Pablo Arribas: “La palabra clave no es ‘adiós’, sino ‘gracias’”

El "buscador de ideas" Pablo Arribas es un viajero incansable
El "buscador de ideas" Pablo Arribas es un viajero incansable

Tres años, dos vueltas al mundo y una filosofía de vida vertebran la bitácora que el divulgador Pablo Arribas (Madrid, 1986) comparte en Vive de forma que te duela marcharte (Plaza-Janés, 2021), experiencia que han respirado tramo a tramo sus miles de seguidores en Instagram y con la que este verano ha recorrido en furgoneta la geografía española. En enero parte hacia el Sureste asiático. Hay nuevo proyecto del que todavía no se puede contar, pero dejemos para mañana lo que el mañana aún no ha ofrecido. Cuando el interlocutor es un experto viajero, un horizonte se expande y vira nuestra manera de mirar.

Nokton Magazine: ¿Con Vive de forma que te duela marcharte has experimentado un fin de etapa?

Pablo Arribas: Sin pretenderlo ha sido así. Cuando empecé a viajar buscando historias nuevas para escribir el libro no sabía lo que me iban a deparar esos viajes. Y resultó ser un viaje del yo interior hacia fuera. El último capítulo, que se llama “No retirar la mirada”, es una propuesta y me deja a las puertas precisamente de lo que ahora va a venir en el camino que inicio: Vivir para la gente, vivir para ayudar.

NM: David Le Breton decía que “Caminar es a menudo un rodeo para encontrarse con uno mismo”. ¿El vacío es la señal inequívoca de que hay que salir a por nuevas respuestas?

PA: Más que como escritor me defino como “buscador de ideas”. Ellas han sido siempre mi motor. ¿Qué ideas busco? Aquellas que me acercan a la paz, a la conexión y al amor. Solo cuando me siento completo siento que hay algo que pueda compartir con los demás. Tiene un punto de ponerme en primera línea del aprendizaje. Los mensajes que comparto son aquellos que me han servido. Cuando los he validado y veo que son armónicos, sé que si a mí me han ayudado pueden ayudar a otros.

NM: ¿Desde niño dabas el perfil de Indiana Jones?

PA: Desde pequeño. Si le pregunto a mi madre dirá que la primera palabra que dije fue “mamá”, pero si reflexiono estoy seguro de que la primera palabra fue “por qué”. Siempre he necesitado crear un pensamiento propio que conectase las ideas y que me hiciera sentir que las cosas en las que creo me pertenecen. Solo llega cuando encuentras las respuestas por ti mismo, más allá de que estas puedan ser verdad o no. Nos movemos en un mundo donde no hay seguridades, en el que son paradigmas los que nos mantienen en pie. Y funcionan o no funcionan.

NM: Utilizaste la frase Vive de forma que te duela marcharte en una publicación de Instagram en 2014, pero el despegue del libro fue a partir de un post en marzo de 2015. ¿Qué significado tiene?  

PA: Es una de las expresiones que más han evolucionado conmigo. La primera vez que la utilicé era una apelación a una vida en la intensidad: Haz muchas cosas, crea un álbum de cromos increíble para cuando mires atrás. Con el tiempo me di cuenta de que no se trataba de eso, que era más complejo. Era una conexión entre la alegría y el dolor. Es decir, como afirma C.S. Lewis en Tierras de penumbra:El dolor de ahora es parte de la felicidad de entonces”. Eso aventuró en mi camino dejar de buscar solo la intensidad y la alegría y empezar a abrazar la vida entera, una vida más auténtica.

NM: Para abrazarla nos recomiendas vivir solo con billete de ida. 

PA: No podemos controlar la vuelta. Siempre defino aventura a esa predisposición a que el final sea diferente al que esperamos. Es una llamada a dejar de controlar, a lanzarnos, a conectar con el entorno y estar abiertos a que lo nuevo entre en nosotros. Lo que muchas veces se llama subir es lo que nos permite posarnos siempre en el lugar que nos corresponde, con solo los dolores necesarios de la vida, emociones que nos originamos muchas veces nosotros mismos por no aceptar nuestra realidad.

NM: Las vueltas, si no son elegidas, saben a fracaso, pero tú invitas al lector a volver desde otra ubicación.

