Mujeres y cine: Pisar “en tierra de hombres”

Cate Blanchett, Meryl Streep, Patricia Arquette, Jennifer Lawrence… y tantas otras actrices hollywoodienses han salido a la palestra para pedir la igualdad de sueldos, la igualdad de oportunidades de las mujeres en el mundo del cine. Los números dicen, por otro lado, que sólo un 10% de las películas que se ruedan en el planeta están protagonizadas por féminas. A la periodista y escritora Belén Ester Casas le da que pensar, pero puestos a preocuparse y por encima de cifras, aboga por analizar la calidad, el tratamiento de esos personajes en los que nos miramos. En su primer libro, la crítica cinematográfica argumenta, rebate y perfila un mosaico polícromo sobre la representación de la mujer en el cine contemporáneo. Con En tierra de hombres (Ediciones Encuentro, 2015) no buscaba una contestación concreta. Ir falta de prejuicios le ayudó a tropezarse con muchas respuestas, tantas como películas atraviesan su filtro. Y unas cuantas preguntas de las nuestras.

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Belén Ester Casas presentando su libro en Gijón (© Jorge Peteiro)

Nokton Magazine: ¿Las películas se adelantan a la sociedad o la sociedad avanza por delante del cine?

Belén Ester Casas: La eterna pregunta, desde el hombre de las cavernas hasta la última edición de ARCO. Creo que cualquier respuesta artística, ya sea una zarzuela hace cien años o la última película que ganara en Sundance, responde, refleja, interpela o se recrea en el mundo en que vivimos. Es la esencia y el fin último del arte por el arte. Si la sociedad se queda atrás, el cine lo reflejará. Si el cine se queda atrás, la sociedad tirará de él. Eso ha pasado siempre. Mira el Impresionismo por ejemplo. Nace la fotografía y el arte transgrede el Realismo, porque la técnica lo logra de manera mucho más real que un óleo. Y se quedan atrás Rosales, Madrazo, Rusiñol…, pero aparecen Sorolla, Renoir, Manet, y luego todos los postimpresionistas, sin los que no hubiera ocurrido todo lo demás. ¿Hubo una crisis en el arte? No. Hubo un detonante social. Y todo cambió.

NM: Recuerdas con especial cariño a la Amparo Soler Leal de La gran familia y a la Martha Scott de Ben-Hur, dos de los grandes referentes maternales del cine. Un personaje tan esencial y que tú reivindicas, la figura de la madre, ¿cómo ha sido tratado con la llegada de “la posmodernidad”?

BEC: Si hay una realidad que haya avanzado y evolucionado y que ha sido maravillosamente reflejada por el cine es la evolución de la mujer a lo largo del siglo XX porque dicha evolución se ha ido sucediendo a lo largo que avanzaba el propio arte cinematográfico. ¿Qué nos encontramos ahora? Mujeres urbanitas, trabajadoras que deciden si quieren ser madres o no. Que se han librado de esa presión social que nos decía que teníamos que ser madres y esposas y seres abnegados. Entiendo que la verdadera revolución de la mujer, el verdadero cambio está en poder elegir. De todos modos, observo en el cine contemporáneo cierta ñoñería y un montón de lugares comunes en torno a las madres del cine de hoy. Esto me irrita bastante ya que la mayor parte de madres que conozco no son ñoñas en absoluto. Pero pasa también con todo lo que es susceptible de limitarse a un cliché.

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Amparo Soler Leal en La gran familia (Fernando Palacios y Rafael J. Salvia, 1962)

NM: Este agosto Maribel Verdú estrenaba Sin hijos. En una entrevista le preguntaban si no estaba harta de que le cuestionaran su decisión de no ser madre y ella contestaba afirmativamente, y que además se sentía avergonzada cuando se lo formulaba una mujer. Nos quejamos de las creencias que persisten en la sociedad sobre las féminas, ¿pero somos nosotras quienes en realidad las sostenemos?

