Agnès Martin-Lugand: “Una prueba difícil puede convertirse en algo extraordinario”

Si los héroes de a pie transforman el gesto en relieve de grandeza, las protagonistas de Agnès Martin-Lugand (Saint-Malo, Francia, 1979) convierten los accidentes y las vías fuera de mapa en un obelisco al desafío cotidiano. Mujeres normales y corrientes abocadas a la naturaleza del cambio para tomar las riendas de sus trayectorias vitales.

“Las mujeres están entre dos puntos actualmente: la evolución hacia la libertad total y el peso de la tradición. Es decir, cómo poder seguir siendo mujer respetando a la mujer que se es. A mí me interesa hablar de esas mujeres imperfectas que no tienen ganas de tomar el rol del hombre, sino que quieren seguir siendo mujeres con sus cualidades y defectos” explica la autora.

A la luz del amanecer, el último libro de la artífice del popular La gente feliz lee y toma café, coloca al lector en la mirada -y los pensamientos- de Hortense, una profesora de baile a la que, casi a sus cuarenta años, la vida le da un vuelco por un tropiezo fortuito.

“Quería escribir sobre la relación con el cuerpo. El cuerpo que se expresa, que seduce, que nos permite interpretar un papel… y el cuerpo cuando se rompe” explica.

Esta ruptura fue la simiente de toda la novela. “A mi cabeza llegó la imagen de una bailarina que ejerce de profesora y se lesiona. El no poder expresar lo que siente a través de una coreografía la obligará a abrir los ojos, a reflexionar sobre sus decisiones”.

La creadora también sentía la necesidad de adentrarse en un conflicto moral que aún hoy despierta en la sociedad opiniones encontradas y juicios de valor. Hortense mantiene una relación, tres años ha, con un hombre casado. Nunca se me había pasado por la cabeza convertirme en la mujer que reclama, que espera, que se da con la cabeza en las paredes cuando su amante la deja para reunirse con su familia, la que a veces siente asco de sí misma. En sentido inverso a la devoción al affaire que se otorga a los franceses, la autora gala pretende escapar del estereotipo de la femme fatale que destruye hogares, tan presente por tradición en el cine y la literatura.

“Se trata de una mujer enamorada que sufre y que ha tenido la desgracia de enamorarse de un hombre no disponible. No sabemos lo que hubiéramos hecho en su lugar. Tenemos tendencia al blanco o al negro, cuando hay mucho gris en la vida”, expone con contundencia.

Los personajes secundarios tienen una importancia extraordinaria en el universo de las novelas de Martin-Lugand como picaporte al exterior y, en palabras de la autora, le acaban sorprendiendo. No podía ser de otro modo en A la luz del amanecer, donde por primera vez, aboga por el regreso a las raíces, de París a la provenza. Aunque Hortense se esfuerce por autoconvencerse de que todo está en equilibrio, “su entorno, en la ciudad o en el pueblo, siempre pone de manifiesto lo que no funciona e impulsa la evolución personal”.

En este proceso, los personajes masculinos cobran vital importancia. “No me interesa el feminismo mal entendido. El hombre no está fuera de la esfera de la mujer. Me gusta ilustrar la convivencia, la contemporaneidad: La mujer que necesita al hombre como el hombre que necesita a la mujer” reflexiona.

Agnès Martin-Lugand, psicóloga clínica de profesión, suspira cuando la conversación se desvía a la vida propia de sus creaciones. “Es ilusorio pensar que el autor es una especie de marionetista todopoderoso. Hay que aprender a perder el control. En lo que respecta a mi protagonista yo me borro, de forma que de lo que no se entera Hortense, no me entero yo. Es casi una esquizofrenia” – ríe colocándose las manos sobre la cabeza. Su fe por encontrar la felicidad entronca con un concepto próximo, el de la serenidad. No uno por encima del otro.

“No es necesario reivindicar el yo, sino aprender a aceptarse.

Hortense se anula ante los demás, no le gusta el conflicto, deja que los demás lo hagan a su manera… y su logro es que al final acaba asumiéndose con serenidad”.

La escritora jamás practicó la danza en su juventud, pero la música es el motor esencial de su creatividad. “Puedo inventarme historias en un tren, pero será porque tengo música en los oídos. Solo escribo con música, todas las escenas de mis historias tienen su fragmento musical dedicado. Evoca los sentimientos y la vida interior de mis personajes”. Se teclea À la lumière du petit matin en Spotify y el lector está preparado para la lectura. Crea las listas ella misma. Tal como se lanzara a su carrera como escritora autoeditándose en Amazon, tras varios rechazos. En un breve espacio de tiempo, fue fichada por una de las editoriales más prestigiosas de su país, Michel Lafon, y alcanzó el puesto de los más vendidos. “Una prueba difícil se puede convertir en algo extraordinario”, comenta.

Uno de sus autores favoritos, Douglas Kennedy, destacaba sobre el éxito su “abono mensual a la Filarmónica de Berlín. Y en los mejores sitios”. Agnès aboga por placeres mundanos y responde categórica que su ideal es su familia. Le saben a poco los veinte años que le calcula al amor Isabel Allende. “Siempre podemos volver a enamorarnos de la persona que amamos”, predice. Veinte años no es nada, el tempo de un tango.

 

 

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