PA: El viaje verdadero es un viaje hacia la valentía. La actitud valiente es de las pocas cosas que en nuestra vida dependen de nosotros. Nuestra misión es intentar lo que nos proponemos. Que lo consigamos o no responde a muchas más variables de las que están en nuestras manos. Si nos lanzamos y no logramos algo y tenemos que regresar con los bolsillos vacíos es bueno que así sea y de hecho creo que nadie vuelve así cuando ha tomado las riendas de su propia vida. La confianza, la sensación de que uno mismo mueve los hilos, alimenta la valentía para los siguientes intentos.

NM: La filosofía de tu viaje se basa en la implicación, el coraje y la autenticidad. Los que partimos de cero, ¿por dónde empezamos?

PA: Son trillizos. Para vivir con alegría y enamorarnos, necesitamos implicarnos. Nos enamoramos de aquellos lugares y cosas donde ponemos un trocito del corazón. Ahí es donde entra la autenticidad, que es actuar desde el corazón, dejar a un lado la opinión de los demás, las máscaras y el pasado. La valentía es esencial porque desnudarnos nos asusta. Pensamos que poner nuestro corazón es sinónimo de que lo dañen, pero es la única oportunidad que tenemos de crear relaciones profundas, conexiones verdaderas y vivir desde el amor, así que la apuesta definitiva es esta receta.

NM: Cuando hace unos años decidiste no vestir un traje, ni fichar todos los días a la misma hora ni adquirir una hipoteca, ¿cómo te lanzaste?  

PA: Por lo que hablábamos… Implicación, coraje y autenticidad han sido mis faros, aunque no siempre he conseguido vivir acorde con ello. Lo que sucede es que para ver resultados hay que tirarse, hacerlo tiene mucho premio: Ver que la vida nos pertenece, que nuestro camino es propio y que merecemos vivir la vida que queremos y también ser amados. No hay necesidad ninguna de generar vínculos que no se basen en el amor ni cambiar de piel para agradar a nadie. Sin embargo nos llena por entero seguir nuestro propio camino, eso sí, sin dañar a los demás.

NM: Este camino propio, convertirse en viajero, escritor y divulgador, puede dar mal de altura. ¿Cómo equilibrar conciencia, razón y vocación?  

PA: Hay personas que me dicen que soy una persona valiente y quisiera poder matizarlo. Cierto es que he tenido la fuerza de hacer algo diferente en este sistema que dicta los pasos, pero no sé si es valentía cuando estás tan enamorado y convencido de un proyecto que los miedos son diminutos. Reservo la verdadera valentía para algo muchísimo más grande, que es ser capaz de mostrar lo que el ser humano lleva en el corazón. Ahí se abren más escenarios ajenos a la persecución o consecución de los sueños, ahí cuesta ser valiente. Mostrarnos cómo somos, quitarnos las etiquetas, ser fieles a nosotros mismos aunque no nos quieran… Ese es el reto cada día y donde no soy tan bueno (ríe).

NM: Un buen motivo para empezar un viaje. 

PA: Sí, los viajes de estos años son una metáfora. Siempre me ha gustado viajar por el mundo y vivir aventuras, pero el libro no es una invitación a coger la mochila y a recorrer tres océanos, sino a eliminar lo superfluo, a soltar lo que nos pesa y a tomar lo esencial y vivir la vida que queremos. Cada uno lo que quiera: Puede ser viajar, formar una familia, sacar una oposición…

Pablo Arribas, el autor de "Vive de forma que te duela marcharte"

Pablo Arribas, el autor de “Vive de forma que te duela marcharte”

NM: Que el mayor riesgo es quedarse parado lo has experimentado con todos los sentidos durante tu larga ruta.

PA: Hay algo muy poderoso en los viajes, en lo visual… Nos muestra que la belleza del mundo no está ahí para unos privilegiados, sino para aquellos que creen que la merecen y deciden ir a por ella. A mí me sucedía en muchos países. Llegaba y decía: “Si esto lo he visto un montón de veces en documentales, en revistas… y ahora estoy aquí”. Recuerdo el Monte Uluru, en el centro de Australia. Yo pensaba que aquello estaba lejísimos, como ir a Marte, y apenas había tomado un avión. Al otro lado de nuestras creencias y nuestra manera de vivir hay un montón de tesoros. Si somos pacientes y peleamos por ellos también pueden ser parte de nuestro ajuar.

NM: Como cuando de pequeño colocabas los granitos de Granada al sol pensando que se transformarían en joya. Con el tiempo, diste con su valiosa sabiduría.  

