‘Juego de Tronos’: en el límite

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Emblemas de las siete casas de Poniente en la ficción televisiva 'Juego de Tronos'.

La vida son elecciones. De pequeño, o eras de Kas naranja o de Kas limón, de Nesquik o Cola Cao; en el patio del instituto, o leías la Vale o leías la Súper Pop; incluso tu madre debía elegir si te peinaba con la raya a la izquierda o a la derecha. Todas estas elecciones marcaban tu vida, iban perfilando quién serías el día de mañana y, lo más importante: te preparaban para tomar otras muchas decisiones en el futuro. Te preparaban para la elección más crucial: Lannister o Stark.

Y esto, simplificando, porque el universo absolutamente detallado de Juego de Tronos da para mucho más que dos familias enfrentadas. El alcance que han tenido las novelas de Canción de hielo y fuego  de George R. R. Martin – recreadas por HBO supera cualquier expectativa inicial. Tanto que es raro el día en el que las noticias acerca de la producción de la serie no sean portada de las secciones televisivas en medio mundo.

Porque, aunque Poniente solo exista en la ficción y en los libros de historia antigua del rapero Snoop Dogg, quien recientemente nos dejaba ojipláticos con el titular “Veo la serie por motivos históricos, para tratar de entender cómo era el mundo antes de que llegara yo”, lo cierto es que los seguidores de Juego de Tronos viven sus tramas políticas en el límite, creyendo en ocasiones que Winterfell será dentro de poco un destino más de Ryanair.

No es de extrañar si tenemos en cuenta que ya hay quien ha fijado un coste inmobiliario a las inmensas fortalezas que aparecen en la serie. Todo un alivio saber que, aunque en la vida real ya nos cueste pagar el alquiler, en la irreal tampoco podríamos permitirnos asumir los casi 1.400 millones de euros de la Fortaleza Roja en King’s Landing o los 9.300 millones de euros de la Gran Pirámide de Meereen (sin arpía de bronce incluida).

Siendo justos: ¿quién no pagaría algo parecido por un chalecito en la tierra de la libertad de la intensamente rubia Daenerys Targaryen? Y es que, según quien gobierne, el mercado fluctúa. Quizás por ello, el suntuoso reino de Dorne, antes conocido como Sevilla, ha revalorizado el interés turístico de la capital hispalense. Según datos del comparador de vuelos y hoteles Skyscanner, las búsquedas de la capital andaluza han crecido un 107% desde el estreno de la quinta temporada de Juego de Tronos.

Precisamente los Reales Alcázares de Sevilla, actualmente la localización de los Jardines del Agua de Dorne, fueron asaltados hace unos días por un estudiante americano con una beca de intercambio que (posible spoiler), poseído por el espíritu de Jamie Lannister, se coló de madrugada hasta el Patio de la Montería y el Cuarto Alto para simular algunas de las escenas de la ficción televisiva. Los responsables del Alcázar no han interpuesto denuncia porque, entre nosotros, ¿qué daño puede hacer un fan de Juego de Tronos en un monumento con siglos de historia?

Mirando hacia el futuro de la serie, hace poco se confirmaba que Girona será el escenario de nuevas localizaciones para su sexta temporada. Si es verdad lo que le dijo Pablo Iglesias a Felipe VI cuando le regaló los DVDs de Juego de Tronos y gracias a ella “se aprende mucho de la crisis española”, quizás nos toque a todos bajarnos del pedestal, salir con los dragones a la calle y gritar eso de “Winter is coming”… Es solo una idea.

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