Entrevista a Blanca Rego #JefazaAlHabla

En esta entrega de Jefaza Al Habla la cineasta e investigadora Blanca Rego nos habla de su experiencia en el mundo de las instalaciones audiovisuales, su trayectoria personal dentro del cine experimental y la situación de la industria cinematográfica. ¡Al lío! 

Nokton Magazine: ¿Qué es el cine experimental?

Blanca Rego: Es complicado responder a esta pregunta porque en realidad nadie lo sabe. No es un género, como la ciencia ficción o el suspense, que entre dentro de unos parámetros más o menos definidos. Es más bien una etiqueta vaga que se usa para cualquier cosa que por cualquier razón no entre dentro del cine narrativo «tradicional». Bajo la etiqueta «experimental», te puedes encontrar desde un documental realista, como los diarios de Jonas Mekas, hasta las animaciones abstractas de Norman McLaren. Hay cine experimental de todos los géneros: comedia, terror, drama, gore…

Hay gente que cree que es el cine no narrativo, pero no es verdad, una película puede ser narrativa y experimental. Quizá la única manera de definirlo es decir que es el cine que desafía o redefine las convenciones cinematográficas, pero eso es un poco como no decir nada. A mí me gusta mucho una frase de Maurice Lemaître, un artista francés, que decía algo así: «No existe el cine experimental, ni el cine de vanguardia. Solo existe el cine, y algunos hacen mierda, otros hacen sopa, otros hacen películas como churros y otros hacen platos muy refinados». Al final, yo creo que el cine es cine y que esa división entre cine «convencional» y «experimental» hace más mal que bien.

NM: ¿Se puede vivir de ello? Y no se puede, ¿se debería?

BR: Nadie jamás en ningún sitio ha vivido del cine experimental. Incluso los directores más conocidos daban clases o tenían el apoyo de alguna institución, o eran de familias ricas. Esto sigue siendo así hoy en día. Hay autores que malviven gracias a becas, otros trabajan en universidades, instituciones culturales o industrias como la publicidad, otros tienen trabajos precarios sin relación alguna con el audiovisual. Aunque esto pasa en todas las disciplinas artísticas, da igual que hablemos de literatura, pintura, o cualquier otra cosa, el peor caso es el del cine experimental, porque la mayoría de festivales pagan poco o nada, y esa es la única manera de ganar dinero con una película experimental.

Para que te hagas una idea, por un pase en un festival se suele pagar como muchísimo 50 €. Para sacarte un sueldo mileurista tendrías que hacer más de 50 pases al mes, y eso es imposible, no hay tantos festivales que paguen. Puedes sacar algo más haciendo conferencias o dando clases, pero eso ya sería hacer otro trabajo, y de todas formas no ganarías lo suficiente para vivir, a no ser que fueras profesor a tiempo completo en una escuela de arte o algo así. Y se debería poder vivir de esto, claro.

Todo el mundo debería poder vivir de su trabajo, y hacer cine experimental es un trabajo.

NM: Cuéntanos tu experiencia estudiando cine en la universidad.

BR: Yo siempre quise ser directora de cine, desde pequeña, pero no estudié en la universidad. Cuando yo tenía 17 años, en España no existía ninguna universidad en la que se pudiese estudiar cine. Podías hacer comunicación audiovisual o imagen y sonido, pero a mí no me interesaba ni la publicidad, ni el periodismo ni nada de eso, así que me matriculé en filología inglesa. Lo que pasa que eso no era lo que quería hacer y pasé un año horrible, todo el día llorando, así que mis padres me preguntaron si quería irme a estudiar dirección cine a una escuela privada, que era lo que había entonces. Era caro y en mi casa no sobraba el dinero, pero entre mis padres y mi abuela me enviaron a Barcelona. Yo soy de A Coruña, así que estoy hablando del otro rincón de país. Tengo que decir que, aunque era más caro que ir a una universidad pública, era más barato de lo que cuesta estudiar cine ahora en la universidad. En España no existe ninguna carrera de cine realmente pública, cuestan todas un pastizal.