PA: Son unos tesoros muchos más valiosos cuando para su consecución ponemos parte de nosotros. Esa es la magia de la implicación. Encontramos la felicidad con esas historias que hemos perseguido nosotros, más que lo que proviene del exterior.

NM: Historias que no destacan por la victoria, sino por la lucha, ¿no?

PA: El otro día revisaba unas notas y había una frase que decía “si no dejas tu huella en la luna, esa luna no es tuya”. Son los vínculos que establecemos las que hacen que esa historia se quede en nosotros. Hablo de esa mirada que hacemos hacia atrás con el deseo de encontrar orgullo de lo vivido, de lo que hemos forjado.

NM: El coraje rige el espíritu de tus textos. En uno de tus libros, Sal con un valiente, no solo apuestas por arriesgarse con la vida y con uno mismo. Animas a apostar por quienes arriesgan también con nosotros.

PA: Venimos de una cultura antropocentrista, que pone al ser humano como medida de todas las cosas, nos creemos capaces de todo, pero somos una motita de polvo con un margen de acción pequeño. Por eso insisto en que la actitud y la valentía son lo único que realmente nos define y escribe nuestras líneas. Si queremos dejar nuestra huella no nos queda otra que hacerlo a través del valor.

NM: Porque mientras suena la música, vamos a bailar, decía tu abuela. Incluso cuando a los 80 hay más sillas vacías que amigos con los que reencontrarse.  

PA: Deseo a las personas que se marchen por dolor porque es el sinónimo de haber disfrutado. No lloramos porque algo terminara o alguien se fuera, lloramos porque estuvo. Atrevernos a llevarnos después el dolor es un acto muy valioso. Creo que toda la vida es duelo porque es una suma de etapas, como no sea que decidamos vivir de forma plana, sin crecimiento. Si nos atrevemos a escucharnos a cada momento, a seguir los nuevos rumbos, sabremos que al tiempo que saludamos un escenario, nos despedimos de otro. Quien diga con naturalidad “adiós” va a acabar ganando. De hecho, la palaba clave para aprender a soltar no es “adiós”, es “gracias”. Siempre se atribuyen cinco etapas de duelo, para mí esta sería la sexta, la que realmente nos da la paz. Todo lo que tenemos es un préstamo. Nos dieron la vida hace estos u otros años, pero llega un momento que hay que devolverla. Si logramos hacerlo con actitud, alcanzaremos la gratitud de aquello que nos fue donado.

NM: Bienvenida una vida auténtica y real.

PA: Hay una frase que escuché a José Luis Sampedro en una entrevista que decía “yo no he venido a ser o no feliz, he venido aquí a vivir”. Si por el camino nos llevamos bofetones o heridas, sea para bien siempre que resulte a favor de una vida de verdad. En los tiempos que corren de postureo e individualismo no siempre nos atrevemos, pero los momentos felices llegan así.

NM: Das una clave genuina para estos tiempos: Ejercitar el ‘postureo invertido’.

PA: Sí (ríe). Me explico. Lo que llamamos postureo se refiere a la fotografía que representa una idea mejor de lo que es en realidad. Prefiero el invertido, una fotografía o vídeo que por bellos que sean siempre será peor que lo que has vivido en la realidad. Me ha pasado constantemente en estos viajes. Comparto en redes, pero la historia que he vivido la hace incomparable. Puedes mostrar la punta del icerberg, pero lo importante es lo que hay abajo. A veces ni es mejor ni peor, únicamente es diferente. Significa no hacer las cosas “para”, sino “porque”. Porque nos llenan, porque importa el presente… y no por aparentar. ¿Sabes? No queda dentro lo que ocurrió, sino lo que sentimos.

NM: ¿No crees que en una realidad donde nos acribillan con múltiples opciones nos insensibilizamos? ¿Reconocemos ya la película o serie que realmente nos gusta cuando accedemos a la parrilla de Netflix?