BEC: De nuevo, el cliché. Ese tipo de preguntas aburren, como me aburren en las alfombras rojas saber dónde se han peinado las actrices o el diseñador que las ha vestido. Tú te lees las entrevistas que se hacían a los actores de los años 30 y 40 y había un nivel de exigencia de cultura, o no ya de conocimiento, pero sí de altura de miras. Se le pregunta a Maribel Verdú si quiere tener hijos porque esa respuesta irá de cabeza a una revista del corazón. ¿Por qué? Porque hay gente que la lee. Como hay gente que lee revistas de moda donde salen las alfombras rojas. Pero mal negocio haría el cine si sólo pretendiera salir en las revistas del sector. Esto, lamentablemente, es así.

NM: Tienes predilección por Bette Davis y su Margot Channing de Eva al desnudo. ¿Qué la hace tan genuinamente única frente a otro carácter, el de Escarlata O´hara en Lo que el viento se llevó?

BEC: Escarlata O’hara me parece el gran personaje femenino de la historia del cine. Preguntémonos también si es normal que cuando hablamos de esto tengamos que irnos al año 39. Es un personaje maravilloso, capaz de reconstruirse de sus propias miserias una y otra vez. Como dice Red Butler: “qué gran mujer”. Pero mi devoción por Margot Channing es mucho más íntima. Me arrebata esa mujer que en la cumbre de su carrera entra en una profunda crisis personal porque ha cumplido 40 años, porque el hombre al que ama es menor que ella, porque entra en la madurez (madurez a los 40 en los años 40… qué fuerte) y está sola por las noches. Me encanta esa humanidad. Y esa soledad tan dolorosa que es incapaz de reconocer… Siento devoción por sus ataques de ira y sus posteriores remordimientos y admiro profundamente la belleza de la mujer frágil y desarmada de toda impostura.

NM: Es cierto que los porcentajes alrededor de los protagonismos y representaciones femeninas en el cine español de lo que llevamos de siglo continúa siendo paupérrimo (poco más de un 35% según el último test de Bechdel). ¿Cuál es tu opinión como periodista?

BEC: Esos datos son simples datos… Estadísticas que llenan titulares. Me preocupa más el tipo de mujer que cuántas mujeres salgan. El porcentaje es pequeño, pero esto tiene que hacer que nos preguntemos si es un reflejo del porcentaje de presencia de mujeres en el mundo.

NM: Citas a Olympe de Gouges (pseudónimo de la escritora y política francesa del siglo XVIII Marie Gouze). “Hombre, ¿eres capaz de ser justo? Una mujer te lo pregunta”. ¿Está anticuada la frase?

BEC: Creo que la pregunta es más actual que nunca. Me la quedo para mí. Miro a los ojos a cualquier hombre y le pregunto: “¿eres capaz de ser justo?”. Cuando haces un chiste machista, cuando consumes prostitución, cuando no das oportunidades a una mujer porque es madre… ¿Eres capaz de ser justo?

Scarlett Johansson en ‘Los Vengadores’.

NM: Te preocupa cómo la ideología de género se destila en los subtextos de las películas. ¿Te parece más peligroso que esté en todo o que el público no sea o sea poco consciente?

BEC: La ideología de género es como todas la ideologías… Una red que se ha ido extendiendo por la sociedad hasta que se adhiere a su ADN y ya no podemos entender la vida sin ella.  Todo es muy obvio en este lado del mundo occidental, y eso lo han logrado nuestras predecesoras. Pero la ideología de género va más allá, y nos dice, por ejemplo, que ser madre no es suficiente. Que las mujeres estamos llamadas a algo más que eso. Y nos meten ese modo de pensar a machamartillo. Reniego de eso. Lo verdaderamente progresista es decirle a las mujeres: eres libre para hacer lo que quieras. La ideología de género dice: eres libre para disponer de tu cuerpo y tu voluntad y ser sólo madre es un castigo. Igual que nos dice que la mujer nunca ha trabajado cuando es totalmente falso. La mujer, de hecho, siempre ha trabajado, en su campo o en su oficio con su marido. Fue la Revolución Industrial, o sea, antes de ayer, la que cambió eso. Pero desde la ideología de género nos cuentan que la mujer siempre ha estado castrada moral e intelectualmente por el yugo del varón y de la Iglesia. Creo que ese tipo de mentalidades nos enfrentan más al hombre.