Mi experiencia estudiando tuvo cosas buenas y malas. Era una escuela más interesada en lo clásico y lo independiente que en el cine comercial, así que accedí a mucho cine que por aquel entonces no se podía ver fácilmente. Estoy hablando de antes de Internet. Tuve algún profesor de análisis de imagen muy bueno y aprendí que en una buena película todo significa algo. Hay poca gente que analice realmente las imágenes. La mayoría de películas son muy literarias, las imágenes son meramente descriptivas, no aportan nada. Por otro lado, lo malo es que me di cuenta de que la industria del cine era una mierda y la única manera de llegar a algo era lamer culos, por hablar claro, y siendo mujer ya ni te cuento… De cine experimental no me hablaron jamás, en ese mundillo me metí más tarde porque me interesaba también el arte.

Cuando terminé de estudiar dirección de cine, estaba bastante desencantada de cómo funcionaban las cosas y tiré más hacia el lado digital, porque me permitía trabajar sola. Me puse a estudiar otros tres años animación y multimedia. Esto a finales de los 90, cuando la animación digital era, en general, un horror. Lo bueno es que en esa escuela había varios profesores que venían del ámbito del arte contemporáneo y, además de aprender animación, vídeo, sonido, etc., aprendí mucho sobre arte y cine experimental.

NM: ¿Cómo creaste tus primeros proyectos audiovisuales?

BR: Empecé a hacer películas cuando era adolescente con una cámara VHS que me regalaron una Navidad. Antes de eso, como no tenía cámara, escribía guiones y dibujaba. Ya más en serio no empecé hasta la escuela de cine. En esa época hice un par de cortos en 8mm y 16mm, más o menos narrativos. Eran narrativos, pero más poéticos que con una narrativa convencional. Esto de una manera bastante inocente e inintencionada, porque entonces yo no sabía ni que existía el cine experimental.

Ya en la escuela de animación empecé a hacer cosas más experimentales. Recuerdo el proyecto del final del primer año, que era un vídeo hecho solo con fotos, textos en pantalla y mi voz recitando. Un texto no narrativo, no era una historia. El asunto es que no se parecía en nada a las cosas que habían hecho el resto de compañeros, y los profesores me lo recalcaron mucho. No quiero decir con esto que lo mío fuese mejor. Me refiero simplemente a que estaba muy fuera de lo «tradicional» sin habérmelo planteado conscientemente. En ese momento ya estaba trabajando con ordenadores, aunque aún montaba a veces en U-matic. Tuve la suerte de estudiar en un momento en el que aprendí tanto lo analógico como lo digital.

Todos esos proyectos eran cosas muy breves y nunca se me ocurrió enviarlos a festivales. Aparte de que en esa época, yo terminé de estudiar en el 99, sin Internet era muy difícil acceder a información de festivales, becas, etc. Eso vino más tarde, cuando ya estaba haciendo mis películas en los ratos libres que me dejaba el trabajo. Como llegué al cine experimental sin saber qué era eso, no tenía ni idea de qué hacer con mis películas.

Gracias a sesiones de cine experimental clásico en sitios como el CCCB y el MACBA, me di cuenta de que existía un circuito para ese tipo de cosas. A mí no me interesaba hacer piezas de videoarte para galerías, me interesaba la sala de cine, y hasta hace relativamente poco no había muchos sitios en los que proyectar ese tipo de películas.

Vamos, que mis primeros proyectos salieron más de mi sensibilidad e intuición personal que de ningún plan de hacer nada de ningún género concreto. Fue más por una necesidad de expresar cosas que por una intención de hacer cine experimental. Yo soy muy introvertida, hablo poco, estoy muy confusa respecto a todo y tengo una mirada un poco particular, así que quizá mis primeros proyectos eran una manera de suplir esas carencias.

NM: ¿Qué fue el cine low-cost? ¿Fue perjudicial para la industria?

BR: Nunca me interesó demasiado el tema. Te puedo decir que yo veo todo tipo de cine y me gustan todos los géneros, menos uno. Hay un género que no soporto y es un género del low-cost: el mumblecore. Más allá de eso me da un poco igual. El hecho de que una película esté hecha con más o menos dinero no significa nada. Hay superproducciones malísimas y películas muy buenas hechas con dos duros, y viceversa. Si eres un asco de director, lo vas a ser igual con 50 euros que con 50 millones. Por otro lado, no creo que fuese perjudicial para la industria. Que se hagan películas, sean buenas, malas, caras o baratas, es siempre bueno.

Lo malo es que hacer cine es realmente caro, y si no tienes una familia rica es muy complicado introducirte en ese mundo. No lo digo porque tu familia te vaya a producir la película, que también hay casos, sino porque se necesitan horas, y si tienes que trabajar de otra cosa es muy difícil estar haciendo al mismo tiempo películas.

