Femení, singular enmarca un regreso y, en el viaje, un prólogo. El director Xavi Puebla (Barcelona, 1969) -volcado en la docencia cinematográfica- estrena su cuarto largo catorce años después de la milleriana A puerta fría. Apunte que se celebra junto a la primera incursión de la actriz Vico Escorcia (Ciudad de México, 1996) en el cine patrio. Con una carrera labrada entre tierras mexicanas y EEUU y perfil políglota, la intérprete se lanza casi sin red al catalán -presente en un 60% de las secuencias rodadas- y consolida el empeño. Estrenada en el Festival de Málaga, la película aborda la condición de mujer, migrante y empleada de hogar desde una cercanía incómoda para explorar la dependencia, el privilegio y la dignidad de quienes sostienen la vida ajena sin acceso a derechos propios.
Nokton Magazine: Xavi, si en 2012 explorabas “un mundo a dos velocidades” -como sueles decir cuando hablas de A puerta fría, ¿de qué modo abordas en Femení, singular el conflicto entre los automatismos heredados y la necesidad de priorizarse a uno mismo?
Xavi Puebla: Nayeli, la protagonista, se desconoce. La vemos descontextualizada, fuera de lugar. Está tan acostumbrada a actuar de manera autómata en función de unos condicionantes adquiridos, educacionales, de creencias, de contexto social… que ya ha asumido un papel de manera dócil. Su recorrido durante la película será el descubrimiento de sus propias decisiones. Mi intención era poner al ser humano en el centro de la cuestión para observar al personaje más allá de los atributos, circunstancias, etiquetas de procedencia y de género que le definen.
NM: A veces cruzamos por la vida de ciertas personas como si fueran sombras decorativas. ¿Qué representa Nayeli, Vico?
Vico Escorcia: Un sector que malamente invisibilizamos mucho, con quien no compartimos más de un par de minutos al día de manera muy transaccional. También personifica la falta de identidad que puede vivir una persona migrante que busca encajar y cumplir con la expectativa consciente o inconscientemente, abandonando su propia identidad. Como mujeres nos puede ocurrir mucho a la hora de cuidar, de querer proteger a los nuestros. En el camino perdemos conciencia de nuestra identidad individual. Esta película nos obliga a empatizar con ella y humanizarla. Es la historia de una mujer que poco a poco empieza a tocar fondo y cambia la manera de ver su vida.
NM: ¿Un fondo que le permite remontar con un vuelo ligero?
VE: Llega un punto en que no se puede caer mucho más abajo y no hay otra dirección más que ir hacia arriba. Me parece interesante que la narración explore maneras de levantarse que quizás, por ejemplo yo como Vico, no hubiera buscado por mi identidad y mi historia. No por eso dejan de ser formas de buscar la libertad. El arco de Nayeli parte de la valentía de tomar posesión de su vida.
NM: ¿Cuánto pesa el recorrido de vida a la hora de visibilizar al personaje?
VE: Siendo mexicana y migrante, hay líneas que comparto con Nayeli en cuanto a la experiencia de la soledad. A la vez, nunca he estado embarazada. Puedo tener una idea porque lo he atravesado en ficción siete veces (ríe), pero realmente no he maternado. He escuchado las ideas de mi personaje, las he tomado y las he defendido, entendiendo su importe, aunque no compartamos el mismo camino.
NM: Las mayores tensiones sociales no se libran tanto en la calle como en la intimidad del hogar. ¿Rodar estrechamente entre sus cuatro paredes es una decisión política?
XP: Poner al personaje en una situación que abre una ventana a una realidad a la que no estás acostumbrado y colocar la cámara en un lugar u otro, tomando decisiones visuales, narrativas y sonoras, siempre comporta un posicionamiento. La película no se inhibe de su naturaleza política, pero lo que primaba para mí era alejarla de cualquier discursividad. No pretendía utilizar al personaje para transmitir una idea, Nayeli no es una marioneta. De ahí nace que la cámara no tome demasiada distancia y la acompañe en una escala de plano que obliga a tomarla de la mano y acompañarla en su odisea. No me gustaría que la historia impusiera una lectura unívoca ni que prevaleciera la reflexión sobre la emoción.
