“Delicioso”: El arte de la revolución culinaria

Fotograma de la película "Delicioso", de Éric Besnard
Fotograma de la película "Delicioso", de Éric Besnard

Nombrar a Francia y su gastronomía es sumar dos conceptos siameses. Para los franceses cocinar atañe a la tradición más innovadora, comer al ritual y, el encuentro, a una filosofía de vida. La gastronomía, por ende, se ha cocinado también con encanto en la cinématographie français con títulos recientes como El chef, la receta de la felicidad y La cocinera del presidente o la exuberante pieza gourmet depositada en Vatel, con Gérard Depardieu deslumbrando opíparamente al mismísimo rey Sol, Luis XIV.

De esta cultura del buen “yantar”, pero un siglo después, nos habla Eric Besnard en su última película, Delicioso, que al calor de los fogones y la seductora campiña, nos traslada hasta los albores de la Revolución Francesa para conocer cómo nació el primer restaurante de Francia. La película, presentada en el último Festival de San Sebastián, se inspira libremente en aquella incursión hostelera en tiempos en los que Iglesia y nobleza acaparaban viandas y dispensas mientras el pueblo moría de hambre.

El palacio del Duque de Chamfort no difiere del de sus semejantes y, a finales del S.XVIII, es escenario de suntuosos banquetes para una trivial comparsa que cacarea sobre la Corte y sus frivolidades. Con cocinar en ese centro del universo llamado Versalles sueña Pierre Manceron, el extraordinario cocinero de Chamfort, al que este despide ipso facto por utilizar tubérculos en una receta, “tal cual si de una piara de cerdos se tratara”. La patata, la más democrática de los alimentos, era demonizada por los presuntuosos paladares gourmets.  De vuelta en el campo y descreído de la cocina, solo el aliento de su ideliasta hijo y la aparición de una misteriosa mujer con deseos de aprender el secreto del fogón, empujará a Manceron a soltar las cadenas de quien siempre fue súbdito y ejercer el derecho a ofrecer a hombres y mujeres sin condición, pobres o ricos, un menú sabroso y elaborado.

Los veteranos Grégory Gadebois e Isabelle Carré encabezan el reparto de "Delicioso", en el que destaca también la participación del joven Lorenzo Lefebvre

Los veteranos Grégory Gadebois e Isabelle Carré encabezan el reparto de “Delicioso”, en el que destaca también la participación del joven Lorenzo Lefebvre

Los ganadores del César Grégory Gadebois (El oficial y el espía) e Isabelle Carré (Se souvenirsdes belles choses) conducen con hábil maestría una comedia de degustación placentera y delicada fotografía, en la que los bodegones se suceden como se suceden las estaciones del paisaje y de su protagonista. Lorenzo Lefebvre (Bang Gang, una historia de amor moderna), el joven Benjamin Manceron, sazona de vitalidad la receta, como el soplo de progreso que interpela las caducas ideas del absolutismo y que alumbraría la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano tras la toma de la Bastilla.

Mientras el espectador imagina sublevarse a las gentes humildes, agotadas de sus esclavas miserias, Eric Besnard dirige la cámara hacia una humilde cocina donde se está produciendo otra revuelta, una emancipación amasada y servida con esmero. Porque todas las revoluciones son hijas, madres o hermanas de una misma revolución. La igualdad en las calles es la fraternidad en la mesa, ese lugar donde apaciblemente y tenedor en mano, todo comensal es bienvenido.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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