Alicia Albares: «Todas somos y tenemos derecho a ser malas madres»

Thaïs Blume protagoniza 'La mala madre', ópera prima de Alicia Albares
Thaïs Blume protagoniza 'La mala madre', ópera prima de Alicia Albares

Desmontar el dogma idílico de la maternidad desde las tripas del cine fantástico define el debut en el largometraje de la directora Alicia Albares (Madrid, 1984). Tras su estreno en el Festival de Cine de Sitges, La mala madre se ha alzado con el Premio del Público a Mejor Largometraje en el Maniatic Film Festival de Valencia. Un reconocimiento al pulso psicológico de su protagonista, la actriz Thaïs Blume (Barcelona, 1984), y a un terrorífico relato gótico que sacude los tabús y debates sobre las grietas invisibles de la crianza.

Nokton Magazine: La mala madre es tu debut en el largometraje, pero acopias una larga trayectoria en los cortos de género. ¿Cómo has experimentado este salto de formato?

Alicia Albares: Por suerte, los cortos que he hecho han sido con presupuestos bastante altos. El manejar un equipo y el trabajo en rodaje es muy similar, pero un largo resta libertad. Hay mucha gente opinando. Con presupuesto más alto, el riesgo es mayor y siempre entran más intereses que hacen que una misma no tenga todo el control que le gustaría sobre la obra final. He sido afortunada porque en mi caso el guión se ha respetado bastante. Ha habido cambios inevitables porque siempre falta dinero, pero pasaría incluso aunque hicieras una súper producción de Hollywood. La experiencia previa con mis cinco pequeñas películas me ha ayudado a enfrentarme al reto.

NM: La mala madre huye de los clichés idílicos y aborda la Cara B de la maternidad. ¿Cuánto hay de reflexión personal y de radiografía social en esta historia?

AA: Yo no soy madre, pero precisamente por eso siempre se me ha cuestionado. Lo ven raro y me preguntan el porqué. Recogí las experiencias de amigas madres de mi entorno. Cuando hablas con ellas desde un sitio más profundo se van despojando de lo que socialmente está aceptado y empiezan a confesar que tal vez no habrían tenido hijos si hubieran sabido lo que realmente era. De ahí viene la pregunta que atraviesa la película: ¿Somos conscientes las mujeres de lo que significa tener hijos y tenemos toda la información veraz o lo hacemos muchas veces porque es lo que nos toca? Porque está bien visto, se nos pasa el arroz o nuestra pareja nos está presionando. Cada vez tenemos más opciones a la hora de enfrentarnos a esa decisión, pero aún felices con sus hijos, las madres siguen confesando que hay muchas cosas que no se cuentan, como la depresión postparto. Es un tema que se ha tratado en otras películas como Cinco lobitos o Mamífera, pero no es habitual que sea desde el terror.  

NM: ¿Te carcomía algún miedo sobre cómo tratar esta historia?

AA: El miedo era que al entrar en un género y no circunscribirme a los códigos concretos pudieran llover críticas por esa falta de encaje. El último acto de mi película es género total con su gore, pero tiene una fuerte carga de drama y crítica social. El hecho de que sea un híbrido puede ser que a los festivales les cueste. Agradezco mucho al Festival de Sitges y al Maniatic Film Festival por haber sido tan valientes. Puede haber otros festivales que la vean complicada de programar, ya que pone temas actuales y cuestiones que generan debate sobre la mesa.

NM: Thaïs atraviesa con su personaje un arco emocional devastador, en el que la desorientación, la vulnerabilidad y la sospecha minan poco a poco su cordura. ¿Cómo compartisteis en los ensayos un estado de angustia que no pecara de excesos antes de alcanzar el apoteósico final?

AA: Thaïs hizo un trabajo espectacular porque al final es un personaje sin memoria. No recuerda lo que siente y vive en un entorno hostil. Llegar ahí sin tener a lo que agarrarse era complicado. La otra parte era más sencilla porque había tenido un hijo hacia solo seis meses cuando le ofrecimos el guión y entrar en la película significaba para ella sacar todo lo que llevaba dentro. Encontró un punto muy interesante, donde sostiene la tensión de la peli y va in crescendo. Moduló muy bien las emociones. Aparte, yo escribí casi veinte páginas de cada personaje desarrollando su historia y esa información creo que ayudó.

NM: La película aborda la herencia del modelo de crianza y las heridas maternofiliales a través del vínculo de los personajes de Thaïs Blume y Mariana Cordero. ¿Se puede romper la maldición o estamos abocadas a repetir los patrones de nuestras madres?