Sobre todo películas tradicionales con actores y demás que requieren un despliegue de medios considerable. El experimental es otro tema, en la mayoría de casos te las apañas sola y sin dinero. Si no tienes dinero, viva el low-cost, pero el low-cost porque sí, como estética, es como los pijos que llevan chandals de yonki de 2.000 euros.

NM: “Vivir de la cultura”: ¿Asumimos que es un mito?

BR: Creo que solo hay dos tipos de personas que viven de la cultura. Puedes hacerte funcionario o famoso. En cualquier otro caso es muy difícil. Puedes llegar a vivir muy ajustadamente, compartiendo piso y esas cosas, pero en la mayoría de casos ni eso. Hay algunos sectores, como la pintura o la música, en los que conozco a gente que se gana bien la vida, pero haciendo cosas muy comerciales.

Si lo que haces no sirve para colgar en consultas de dentistas o para que la gente baile en las fiestas del pueblo, no vas a vivir del arte.

Asumamos que es un mito, sí. Y luego hagamos todo lo posible para terminar con el mito para siempre.

NM: “El sistema es perverso y el mercado sigue siendo demasiado pequeño. Si solo tomamos las ventas y los ingresos de esta literatura, la realidad es que no dan para vivir al 99% de personas”. Se puede aplicar esto al cine experimental?”

BR: El cine experimental no da para vivir ni a ese 1%. Ya comentaba antes que o trabajas en algún tipo de institución en tareas más de enseñanza o gestión, o trabajas en cualquier otra cosa, pero del cine experimental no vive nadie. Como mucho podrías intentar meterte en el circuito del arte contemporáneo, pero entonces ya no sería cine experimental, sería videoarte, y ese es otro asunto muy distinto. Aparte de que artistas que se ganen la vida exclusivamente con su obra hay muy pocos, sea cual sea la disciplina.

NM: ¿Hemos vivido engañados, pensando que podíamos vivir solo de lo que nos gustaba?

BR: No sé si hemos vivido engañados, yo creo que cuando yo era pequeña nadie se planteaba vivir del cine o del arte. Al menos no si eras de una familia de clase baja o media. El arte era, y sigue siendo casi siempre, algo a lo que solo accede la clase alta. Yo siempre quise ser directora de cine, pero no me planteaba si eso era factible o no, siempre he sido un poco ilusa, así que no pensaba mucho en las circunstancias de la vida práctica. En mi casa siempre hubo una vena artística, gente que pintaba, escribía… Yo crecí rodeada de libros, cómics, música y cine, pero era por interés personal, nadie vivía de eso. Mi abuelo materno, por ejemplo, pintaba, pero tenía un trabajo, a veces dos, que no tenían nada que ver con la pintura. Aunque en mi familia hubiese inquietudes artísticas, no era algo que yo percibiese como posible fuente de ingresos. El engaño vino mucho después, al darme cuenta ya de adulta de la imposibilidad de ganarme la vida con lo que realmente me gusta hacer.

NM: Si Inglaterra o Francia son grandes defensoras de potenciar Cine como asignatura en sus currículums, ¿por qué crees que España no ve su potencial?

BR: En parte supongo que tiene que ver con que en Reino Unido y Francia hay una industria cinematográfica que aquí no existe, y ya sabemos que lo que es poco probable que dé dinero no se estila mucho. También creo que en España se sigue pensando en el cine más como entretenimiento que como cultura. A mí me sorprende mucho cuando pasan cosas como, por ejemplo, que gente que ha estudiado arte en la universidad no sepa quien es Oskar Fischinger. Menciono este ejemplo porque me pasó una vez con un grupo de gente que venía de bellas artes e historia del arte, gente que trabajaba en un museo, resulta que en Google había un doodle de Fischinger y a nadie le sonaba de nada. Cuando hablas con gente que ha estudiado cine en la universidad, en una de esas universidades carísimas, es incluso peor. La mayoría no han visto jamás cine experimental, a veces ni siquiera cine que no sea de Hollywood. Hay unas carencias terribles, y no lo digo desde el clasismo, yo no he tenido nunca dinero. Lo que quiero decir es que hay mucha gente estudiando arte y cine a la que no le interesa ni el arte ni el cine. Es normal que una persona no sepa quién es tal o cual, no a todos nos interesan las mismas cosas, pero yo he visto cosas y conocido a gente en esos ámbitos que de verdad es para salir corriendo.

