Vivir para contarla. Narcos en el cine

Foto de Bill Brussard.flickr.com (cc)

A Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán le pudo la vanidad. Consideraba, no sin razón, que su vida era digna de ser contada y proyectada en las salas de cine de medio planeta (y parte del extranjero). Es por eso por lo que después de escaparse de la cárcel del Altiplano, en México, en plena huida y siendo uno de los hombres más buscados del mundo, decidió contactar con personajes de renombre en el mundo del cine y empezar a plantear una película sobre su vida. El actor y productor Sean Penn o Kate del Castillo, conocida por su papel protagonista en La reina del sur, una telenovela sobre el mundo del narco, fueron dos de los elegidos para plantear tan magna obra. Un filme biográfico que recordara para siempre jamás la vida de uno de los líderes del cártel de Sinaloa. Pero no ha sido el único al que sus ansias de trascendencia le jugaron una mala pasada, ni la única historia de rey o reina del hampa que ha dado juego suficiente para convertirse en carne cinematográfica. Santos o demonios, para algunos generan auténtica devoción de santos paganos.

Cine quinqui, típico español

No hace falta ser los reyes de tierras al otro lado del Atlántico y controlar el mercado y menudeo de la cocaína y las esmeraldas de ciudades cercanas al Caribe. La cosa suele ir de un delincuente habitual que se convierte en actor y que se interpreta a sí mismo o a otro delincuente, al cual conoce en primera persona o ha conocido) pretendiendo darle así un mayor realismo a la historia. El dinero es escaso y no suelen demostrar historias tan llenas de lujo como la que seguramente disfrutara ‘El Chapo’, pero la droga, el tráfico a pequeña escala y el robo están a la orden del día. Personajes como ‘El pera’, ‘El vaquilla’ o ‘El rata’ son héroes/antihéroes de una época muy determinada de la historia de España y de su cine.

De italianos y otras nacionalidades

En El padrino, la familia Corleone nunca se quiso meter en el negocio de la droga. Ellos se dedicaban al juego y a vicios menos dañinos a la salud, pero fue la entrada de la heroína y las pastillas en las ciudades que controlaban las que desencadenaron las guerras de familias que todos recordamos de las películas. También entraron los irlandeses, los polacos y los rusos. La droga conseguiría que la policía y los políticos amigos de Don Vito les diera la espalda en cuanto a su protección. Una mezcla de idiomas, principios y valores que fueron llevando la historia de la mafia y de las familias a una lucha constante. Porque todos sabían que la droga daba dinero y los escrúpulos desaparecían cuando en los barrios norteamericanos se decidía jugar con la salud de los vecinos que se veían consumiendo. Que levante la mano quien no tenga una peli de mafiosos yanquis favorita. (Ojo, también valen series como The Wire)

Antes de México fue Colombia

Durante muchos muchos años, Colombia era un destino más que complicado para los turistas. Tráfico de drogas, piedras preciosas, guerrillas paramilitares en conflicto abierto con las fuerzas del gobierno o secuestros estaban todos los días en las noticias al hablar del país. Cali, Bogotá, Medellín… Ciudades que siempre iban asociadas a la palabra ‘cártel’, pero había un nombre por encima de todos los demás: Pablo Escobar. Películas como Escobar: Paraíso perdido, protagonizada por Benicio del Toro, o la magnífica serie de Netflix Narcos, que intercala fragmentos de la verdadera historia del líder del cártel de Medellín con ficción guionizada, dan buena muestra del mito en el que se convirtió la persona que durante décadas controló el 80% de la producción mundial de cocaína.

 

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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