Kokoshca, una banda en la carrera de fondo

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“¿Hay alguien que huya de lo comercial? Hacer lo que te dé la gana y que te vaya muy bien, que te escuche mucha gente, que ganes dinero… Nos parecería absurdo huir de eso”. La voz de Amaia Tirapu al otro lado del teléfono no es muy diferente a la de las canciones de Kokoshca, dulce pero contundente.

Cantante, guitarra y teclados de la banda navarra de nombre impronunciable, Amaia nos atiende a las 13:00h. de un viernes en el que a priori no iba a estar muy liada pero “luego, pues lo típico…”. Esa misma noche Kokoshca toca en Bilbao; al día siguiente, en Barcelona. Y así hasta completar un calendario que comenzó en enero de 2019 con la gira de su último disco, El Mal (Sonido Muchacho, 2018), y que antes de final de año les llevará hasta el Monkey Week, en Sevilla.

el mal kokoshca

Hace ya un rato que hablamos de la música que hace Kokoshca, de lo casi imposible y demencial que sería echarle el lazo de las etiquetas. Porque la banda formada por Iñigo Andión (bajo), Álex López (batería), Iñaki López (voz y guitarra) y la propia Amaia no se presta a clasificaciones fáciles. “A veces pensamos que al tocar tantos palos y estar siempre probando pierdes tu esencia y eres un frankenstein de cosas, pero con los años nos hemos dado cuenta de que sí, nos gusta probar, pero siempre, al escucharnos, suena a nosotros. Entonces es como… ¡vamos, seguimos!”, nos explica.

Un ejemplo reciente de esta versatilidad lo encontramos en los dos temas estrenados la semana pasada por los pamplonicas. ‘Cumpleaños feliz’ y ‘Amor adolescente’ son las dos caras de la moneda Kokoshca. Grabados en Buenos Aires durante la gira de El Mal, al calor de la gente de Él Mató a un Policía Motorizado, y terminados de vuelta en España, el primero es fiel a las raíces del grupo y el segundo un salto al vacío. “‘Amor adolescente’ es más electrónica y las letras también son más positivas, menos oscuras, más directas”, apunta Amaia.

Así llevan ya más de diez años. Saliéndose de los márgenes, cantando a los amigos y al amor, sin haber renunciado a pasárselo bien componiendo o sobre el escenario y con la esperanza de llegar a vivir de la música o, por lo menos, “a malvivir”. En el recuerdo de Amaia “cuando empiezas estás totalmente virgen, no hay metas. Entonces cualquier cosa era maravillosa, cuando nos llamaron para tocar en el Freeway la primera vez en Madrid nos sentíamos los Rolling Stones. Luego vas cumpliendo objetivos y te vas exigiendo más, cosas como viajar de gira a Argentina o ir a una sala y llenarla, aunque sea pequeña”.

Mientras, el tiempo pasa y todavía hoy, una década después de Myspace y de que Amaia se confundiera al escribir el nombre del pintor austriaco que bautiza a la banda, les mandan los carteles mal escritos. “Es la risa. ¿Cuántas formas hay de escribir mal Kokoshca? Pues muchísimas, infinitas”, comenta con el humor de quien se toma las cosas como vienen. “Kokoshca es una carrera de fondo. No hemos hecho nunca un sprint, pero poco a poco nos conoce más gente, que es lo que nos importa. Y ya está”, continúa.

Y ahora que El Mal toca a su fin, ellos ya están con la cabeza en otra cosa y componiendo. “Nos pasa lo típico de que ya has acabado un disco y se te queda como viejo. Una vez que lo grabas y que lo escuchas en casa ya te has aburrido de él. Yo por lo menos dejo de escucharlo muchísimo tiempo. Luego ya, igual al año o a los años, puedo volver a oírlo”. Sobre su próximo paso por el Monkey Week, en el que no han participado nunca aunque Amaia sí ha estado de público, a todos les hace “mucha ilusión” su primera vez. Además de por la música, porque “es un festival para ver amigos sobre todo. Es el momento de ver a bandas amigas y eso mola un montón”.

 

Sobre su experiencia como mujer en la música y como la única en un grupo mixto, “no he notado que me traten mal o diferente por ser una mujer en los grupos en los que he estado”, asegura Amaia. “A mí me educaron como una persona, no como un chico o una chica. Cuando quise una guitarra eléctrica me compraron una y empecé a tocar. Pero claro, luego quería montar un grupo y a mi alrededor no había chicas que tocasen instrumentos”.

Pasó mucho tiempo hasta que pudo formar Panty Pantera, su grupo de música con amigas, quienes por cierto tuvieron que aprender a tocar para formar parte de él.  “Por esto mismo creo que es normal que en los festivales haya menos bandas de mujeres, pasa en la música y en un montón de sitios. Estoy super en contra de las cuotas, no me parece que sea igualar nada. Lo único que hace es que parezca que los grupos de tías están ahí por cumplir una cuota y no porque su música sea buena. A mí las cuotas, en vez de beneficiarme, me perjudican, porque como yo soy mujer en un grupo con tres tíos nunca me van a contar para nada”.

 

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Mañana Irún! Tocamos a las 00 cerrando el escenario 1 pero hay movidas desde las 12 todo gratis primo!

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Amaia, la única voz femenina en Kokoshca, lo tiene claro: “Lo que tienen que hacer las tías es hacer movidas guapísimas y van a llegar donde quieran, es así”, y lanza una pregunta al aire: “¿Cuántas dueñas de festivales hay, cuántas programadoras de festivales hay? También ahí tiene que llegar la igualdad, no solo a que en el escenario se vean mujeres tocar”.

El Monkey Week SON Estrella Galicia 2019 se celebra en Sevilla del 20 al 23 de noviembre. Las entradas y las bandas que participan en esta edición se pueden consultar en su web.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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