AA: Vamos avanzando y creo que sí hay cambios entre generación y generación. Podemos hablar de la maternidad desde otro sitio y plantear que no existe una maternidad correcta y todas son válidas. Tantas como mujeres. La película dialoga con los tabúes y experiencias del pasado de una forma bastante extrema. ¿Quién es la verdadera mala madre, el personaje de Thaïs o el de Mariana? Y hay una tercera más, sin querer hacer spoiler. A su manera, todas lo son. Comparar da al presente la posibilidad de decir “quizás me he arrepentido de ser madre, pero eso no significa que no quiera a mi hijo con todo mi corazón”. Es compatible. Tener hijos para las mujeres sigue siendo un sacrificio y la reconciliación es una utopía. Los cuidados no han dejado de estar a nuestro cargo.

La directora Alicia Albares durante el rodaje de su ópera prima, 'La mala madre'.
La directora Alicia Albares durante el rodaje de su ópera prima, ‘La mala madre’.

NM: ¿La igualdad real en España aún es un ideal?

AA: En la mayor parte del mundo las mujeres estamos a años luz, pero que esto sea evidente no significa que nosotras en el Primer Mundo estemos perfectamente. Existe una desigualdad estructural. En el último análisis se decía que quedaban doscientos años para conseguir la Igualdad y que estábamos retrocediendo, sobre todo entre las jóvenes, en materia de violencia de género y pornografía. Las nuevas generaciones vienen cargadas de una especie de neomachismo que parece aceptado, con la justificación y extensión de las redes sociales. Da pavor. Tengo miedo a lo que viene, a pesar de que en otras cosas estamos avanzando mucho.

NM: ¿La fortaleza del miedo proviene de lo velado?

AA: El principal enemigo es el conformismo o el pensar que la lucha ya está cumplida porque hemos alcanzado el objetivo. Nos lo están haciendo creer un poco socialmente. Todas las que vinieron antes han hecho un gran proceso de transformación, pero creo que el feminismo tiene que pelear mucho contra la ignorancia. Toda la nueva ola de extrema derecha me tiene aterrada. En las próximas elecciones nos jugamos mucho más que nos gobiernen unos u otros. Hablamos de un partido de ultraderecha que lo votan jóvenes. ¿Por qué hay tanto joven pensando que el pasado fue mejor y con Franco se vivía mejor? ¿Qué nos está pasando? Falta mucha información.

NM: Acuñar un título como ‘La mala madre’ implica desmontar mitos históricos. ¿Crees que la falta de un lenguaje honesto y sin filtros sobre la maternidad perpetua la culpa y la soledad en tantas mujeres?

AA: Ya toca empezar a hablar de malas madres porque todas lo somos y tenemos derecho a serlo. Hay mucha rigidez sobre qué se puede hacer o no. En la historia planteo todo tipo de maternidades. A mí la maternidad me fascina, aunque yo haya decidido no tener hijos. Veo a las amigas que lo son y me genera mucha admiración. Como digo, el postparto puede llegar a ser una película de terror en sí misma de la que no se habla porque no se habla de la violencia obstétrica. Parece que está el bebé y desaparece la mujer detrás. Naturalizar la palabra me lleva a lo biológico. La película muestra una transformación desde arrepentirse de ser madre hasta asumir la maternidad desde un sitio muy visceral. Mi madre siempre me ha dicho que ella se levantó una mañana y su cuerpo le pidió gestar, de un modo casi animal. Yo nunca sentí esa pulsión, reivindico que es lo que hace que de verdad la maternidad sea deseada.

NM: La maternidad es un tema que te ha acompañado a lo largo del tiempo, en cortos como La tercera historia o Madres de luna. ¿Con la película das por cerrado este recorrido?

AA: Siempre me ha interesado muchísimo, por lo que para mí tiene de ajeno. Me gusta explorarla desde la barrera y homenajear a las madres. Hay también una evolución de una película que no llegué a sacar, Crisálida, una distopía de ciencia ficción de una mujer encerrada en un bunker con muchos hombres. Trasladé la misma idea de la maternidad forzada a La mala madre. El año pasado, a la vez que rodaba, publiqué la novela con la editorial Dimensiones ocultas. Soy de la opinión de que los creadores somos un poco canales de ideas que hay que contar. A veces las ideas te eligen a ti, no tú a ellas. Cerré un círculo. En la siguiente obra me alejaré de esta constante.  

NM: ¿Concibes el cine de terror como un espacio terapéutico?

AA: Sí, creo que es muy catártico y que te permite lo que otros géneros no. El terror nos sirve a las mujeres directoras para exteriorizar rabias y traumas. En sus códigos todo está permitido. En España hay muy pocas mujeres haciendo género. Parece que no queremos, pero se debe a la falta de oportunidades.  Cuestiones de presupuesto. El género exige más soporte económico y las mujeres solemos acceder a presupuestos mucho más bajos. Es un terreno muy inexplorado para nosotras y en las que la mirada femenina hace mucha falta por la originalidad y temas que podemos aportar.

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