Ferias de arte paralelas: mucho talento en menos espacio

Emmanuel LAFONT. ‘Aquelarre’, 2016. Courtesy: Galería Yusto Giner, Marbella.

Los últimos días de febrero se celebran, como todos los años, las ferias de arte en Madrid. Es bien sabido que no es ARCO todo lo que reluce, que las ferias paralelas en muchos casos son mucho más interesantes que la mainstream, que es la que siempre se lleva la mayor de las atenciones.

Sería muy injusto calificar estas otras ferias más pequeñas de ‘menores’, porque si lo son, es únicamente en tamaño. En lugares como Urvanity y Drawing Room, el talento, la originalidad y el compromiso están tanto o más presentes que en ARCO, que da la sensación de ser una competición por la mayor llamada de atención y por la más descompensada relación calidad-precio, si ese concepto se pudiese aplicar al arte.

En Urvanity, alojada en el Palacio de Neptuno, la urbanidad era más conceptual que palpable, pero nadie dijo que no pudiera ser así. Justo al entrar te topabas con unos cuantos Banksy, que son como el león del zoo, es el más majestuoso y conocido de todo el plantel, pero ya está tan visto que no sorprende. Muy destacable la transversalidad de Jordan Seiler de la galería berlinesa Open Walls, que junta fotografía, intervención y smartphones para crear una experiencia global a través de una app con la que, si miramos la fotografía a través de ésta, vemos en vídeo cómo el artista retira carteles publicitarios para sustituirlos por unas formas geométricas que hacen las veces de código Bidi. Pasamos por otros interesantes espacios como el de Kolly Gallery (Zúrich), que tiene al fantástico JonOne, un neoyorquino que habrá sido llamado el Pollock del grafiti en no menos de un millón de ocasiones. Pero es un cumplido.

Mención especial también para la galería local Swinton, con Saner y su colorido urbanismo indígena, así como para la viguesa Mambo y las esculturas de Isaac Cordal, con un componente reivindicativo muy alto.

La protesta, sutil en muchos casos, muy evidente en otros, también ha cubierto casi todo lo expuesto en Drawing Room, la feria de dibujo contemporáneo del Barrio de Salamanca. En esta segunda edición se puso el foco en artistas italianos, pero ese velo reivindicativo daba la sensación de estar sobre prácticamente todas las obras en diferentes formas. La que entra más fácilmente por los ojos es, sin duda, Laurina Paperina con su estridente crítica a la sociedad de consumo, llena de referencias a la cultura occidental de masas; Enrico Tealdi tiene unas pequeñas piezas hechas sobre tickets de supermercado, aunque sobre cualquier otra superficie habrían destacado igualmente por su sensibilidad y formas difusas: da la sensación de estar ante fotografías de principios del XX.

Ericailcane propone una vuelta a las ilustraciones de cuento y Elisa Bertaglia podría plasmar todo el imaginario cromático de una película de Lars Von Trier sin ningún esfuerzo. En cuanto a los artistas españoles, Alfredo Igualador muestra el drama de los refugiados de forma directa y contundente, Florentino Díaz hace un mural con elementos del cómic patrio más clásico a base de revistas, madera y grapas. También muy destacable Estefanía Martín Sáenz, con una obra sorprendente que algún modisto podría interpretar como dardos lanzados contra su persona.

El argentino afincado en Málaga Emmanuel Lafont sobresale con unas obras muy realistas a base de lápiz y tinta a las que añade unos textos en letra diminuta que añaden una conceptualidad que eleva el conjunto enormemente. Muy destacado.

Urvanity y Drawing Room sólo son dos de las varias ferias paralelas a ARCO, pero no tienen nada que envidiar a su hermana mayor. Quizás estos pequeños espacios son una mejor manera de transmitir, de conectar con las obras en un entorno simplemente con más empeño en mostrar que en vender.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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