontrar, y darle, sentido a sus vidas. Una verdadera lucha entre ellos y con ellos mismos.

«Y allí me quedé porque esas fueron sus órdenes. Y porque la verdad no tenía a dónde ir ni con quién ir ni para qué ir. Empezó entonces mi vida en Apatzingán, Apatzingán de la Constitución Michoacán de Ocampo México».

Acceder a esa parte oscura, desnaturalizada, y a veces inhumana de nuestro propio Yo. Darle alas y sentir que todo ello le da sentido a tu vida. Disfrutar del dolor ajeno. Empoderarte gracias al terror en los ojos de tus víctimas. No sentir el más mínimo remordimiento al observar los cuerpos desmembrados, envueltos en llamas o golpeados, de inocentes. La extorsión y manipulación. Todo ello se refleja a lo largo de los cincuenta capítulos de esta gran obra.

«Entonces dejamos las mochilas en el sitio indicado y nos fuimos. Un rato después todo era caos: ambulancias patrullas imágenes en televisión […] esa tarde Poncho desapareció. Yo revisé bien que no quedara ningún clavo o circuito eléctrico olvidado por allí, y luego me salí a la calle, a ponerle flores y veladoras a las víctimas como estaban haciendo otros».

Sin embargo su protagonista, Beatriz, procura mantener durante casi todo el recorrido por esta historia,  una actitud positiva de búsqueda ante el amor. Intentará no desprenderse y soltarse de algunos principios básicos que la sostengan como buen ser humano, agarrarse fuerte a unos valores, los cuales verá cómo se irán desvaneciendo. Y es que resulta tremendamente complicado no acabar visitando el infierno cuando llevas al diablo como compañero de viaje. Y así, de esta manera, la vida de Beatriz descarrilará en numerosas ocasiones, intentando volver a tomar las riendas de un destino que parece marcado e irremediable, pero que en realidad no lo es tanto, y asistiendo a un final que ella misma decide.

 

 

Texto de: Silvia Monterrubio

úsameCreative Commons Nokton Magazine