NM: La contraparte social recae en la señora de la casa, interpretada por Nora Navas. Dista de ser la antagonista del cuento, pero el público puede reconocer esa mezquindad que a menudo se disfraza de buena voluntad.
VE: Todo el mundo tiene sus motivos. No sabemos lo que no sabemos.
XP: Incluso la primera vez que nos vimos le dije a Nora que por mis circunstancias personales y, aun lejos del estatus de su personaje, estaba más próximo al suyo que al de Nayeli. Puede que me sienta así por aquello de que siempre intentas cuidar de los hijos que te salen difíciles. Yo quiero querer a todos los personajes porque si ya empiezas a demonizarlos… Ella no actúa intencionadamente, es fruto de sus circunstancias socioeconómicas. Así lo trabajamos. Porque al final acabamos pensando como vivimos y hacemos lo que el instinto nos dice, aunque luego descubramos nuestros errores.
NM: ¿Ves a Nayeli como el producto de un sistema que ofrece todo tipo de posibilidades, pero ahoga al que intenta zafarse?
XP: Son las contradicciones inherentes e implícitas de esta sociedad. Las personas en situación más desfavorable son las que se llevan la peor parte. Antes hablábamos de A puerta fría, que también tiene la esclavitud laboral como uno de los temas centrales. El trabajo se convierte en un peso que limita nuestra posibilidad de ser libres. Femení, singular habla de una mujer que trabaja siete días a la semana en dos empleos distintos y aun así no puede cubrir sus necesidades esenciales. Se ve todavía más sometida por las inclemencias del sistema al estar un escalafón por debajo que el comercial protagonista de mi anterior película.
NM: ¿Qué significa la palabra libertad para vosotros?
VE: La capacidad de tomar tus propias decisiones, a pesar de sus consecuencias. Para mí está más en qué tanto tengo que considerar a los demás a la hora de decidir, qué tanto me puedo dar ese lujo sin considerar a otros. Para Nayeli significa algo distinto. Es una mujer que parió una hija. Con la maternidad yo tengo una relación en este momento de mi vida conflictuada porque no sé qué tanta libertad hay si necesitas vivir por y para tu hijo. Hay algo que se pierde, pero también es la opinión de una persona que tiene 30 años y le queda mucho por vivir. Sé que las madres me dirían que “para nada”. Me imagino que hay un espectro muy amplio de perspectivas sobre eso.
XP: Vivimos un tiempo en el que la libertad es una cosa muy extraña, es “mi libertad”, poder actuar conforme a las convicciones propias, aunque sea para equivocarse. Hablamos mucho durante el rodaje de dejar que la película estuviera plagada de claroscuros. Creo que es muy bueno evitar definir de una manera muy meridiana. Si caemos en eso, los personajes corren el riesgo de convertirse en vehículos de ideas. La película llama a la empatía. El rechazo inmediato es facilísimo, lo que cuesta es intentar comprender. ¿Para qué conversar con alguien que piensa como tú?
NM: ¿El título señala, en última instancia, la afirmación de la singularidad?
XP: Le dimos muchas vueltas. Pensé que debía ser coherente con la estrategia narrativa de la película e, igual que esta da espacio para interpretarla, el título no debía cerrar un sentido. Femení, singular eran dos palabras que resonaban a lo largo del metraje y se prestaban a diferentes interpretaciones. Todas válidas. Como la especificidad y singularidad de cada vida humana. Porque el gran error, relacionándolo con el fenómeno migratorio, es incurrir en la generalización. Ese es el primer paso para la deshumanización.
VE: Al principio, Nayeli está vacía y se llena de su entorno y no termina de autodefinirse, pero a lo largo de la película va dando más importancia a sus propios deseos y necesidades. Creo que dentro de esa singularidad está el valor de su individualidad. Al fin de cuentas es su historia, es su vida y es su vientre. Incluso, como mujeres entre mujeres, no podemos asignar a las otras nuestra moral y nuestra perspectiva. Vivimos nuestro propio destino.