PA: Me ha pasado muchas veces eligiendo una película hasta el punto de no ver ninguna y se me ha hecho tarde, como también en el supermercado eligiendo una salsa de tomate o seleccionando el bolígrafo adecuado. Hay una propuesta muy interesante de un autor llamado Barry Schwartz, La paradoja de la elección. En teoría la libertad de tener más posibilidades venía a hacernos más felices y sin embargo lo que ha conseguido es el agotamiento y una sensación de que siempre nos estamos perdiendo algo. Así que lo importante no es la oferta que hay, sino responder a la pregunta de “¿Y tú qué quieres?”. Cuando lo sabes, no importa el resto de opciones. Como en una relación de pareja, cuando tú sabes el tipo de persona que quieres, no vas mirando a las personas de al lado. A mí me sucede con mi comida favorita, el gazpacho. Cuando lo veo en un menú ya no veo nada más. No es una cuestión de números, sino de lo que simplemente queremos. Yo lo viví en carne propia en el trabajo. Podía ser abogado, periodista y mil cosas más, pero nadie me dio la opción de vivir de filosofar y aquí estoy (ríe).

NM: Confiésame algo. ¿Cómo gestiona un nómada digital la hiperconexión?

PA: Debo confesar que sufro mucho para mal la llamada ‘hiperconexión’. Si no me dedicara a esto, solo tendría teléfono para lo esencial. ¿Por qué lo hago entonces? Bueno, porque es mi modo de mostrar mi trabajo, por el encuentro con las personas y para poder responder con gratitud a quienes han hecho este proyecto posible. Sigo aprendiendo a gestionar. Se han multiplicado las redes, pero no se multiplica el tiempo. Son horas que no estamos sintiendo lo que nos rodea y eso es antinatural.

NM: ¿La reciente caída de Facebook, Instagram y WhatsApp fue un respiro?

PA: ¡Me has pillado! Bueno, sentí gratitud y deseaba que eso no acabara (ríe), pero me hizo sentir sobre todo un poco liberado, tenía la excusa para retrasarme respondiendo los mensajes. No consigo todavía por mí mismo sentirme a gusto por completo sin llegar a todo, no soy capaz de decir “no pasa nada”. Mi estado de whatsapp desde hace más de un año dice “Seguramente no responda” (ríe).

NM: ¿Qué te motivó cuando elegiste los destinos de Vive de forma que te duela marcharte?

PA: Medirme a mí mismo. Ante los lugares más extraños es donde encuentro una nueva forma de conocerme, de impresionarme, de actividad de nuevos mis sentidos y esa es la fuente de entrada a las ideas que luego comparto. Lo que quiero es buscar experiencias nuevas porque en la mezcla surgirán reflexiones. La creatividad no es más que una reordenación de elementos ya existentes mezclados con nuevos. Hay que exponerse a otros contextos para inspirarse.

NM: ¿A pesar de todos los escenarios increíbles que has visitado, cuál fue el que te descolocó por completo?

PA: Me quedo con un trekking de dos semanas por el Himalaya dirección al campo base del Everest. Al segundo día de ruta se acababa la conexión a internet y aún así había cabañas donde te ofrecían un sistema para obtenerlo. No quise. Pasé casi diez días sin conexión a lo externo y abierto a las montañas, a mis pensamientos, a las estrellas por la noche… con un colofón final tremendo cuando subí la montaña de Kalapathar y vi de frente despejado el monte Everest. Me hizo sentir la pequeñez del ser humano y la belleza de esta misma pequeñez.

NM: Siempre has defendido que es mejor atreverse a hacer algo pequeño que paralizarse por desear algo demasiado grande.  

PA: Cuando lo escribí había escuchado un cuento que contó Luis Piedrahita que daba a elegir entre dos edificios estructuralmente iguales, pero uno con la fachada preciosa y ruinoso por dentro y el otro con la fachada ruinosa, pero por precioso en su interior. Es una pregunta que hay que responderse.

NM: ¿Aunque tu respuesta pueda no ser la misma con los años?

PA: ¡Lo acepto, ya no me resisto! (ríe). Es tan maravilloso como frustrante. Ahora que han pasado cuatro o cinco años de los libros anteriores hay cosas que escribiría de manera diferente, ideas que han cambiado… y aunque sé que ayudan a mucha gente, “ay”, editaría. Ya sé que en un tiempo lo que escribo ahora también puede que me despierte una cierta disconformidad. Como autor uno tiene el anhelo de encontrar una verdad constante, pero por suerte no sucede así y eso nos mantiene en la búsqueda. Un salto a medias te lleva a la zanja, dice el proverbio. La vida es una, la intención tiene que ser pelear. Otra cosa es dónde te conduzca. Todo lo que se hace respetando nuestra autenticidad nos hace vivir en calma, aunque tengamos que aceptar que el lugar al que arribamos no es el que soñamos. Hay que dejarse sorprender, vivir en el “no lo sé” y que llegue lo inesperado.

 

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