La dedicatoria de La magia de la luna en ti ilumina el trazado de sus páginas al mencionar a “todas aquellas que un día miraron la luna y dejaron de sentirse solas”. El tercer libro de la autora y creadora de contenido Aloma Martínez (Madrid, 2001) propone un refugio de escritura y autocuidado a partir de la naturaleza femenina, los ciclos del astro crepuscular y el carácter de inspiradoras diosas helénicas. Un journal donde el ritual y la palabra son tan sagrados como el mapa íntimo de cada lectora.
Nokton Magazine: La luna representa el poder femenino. ¿Este journal semanal es un recordatorio de la fuerza que albergamos cada una de nosotras?
Aloma Martínez: Me parece una forma muy bonita de decirlo. Yo creo que este journal es una herramienta que podemos utilizar como un pequeño refugio en el que expresarnos, poner en palabras lo que nos sucede y acoger todos esos cambios y transformaciones. Y sí, efectivamente, también recordar esa magia y esa fortaleza que nos pertenecen.
NM: Los antiguos ya observaban la luna con atención por su influencia sobre la naturaleza. Para las mujeres auspiciaba fertilidad. Aunque no pretendes asentar cátedra en los razonamientos que planteas, ¿crees que hemos olvidado su germen de vida por querer desterrar cualquier síntoma de superstición?
AM: Antiguamente, por pura supervivencia, estábamos mucho más vinculados a la naturaleza y a sus ciclos. Hoy, por el avance científico y la tecnología, nos hemos ido distanciando de todo aquello que en su momento marcaba el ritmo de la vida. Yo no lo interpretaría como superstición, sino como la pérdida de una mirada sensible y de la magia de los simbolismos. Existe una conexión indudable entre el cuerpo y el entorno. Para mí, recuperar ese vínculo no implica renunciar a los avances ni al mundo actual, sino aprender a integrar ambas cosas. Al final, se trata de encontrar un equilibrio.
NM: En el libro hablas de las diosas Selene, Artemisa, Hécate y Deméter. ¿Cuál de sus relatos conecta más con el curso de tu vida?
AM: Lo maravilloso de los mitos griegos es que reflejan con enorme precisión los conflictos que seguimos experimentando los seres humanos. Por eso creo que todas podemos vernos reflejadas en ellos, cada una desde su propia mirada e interpretación. En este caso, quizá elegiría a Artemisa por esa fortaleza que tanto admiro: su capacidad para marcar límites, para protegerlos y para no temer las consecuencias cuando alguien los traspasa. Me parece una figura profundamente poderosa. Este mito, en particular, me resulta muy revolucionario en todos los sentidos.
NM: Recomiendas empezar a escribir este cuaderno en la fase creciente de la luna. ¿Qué proceso transitamos desde que la luna renace hasta que alcanza su plenitud?
AM: Es un proceso de transformación absoluto. Con la luna nueva partimos del descanso y la calma. Poco a poco, con la luna creciente, comenzamos a resurgir. Alcanzamos nuestro momento de plenitud con la luna llena y, finalmente, con la luna menguante, volvemos a recogernos para reunir las fuerzas que nos permitirán iniciar el ciclo una vez más.
NM: La astrología no pertenece al ámbito de lo científico, pero redunda en la esfera cultural a través de los signos zodiacales. Planteas rituales para cada signo. ¿Todos tenemos un “yo” ancestral, aunque seamos escépticos?
AM: La astrología es una herramienta de introspección que nos permite pensarnos, cuestionarnos y observarnos en determinados momentos de nuestra vida. Más que hablar de un “yo” ancestral, diría que existe en todas nosotras una parte intuitiva o imaginativa capaz de conectar con los arquetipos que proponen los signos del zodiaco. Los rituales de La magia de la luna en ti son ejercicios sencillos de autocuidado, inspirados por la energía que representa cada signo. No es necesario creer en la astrología para realizarlos: son prácticas pensadas para el bienestar personal y para regalarnos un momento de calma en medio de la vorágine de la rutina semanal.
NM: ¿Conocías la interrelación entre el ciclo lunar y el ciclo menstrual cuando empezaste a preparar el journal?
