Política, manual de instrucciones (para crear un arma propagandística)

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España está jodida. Hablar de recuperación es una broma de mal gusto, deshumanizar la situación social al convertirla en datos macroeconómicos es una falta de respeto apoyada en el vil ejercicio de la demagogia. España está jodida; el pueblo, indignado. Años después de que “crisis” se convirtiera en palabra comodín de las tertulias de bar, la gente salió a las calles. No fue algo premeditado; la planificación no tiene cabida en las revueltas sociales.

Las calles, el lugar en el que la gente se defiende, el punto de intercambio de ideas y de movilización colectiva. Las calles son el germen para el único cambio posible, que es el que desestabiliza el orden instaurado. España estaba harta de ser engañada, de ser desvalijada, urgía un cambio. Coitus interruptus. La lucha ciudadana se canalizó a través de plataformas políticas, como si el sistema se pudiera cambiar desde dentro, como si el problema no fuera el propio sistema, sino las personas en el poder.

Revolutio interruptus. Duro golpe del sistema. El resultado fue Podemos, partido político integrado en el organigrama para darse codazos con los pesos pesados de la política en su ascenso al poder. Una organización fundada en las calles y espoleada a ritmo de “esperanza”, “ilusión”, “corazón”, palabras tan ilusionantes como vacías. ¿La llave del cambio? El tiempo lo dirá. De momento, un documental ha plasmado su escueta vida.

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Las facilidades inherentes al cine digital permiten una mayor versatilidad en el rodaje, capaz de desarrollarse con pocos medios sin perder demasiada calidad. Es por ello que en esta década han aparecido gran cantidad de documentales –máximo exponente de la filmación sobre la marcha– con un excelente acabado técnico a pesar de la relativa precariedad de medios.

No se trata de salir a las calles con una cámara casera, pero sí de que con pocos medios se pueda plasmar los acontecimientos con encuadres académicos, iluminación adecuada y gran calidad de sonido, lo que conforma un producto audiovisual que no encuentra problemas para ser proyectado en cines comerciales.

El fenómeno #EstaPasando, tan asociado a dispositivos portátiles con conexión a redes sociales, encuentra cabida en un cine que evoluciona hacia formas que aspiran a la inmediatez. Ejemplos como el de Citizenfour (Laura Poitras, 2014) dan buena cuenta de este fenómeno. Entre sus fotogramas se colaba la historia de Edward Snowden y su cruzada contra las prácticas de espionaje que la CIA llevaba y lleva a cabo. El mayor hallazgo de este documental era la capacidad para desglosar cada uno de los pasos dados por su protagonista en esta batalla que lo ha llevado al exilio, para contar los acontecimientos en falso directo, y no en retrospectiva, para atestiguar en primera persona lo que en cada momento sucedía.

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Política, manual de instrucciones (Fernando León de Aranoa, 2016) plantea una idea similar, aunque en este caso se sube a un tren en marcha, con la organización política Podemos ya fundada. Este aspecto y la temática a tratar, lo hermanan con otro documental que ha llegado a la cartelera española sólo una semana antes. Alcaldesa (Pau Faus, 2016) narra otra escalada política, esta vez la de la actual alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la integrante más mediática de la Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH).

Dos ascensos políticos que nacieron en las calles, dos movimientos creados desde la indignación ciudadana, dos aproximaciones diferentes a la idea de hacer política, dos propuestas que están contando con un respaldo electoral impresionante. Dos sucesos que han cambiado la Historia de España, pero cuyas respectivas repercusiones a largo plazo todavía están por ver. ¿Torbellino de cosquillas o terremoto decapita-sistemas? Se estrellen o surtan efecto, lo cierto es que son dos casos que piden ser contados, y eso han hecho tanto Fernando León de Aranoa como Pau Faus, quienes abordan sus obras desde el mismo prisma, aunque obteniendo resultados diferentes.

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Si por algo destaca la película sobre Ada Colau es por la capacidad para mostrar a la persona que habita esa imagen pública. En Alcaldesa hay un vaciado de la personalidad de Colau, una apertura ante la cámara que muestra debilidad, dudas, felicidad sincera y demás emociones que, como tales, se alejan de la habitual escenificación preparada de todo acto político. En un mundo de apariencias, Ada Colau se atreve a mostrarse tal y como es, y lo que podría ser un tiro en su propio pie se convierte en un canal de confianza que se abre entre el público y ella. Nada de esto aparece en Política, manual de instrucciones, y este es el principal defecto del mismo, pues si la idea de la obra es mostrar la cercanía de un movimiento ciudadano, el objetivo ha quedado lejos de cumplirse.

La proximidad de una cámara que persigue a Pablo Iglesias por los pasillos de platós y oficinas, o que aborda las extensas disertaciones de Íñigo Errejón sobre el ejercicio político, contrasta con una lejanía en el retrato de sendos personajes.

Todo se queda en la escala pública, en la repetición del discurso ofrecido ante los medios. No es tanto una cuestión de que la persona deba mostrar su intimidad; si el documental ha decidido limitarse a la vertiente política, en su derecho está. El problema surge cuando ver un mitin o esta película es poco menos que lo mismo, pues la intimidad se limita a filmar a estas personas en lugares poco habituales.

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Otro asunto espinoso que envuelve a Política, manual de instrucciones es su carencia de autocrítica. Como en el caso de la intimidad, es respetable que el documental decida tomar partido y prescinda de la objetividad; el verdadero problema es la incapacidad para realizar un ejercicio crítico sobre aquello que se está filmando. Desde el primer momento, en el documental se observa una aspiración de este movimiento por convertirse en partido político, idea que ha generado controversia en una sociedad recelosa de todo lo que tenga que ver con “la vieja política”, una polémica que el documental esquiva casi como si esta no existiera.

Más allá de los debates de la Primera Asamblea Ciudadana Podemos, de octubre de 2014, y el par de apariciones de Juan Carlos Monedero, el documental obvia todo elemento desestabilizador del discurso, como si la película hubiera sido hecha por los propios integrantes del partido y fuera más un arma propagandística que un ejercicio de análisis político. Y si este asunto se narra de pasada, nada se comenta sobre las dudas que suscita la famosa “transversalidad” del partido, que para un sector importante de los votantes de Podemos significa “no mojarse para arañar el mayor número de votos posibles”.

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Tampoco hay una disección del interior de este organismo, un ejercicio que explique a la audiencia qué implica formar parte de Podemos y cómo funciona este partido político.

Tampoco aprovechan una de las mayores bazas, como es el hecho de lo que cuesta dar forma a una organización pequeña cuando los Goliats de turno se empeñan en hacerla desaparecer, ya sea mediante difamaciones o trabas legales de dudosa justificación.

El conjunto del documental es poco de mucho y un mucho de nada. Entre el intento de cercanía, el relato de la gestación, el seguimiento cronológico, la lucha ciudadana y la evasión de toda autocrítica, Política, manual de instrucciones se establece como un masaje glorificador de este movimiento convertido en partido político, que se estrena en el momento óptimo para terminar de convencer a los que dudan y para ganarse el voto de quienes desconfían de las intenciones de Podemos.

Un ejercicio que entusiasmará a muchos pero que no plantea ningún reto al público, al que da todo mascado y lo exime de plantearse cualquier duda.

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Fotos: Betta Pictures

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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