¿Recuerdas al monstruo? ¿Recuerdas a Dexter?

Es el adiós definitivo de uno de los 'serial killers' más populares. ¿Han ganado los sentimientos?

 

Si algo ha conseguido la televisión durante los últimos años es que amemos a los malos. Mafiosos, traficantes de drogas, empresarios sin escrúpulos y asesinos en serie. Antihéroes con nobles principios, criminales que adoran a su familia… da igual, es el momento de una de las grandes despedidas. Decimos adiós al ‘serial killer’ que todos hemos querido ser, porque matar a los malos ha tenido mucho sentido durante ocho temporadas. A partir de aquí todo spoilers.

Anoche vimos por última vez (en directo) una de las grandes cabeceras de la historia de la televisión y fuimos conscientes de lo duro que debe ser ser hematofóbico; nos gusta la sangre. Una sangre que durante esta octava temporada no ha producido tantas manchas porque poco a poco, sin entrar en la polémica de como algunas temporadas han avanzado y aportado más bien poco, los protagonistas han querido ser los sentimientos.

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La serie se ha cerrado con un capítulo polémico al gusto de muy pocos. Un final inesperado, el oscuro pasajero sigue ahí, nos ha pestañeado para despedirse, pero ya no hay código ni familia. Desde el primer momento, allá en 2006, hemos seguido las andanzas de un asesino que ha ido aprendiendo de sus propios sentimientos y generando una dualidad difícil de llevar a cabo; necesitar matar y necesitar amar. Hannah es el principio de su final, y la que ha encabezado la mejor trama de la temporada a manos de su perscución por Elway y los Marshalls. Temporada que se salda con un futurible Dexter, Zach, que no fue. Un asesino en serie que ha dado muchas vueltas para acabar muriendo en manos del protagonista, y la incursión de un nuevo personaje extraño, no muy definido y ciertamente maleable (influido por la extraña interpretación de Charlotte Rampling), Evelyn Vogel . Ha sido una temporada con menos muertes, menos investigación policial y mucho vaivén de emociones para el protagonista. Unas emociones que no aportan demasiado al espectador gustoso de verle buscar asesinos y cuadrar su vida para acabar con ellos. Y es que cuando ha llegado el último malo de verdad (Daniel Vogel) de esos a los que Dexter solía forrar en plástico todo se ha complicado. Íbamos a verle morir, lo sabíamos, sólo podía cambiar el número de gente que él se llevaría primero por delante, y  ha obtenido buenos datos…

Algo se ha mantenido desde el primer capítulo, la importancia de Debra en su vida, obviando aquellos momentos en los que pretendían hacernos creer que estaba enamorada de su hermano, Debra era la cabeza cabal y por momentos ha vuelto a serlo, aunque se haya saltado su propio código matando, escondiendo a una fugitiva… Su evolución es menor a lo largo de los años y con ello mucho más realista (no hacían falta los flashback del nacimiento de Harrison). Aquí es donde se vuelca la trama, ella que sólo en los últimos meses ha hecho cosas de las que no se siente orgullosa y que parecía encaminarse a un final feliz con Quinn es quien paga las consecuencias.

El final deja el tablero descuadrado. Hannah y Harrison en Buenos Aires, la policía de Miami con un asesino detenido (pero muerto), y Debra bajo el mar. Especialmente maravillosa y tétrica la escena de Dexter llevando en sus brazos el cadáver de Debra envuelta en telas blancas. La temporada ha mejorado las anteriores pero no ha alcanzado las primeras, ni siquiera yendo sobre seguro e incluyendo como factor clave esa canción… Make Your Own Kind of Music. Un adiós en doce episodios entre los que destaca Monkey in a box con una dirección impecable y varias escenas para el recuerdo como ese brindis de despedida en el Papa´s; una escena de obligada presencia en cualquier final de temporada que cobra un tinte sabrosamente oscuro en esta serie. Y un gran dato que siempre ha estado presente, la policía metropolitana de Miami sólo resuelve el 20% de los asesinatos…

Así llega el adiós a aquel carnicero de la bahía que ha mutado en leñador. Que ha dejado por el camino sus cuchillos y sus principios, su cara de felicidad cada vez que atravesaba el cuerpo de otro asesino, su hijo, su novia, sus compañeros… Sólo queda el recuerdo de ese analista de sangre, tímido y desubicado llamado Dexter Morgan.

 

Foto: Showtime