AM: No recuerdo exactamente cuándo tuve mi primer contacto con este mundo maravilloso, pero me atrevería a decir que siempre he sentido un vínculo especial con estos temas. Aun así, 2022 fue un año importante para mí, un momento en el que empecé a tomar más en serio mis propias preguntas e intereses. Desde entonces llevo varios años conectando con mis fases menstruales y con lo que la luna representa, incorporándolo a mis pequeños rituales diarios e investigando un poquito más cada día. Además, la creación de este journal me ha ayudado a reunir toda la información en un mismo lugar, a ordenarla y también a organizar mis propias ideas. Ha sido un proceso muy inspirador y profundamente gratificante.
NM: La primera vez que posaste los ojos en el cielo estabas de campamento, apenas eras una niña. La contaminación lumínica, el ruido, el atropello de los días… ¿nos evade de nuestra naturaleza lunar?
AM: Hace poco, la revista Science Advances publicó un estudio liderado por la neurobióloga Charlotte Helfrich-Förster que planteaba la posibilidad de que el uso de los móviles y la luz LED pueda influir en que la menstruación ya no esté tan alineada con los ciclos lunares. Resulta impactante pensar que, incluso a nivel físico, estos factores puedan estar contribuyendo a un mayor distanciamiento de la naturaleza y de nuestros propios ritmos. A esto se suman otros aspectos fundamentales, como el estrés, los cambios en la alimentación o el hecho de vivir en un sistema que rara vez da espacio a nuestra menstruación.
NM: Confiesas que durante mucho tiempo negaste sensibilidades y creencias personales y que este proyecto ha significado una liberación. ¿Hay salida para escapar del síndrome del impostor, ese factor común en la mayoría de las mujeres?
AM: Me gustaría daros la solución, pero la verdad es que yo tampoco la he encontrado. Lo único que he aprendido hasta ahora es que no podemos permitir que el miedo nos paralice. Siempre pienso que, en este mundo, hay muchos hombres que no se preguntan si son dignos o no de hacer algo: simplemente lo hacen de la mejor manera que pueden y celebran sus logros. Mientras tanto, nosotras solemos preguntarnos una y otra vez si somos lo suficientemente válidas para ocupar el espacio por el que tanto hemos trabajado. Es algo que debemos dejar de hacer. Tenemos que habitar los lugares, hablar incluso cuando nos tiemble la voz y seguir creando, aunque aparezca la inseguridad. A veces se trata, simplemente, de avanzar a pesar del temor.
NM: Tu segundo libro, Obsidiana, giraba en torno al mito griego de Circe. Luego alumbraste La magia de la luna en ti. ¿Forma parte de un ciclo de descubrimiento en el que todavía surgirán más obras en torno a los mitos y saberes clásicos?
AM: Sí, por supuesto. La mitología griega es un lugar en el que me siento cómoda y que deseo seguir explorando. Me parece un mundo fascinante. Y aún me quedan muchísimas cosas por aprender, pero me ofrece una inspiración y una motivación increíbles. Siempre ha sido así, y resulta maravilloso poder entrelazar mi trabajo con temas tan apasionantes. Si a la Aloma de hace diez años le hubiera dicho que esta sería mi dedicación, le habría dado una alegría inmensa. Así que, por ahora, es el lugar en el que deseo quedarme para seguir creando.
NM: La poeta del s. XVIII, Tagami Kikusha, tiene un poema que dice “Tomando el fresco sobre el puente la luna y yo quedamos solas”. Miramos al cielo en un ejercicio solitario y crepuscular, ¿pero compartimos el anhelo de una nativa pertenencia al ‘aquelarre’?
AM: Tener una comunidad, especialmente con otras mujeres, me ha dado muchísimo aprendizaje, un sentido de pertenencia muy importante y un refugio absoluto. Me ha reconectado con la magia de la amistad y de esos lazos que son esenciales para sentirnos acompañadas en un mundo que, a veces, puede resultar muy solitario. Considero que todo este universo del autoconocimiento puede volverse, en ocasiones, excesivamente individualista. No estamos solas en el mundo, por fortuna. Vivimos en sociedad, y contar con otras personas (y poder cuidarlas también) es fundamental. Creo que, al final, todas experimentamos ciertos anhelos, pensamientos y momentos que no tienen por qué sostenerse en soledad. Muchas veces, compartir algo tan especial como mirar el cielo puede ser una de las vivencias más bonitas del mundo. Así que siempre animo a buscar vínculos. Solo hace falta estar atentas y mantener los brazos bien abiertos.