NM: Son especialmente atractivos los capítulos que dedicas a la factoría Disney y a las heroínas de Marvel. A estas últimas las observas como personajes profundamente machistas. ¿No se salva ninguna de la erotización y la adopción de atributos masculinos?

BEC: Seguramente en el universo Marvel, el del cómic quiero decir, el abanico de personajes femeninos es mucho más rico. Lamentablemente lo desconozco. Pero las mujeres que aparecen en el cine desde Los Vengadores a Los cuatro fantásticos son mujeres erotizadas que tratan, claramente, de atrapar al público masculino. El personaje de la Viuda Negra en Los Vengadores se lamenta de haber sido esterilizada de niña porque se siente incompleta al no haber sido madre ¡y las feministas se comieron al guionista con patatas! Cómo si un guionista no pudiera decir por boca de sus personajes lo que le dé la gana. Si la Viuda Negra hubiera comido niños eso no habría pasado. Aunque no quiero irme del tema. Sí, los personajes de acción desde Aeon Flux o Lara Croft son sexys y aguerridas. ¡Muy reales! (ríe).

NM: No sientes una gran simpatía por las típicas comedias románticas. Prototipos de personaje, mensajes superficiales e ideales planos. Sin embargo, me encantaría que me hablaras de alguna que te haya gustado y parecido diferente. Te doy la mía: 500 días juntos.

BEC: 500 días juntos es una gran película del circuito de cine independiente de Estados Unidos. Quiero decir con esto que es una rara avis. Me encanta ver que hay pequeños reductos de originalidad en cuanto a estos temas. Pero también estoy harta, desde Meg Ryan a Jennifer Aniston, de esas comedias ligeras en las que las heroínas son siempre seres pueriles, gritones, histriónicos, con mala suerte en el amor. ¡Cómo van a tener suerte en el amor si son insoportables! Y se enamoran de un canalla que primero les espeluzna y luego las enamora. Tantos clichés, tan obvio todo… Me niego a pensar que ese es un cine para mujeres, que somos el target al que va dirigido ese subproducto de comedia. Y estas cintas parten de los grandes estudios de cine, de las grandes líneas de negocio. ¡Qué pena que ese tipo de mujer sea lo que atraiga al público!

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Fotograma de Meryl Strepp en Mamma Mia (Phyllida Lloyd, 2008)

NM: Concluyes el libro con una carta, toda una declaración de amor admirativo por Meryl Streep, de quien dices que ha hecho mucho más por las mujeres que muchos otros frentes. ¿Te pesa más la coherencia de su carrera, la feminidad de sus personajes o su comprometida cruzada por las mujeres profesionales del cine?

BEC: Quizá por una mezcla de todo. Seguramente lo principal es la excelencia. Cuando alguien es el mejor en los suyo no hay argumentos de género, de edad, de arrugas que lo rebata. Meryl lo ha hecho todo. Y todo bien. Además ha ido decantándose por personajes siempre distintos, que le aportasen algo nuevo como actriz. El mismo año que hizo Mamma Mía hizo La duda. Quiero decir la hippie pizpireta y la monja despiadada… Dentro de todo eso, además, promueve una feminidad que no reniega de su edad y del peso y paso por la vida de su rostro y de su cuerpo. Y admiro esa coherencia. Y si además se sirve de su coherencia para denunciar situaciones de injusticia por cuestiones de sexo en Hollywood… ¡para qué pedirle más!

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