¿Está ideado el Poirot de Kenneth Branagh para los lectores?

El Poirot de Kenneth Branagh.
El Poirot de Kenneth Branagh.

Hércules Poirot solo hay uno, el que creó y dio vida Agatha Christie. Pero representaciones hay varias, ya que el personaje enseguida salto del papel a la pantalla. Las últimas adaptaciones cinematográficas le recuperan con una nueva cara. Una cara en la que lógicamente también luce su particular y orgulloso bigote. Sin embargo el Poirot de Kenneth Branagh persigue unas explicaciones de la vida del detective que nunca fueron relevantes en el original. ¿Necesitamos saber la historia behind the mustache?

Poirot es un detective a un bigote pegado. Es un hombre distante que cuando habla en los libros sobre su pasado o su vida personal entremezcla anécdotas reales y ficticias no permitiendo al lector que le conozca del todo (y sirviéndose de esos juegos siempre para apoyar sus investigaciones). La última entrega cinematográfica Muerte en el Nilo sí busca contarnos su historia, de dónde viene su bigote, cuál fue su pasado. Unos conceptos que, en ese formato de misterio que últimamente vienen definiendo como whodunit y que se centra en tramas de resolver quién lo hizo y de desenredar el enigma, quizás no sean requeridos. Parece que el lector de Christie quiere resolver el misterio, y el espectador conocer la vida del personaje.

El Poirot de Kenneth Branagh, al que da vida como actor y movimiento como director en las dos adaptaciones ya estrenadas: Asesinato en el Orient Express y recientemente Muerte en el Nilo y que además ya se ha confirmado que habrá una tercera entrega (aunque se desconoce la fecha y el libro que se adaptará para cerrar esta trilogía), es un nuevo Poirot. Más allá de los aspectos técnicos de la cinta, del elenco o del guion, aquí importa el personaje. Y por ello surge la duda constante durante el visionado de para quién está pensado.

Quizás porque hasta esta saga a manos de Branagh el detective más popular de Christie (recordemos que tiene otros como Mrs. Marple) no había dado el salto a película taquillera y pensada para el más puro entretenimiento palomitero, como si hizo otro de los grandes detectives de la literatura, Sherlock Holmes, con la saga dirigida por Guy Ritchie. Y probablemente como en aquellas el producto audiovisual no está enfocado a los seguidores de los libros.

 

En Muerte en el Nilo  nos encontramos un asesinato por resolver pero, para hacerlo, este Poirot  toma un cariz personal que no había sido de demasiado interés para los lectores que buscaban resolver el misterio. Ni para la propia autora que nunca vio la necesidad de profundizar demasiado en la intrahistoria del personaje, de crear un incentivo para ahondar más en su historia personal. Bastaba conocer sus principios y sus habilidades.

En estas películas de Kenneth Branagh sin embargo el personaje pretende volverse más profundo, de hecho en esta última entrega se muestra especialmente taxativo con los sospechosos, algo desconcertante para quienes llevan tiempo compartido historias con el detective. Aunque es innegable que esa diferenciación es premeditada como puede extraerse de estas palabras del guionista, Michael Green, en una entrevista con The Script Lab: “La escritura de Agatha Christie no extrae las emociones del personaje tanto como toma nota de las emociones. Quería que pareciera que estas son cosas reales experimentadas por personas reales. Eso no significa que no puedas tener momentos elevados para la diversión o la comedia. Es una historia bastante oscura sobre un asesinato oscuro que venga un asesinato aún más oscuro. Quería que se sintiera como si todas estas cosas les estuvieran sucediendo a estas personas con una vida interior más verdadera que siento que nunca se ha hecho realmente”.

Quienes se acerquen por primera vez a Hércules Poirot, uno de esos detectives que junto a Sherlock, Marlowe, Dupin o Magrite ha marcado el perfil de investigador en la ficción, quizás encuentren atractiva la teatralidad del personaje y la historia de los porqués de sus actuaciones. Para quienes lo conozcan se generará un debate sobre si el Poirot de Kenneth Branagh perdurará como imagen.

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