En países como el Reino Unido se está cuestionando mucho el clasismo del cine, porque para la gente de clase obrera es cada vez más difícil acceder a esos estudios y a trabajar en ese medio. Aquí estamos aún un paso por detrás. No es ya que las escuelas de cine sean muy caras, es que hay solo dos o tres y en el resto de la universidad el cine tiene una presencia casi anecdótica. Si quieres hacer cine, del tipo que sea, o te espabilas por tu cuenta o te dedicas a otra cosa. Además, las universidades de cine que hay en España dan mucha más importancia a lo industrial que a lo cultural y todo el mundo sale haciendo el mismo tipo de cortos. No me refiero a que sean malos, sino a que están todos cortados por el mismo patrón. Si quieres trabajar de técnico, quizá ya te vaya bien, pero si tienes otro tipo de inquietudes vas a aprender más leyendo y viendo y haciendo películas que pagando entre 20.000 y 50.000 euros, que es lo que cuesta estudiar cine en la universidad en España. Y eso sin contar que si no vives en Madrid o Barcelona vas a tener que gastarte mucho más en compartir piso y demás. El sistema está montado para que solo hagan cine los ricos.

Además es que España es un país pequeño, es difícil que una película consiga ganar dinero sin subvenciones. Solo ganan dinero las películas muy comerciales, así que es lo único que se potencia, y en general son muy malas. Es un poco la pescadilla que se muerde la cola. A mí me encantaría hacer una carrera como Cinema Studies, por ejemplo, pero eso aquí no existe.

Si yo acabé en el cine experimental no fue solo porque me gustase o por mi carácter, fue también por huir de una industria que no me gustaba ni a nivel personal ni artístico. Me gustaría pensar que desde los 90 las cosas han mejorado.

Es obvio que ahora el cine español no es tan homogéneo como hace unos años, pero queda todavía mucho por hacer.

NM: ¿Qué organizaciones/ciudades están apostando más por este tipo de cine en la actualidad?

BR: Ahora mismo las cosas están mucho mejor que cuando yo empecé. Hay muchos festivales de cine experimental en todo el mundo, e incluso festivales de cine en general que aceptan películas experimentales, algo que hace unos años no pasaba. El problema es que la mayoría son festivales pequeños y no pagan derechos de exhibición a los autores.

A mí incluso me ha pasado que pongan películas mías en festivales que ni se han molestado en avisarme, las han bajado de Internet y se han quedado tan anchos.

A mí no me importa que un festival pequeño, hecho por amor al arte, sin dinero, sin que nadie cobre nada y con entrada gratuita me pida amablemente una película. Suelo dejarlas. Lo vergonzoso es cuando te viene una institución que se está gastando un dineral en cuadros o cualquier otra cosa a pedirte una película gratis. Es como si pensasen que el cine se hace solo y no tiene ningún valor artístico, o yo no sé. También hay festivales que cobran entrada en los que cobra todo el mundo menos quienes han hecho las películas, y eso me parece tener una cara muy dura. Sientes que nadie valora ni tu trabajo en particular ni el cine experimental en general.

Afortunadamente, hay excepciones. En Barcelona tenemos la suerte de tener el Xcèntric, que además de hacer sesiones tiene un archivo impresionante abierto al público. Hay comisarios que te tratan muy bien. Hay festivales que pagan y hasta te invitan a ir. En países como Austria o Alemania hay más circuito, y funciona mejor, que en España, pero a veces es complicado dar con la persona apropiada. El cine experimental es muy amplio y no a todos los festivales y comisarios les interesan las mismas cosas.

Organizaciones en sí no hay muchas. Hay de artes visuales, o videoarte como mucho. De cine experimental en sí lo que hay son más bien festivales y alguna distribuidora. Los festivales ya he explicado que funcionan un poco mal, y mis experiencias con las distribuidoras han sido casi siempre decepcionantes. Tienes que moverte mucho, y a veces las cosas llegan un poco de casualidad, porque alguien ha visto tu trabajo online o en algún festival. Mucha gente me dice que tendría que irme a Austria, que es quizá donde más se mueve el tipo de cine que hago yo, pero no sé, irte a otro país no te garantiza nada en un sector tan minoritario y precario.

Puedes encontrar todo el trabajo de Blanca Rego aquí.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

Comments

comments