Nos colamos en el club de ‘Las devoradoras’ de Lara Williams

Las devoradoras, novela de Lara Williams.
Las devoradoras, novela de Lara Williams.

¿Un club gastronómico para comer sin límites? ¿Un encuentro de mujeres para reivindicar su espacio físico? ¿Una performance cargada de MDMA y resacas? El club gastronómico que amasa la novela Las devoradoras es todo eso aderezado con mucha introspección. El club se conforma como un espacio íntimo y subversivo en el que las mujeres que lo componen dan rienda suelta a su hambre y a los estereotipos que de ellas espera la sociedad; la novela lo hace como un recorrido por la veintena en el s. XXI.

Y es que Las devoradoras (editorial Blackie Books) es un viaje por la gastronomía y por los pequeños momentos de libertad, un viaje cargado de platos que no imaginaste que probarías, platos con ingredientes muy contundentes. Un viaje también con tragos amargos.

Lara Wiliams nos dibuja un grupo de mujeres con acertadísimas descripciones en pocas palabras -porque es fácil reconocer en ellas a una amiga o a una compañera de trabajo-. Son personajes realistas, que dudan, que se obsesionan, que se someten, y que poco a poco van aprendiendo a someter. Todas ellas con ese punto de realismo que da el ver en otros acciones que son tuyas.

Pero la protagonista es Roberta, y la historia de Las devoradoras comienza con su llegada a la universidad donde en vez de decidirse por vivir se decide por existir. Y es ahí, con cierta dificultad para hacer amigos, donde comienza un cambio. Donde empieza a ser consciente de que las comidas eran su paréntesis del día, que el resto de tiempo no pasaba nada, y que cocinar se había convertido en su refugio contra el hambre. Un hambre del que hace gemir las tripas, pero también un hambre por la vida, por las experiencias nuevas. Un hambre que cae en los TCA y en la depresión, pero que no deja de crecer buscando otras experiencias, otros lugares. “Pasar de ser pequeña a ser grande por elección propia, tener veintitantos años y poder seguir creciendo es increíble”.

Portada del libro Las devoradoras, Blackie Books.

Cuando descubrimos a Roberta años después (la novela va saltando de la época estudiantil al presente) su vida suena a chick lit. Mujer joven que trabaja en el mundo de la moda y que busca su propio espacio, solo que en esta novela lo primero que encuentra no es el amor, sino una amistad. Esa mejor amiga inseparable que nunca tuvo. Y será con ella con la que comience el club gastronómico que vertebra el libro.

En Las devoradoras Lara Williams entrelaza con mucho mimo las escenas del club gastronómico, que pasan por la novela cual plato en bufé chino de cinta transportadora -siempre tienes ilusión por ver qué será lo siguiente-, con una mezcla de reflexiones feministas. Se van salteando pequeñas alusiones a como hemos interiorizado juzgar el físico de los demás, y juzgar el propio viviendo en una constante cultura de dieta. “Se trata de existir en espacios en los que se nos dice que no debemos existir, o sobre cómo actuamos en aquellos espacios en los que se espera que actuemos de un modo concreto, que seamos algo concreto…¿Y qué pasa si no queremos ser ese algo?” El propio club gastronómico vivirá juicios ajenos y no pedidos. Porque nadie las comprende en esa necesidad de reunirse para comer (y lo que surja) y ser simplemente ellas. Nadie entiende la comida como transgresión.

Roberta encuentra así en el club un motivo, una distracción, algo creado por ella. Desde lo subversivo y lo artístico, un leitmotiv que empieza como una simple quedada y acaba con allanamientos. Porque todo en esta novela va a más, y no siempre a mejor para las protagonistas. El realismo se impone. “Era como si solo estuviéramos autorizadas a tener una masa corporal concreta y que, una vez superada, automáticamente pasáramos a ser propiedad pública. Era opresivo. Era traumático. Era una puta mierda” .

La lectura de Las devoradoras cala, sacia el hambre, lleva al lector a un concepto poco explorado en el que la comida es usada para conquistar espacios. Esos espacios que a las mujeres siempre las han insistido en no ocupar. Bebe de la necesidad de la sociedad por abandonar esa opresión de que la mujer debe ocupar poco. Y para ello la propia comida se transforma en una protagonista más.

Las devoradoras es una novela sobre la juventud, sobre la mujer, y sobre la necesidad de crear. Pero también sobre comida. Lara Williams se mete en harina y narra con cuidado lujo de detalles recetas y alimentos. Lo hace de forma apasioanada, al más puro estilo Julia Child o Simone Ortega. Podemos decir eso de “incluye recetas”. Ese hecho de salivar mientras lees, como hace la serie Foodie Love en la pantalla, es un punto extra. Es ese macaroon que te sirven después del postre y no puedes, ni quieres, rechazar.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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