Los treinta son los nuevos quince

Foto: Andrés Gil

“Si cerráis los ojos y pensáis en Peter Pan, probablemente os venga a la mente el dibujo de Disney, vestido de verde y con un gorrito.” Así habla Silvia Herreros de Tejada, dramaturga de Perdidos en Nunca Jamás, la obra que está agotando todas las entradas de la CNC – Sala Mirador; “el que todos hemos visto de niños.”

Pero Peter Pan no es ése, nosotros ya no somos niños, ni lo seremos nunca jamás. Hemos crecido… hasta donde nos han dejado. A nuestra edad, no sería raro que tuviésemos hijos, trabajo, hipoteca. Y sin embargo, en nuestro 30 cumpleaños celebramos la misma fiesta que cuando cumplimos 16, para volver a la misma casa a la que volvimos entonces, y levantarnos (con una resaca peor, eso sí) listos para la comida de mamá.

Perdidos en Nunca Jamás

Esta realidad tan nuestra de periodistas sin trabajo, doctorandos a medias por falta de financiación y “¿emigrantes o exiliados?” es también la realidad de Lelo, de Plumífera… y claro, de Peter y Wendy, los personajes de la obra que dirige Lucía Miranda – una joven con un currículum capaz de impresionar al más plantao, que después de haber viajado medio mundo, se ha embarcado en la creación de Cross Border Project, una compañía que ha tenido que desafiar a la incompatibilidad de horarios, la insolvencia económica y los malos augurios, a base de su fe en las hadas.

Y a la vez es la historia de sus padres, y de los nuestros. Por eso las voces de los familiares del equipo se incluyen en la representación, creando un espacio sonoro que hace imposible retener las lágrimas: “Echa a volar, hijo, aunque yo sin ti me sienta morir.” En esta versión peterpanesca moderna, tanto los niños como los padres están perdidos en nunca jamás. Unos, sin saber qué dirección, o mejor dicho, qué actitud, tomar ante una situación que les ahoga. Otros, impotentes viendo cómo sus hijos tienen que irse al extranjero después de haberles vendido que con ilusión podrían hacer lo que quisieran.

La ilusión es otro de los términos principales de este montaje. No importa, por tanto, cuán oscura sea la noche afuera, ahí está Campanilla titilando para guiar a su Wendy. Para guiarnos a nosotros, y para sacarnos una sonrisa están, además, la escenografía de Basurama, las coreografías de Ángel Perabá (quien también interpreta a Peter) y la música de Nacho Bilbao,  que infunde buen rollo al ritmo de los clásicos del motown.

Porque muchos de nosotros hemos volado fuera, sí, pero muchos otros se han quedado, y siguen volando con sus sueños. Con ayuda, claro está, de un poco de polvo de estrellas.

Perdidos en Nunca Jamás se puede ver hasta el 13 de octubre en la Sala Mirador-Centro de Nuevos Creadores. Jueves, viernes y sábado a las 20:30 h y domingo a las 20: 00 h. La entrada cuesta 16 € (14 € en Atrápalo).

 

Fotos: CNC Sala MiradorCross Border Project

 

 

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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