Franz Ferdinand sólo quería ligar

Un sol de tres pares cae sobre una Madrid que comienza a despoblarse como cada verano. No duerme como en la Regenta porque casi no son ni las 12 del medio día y la única siesta que se podría asomar es la del borrego, aka de la gallina, según zona. Esa noche se darán cita en el parque Juan Carlos I de la capital miles de personas en la primera noche del, extinto en ese megaformato, MetroRock. A esas horas, en los alrededores del recinto que aún no ha abierto las puertas, varias decenas de asistentes se protegen en grupos bajo las sombras de los poco árboles que la aportan. Una furgoneta se acerca y frena junto a la verja. De ella bajan cuatro guiris, porque lo son, con cara de estar alucinando con todo. No se dirigen directos al interior de la zona en la que se desarrollará el festival, algunos de los habitantes de las sombras los reconocen. Son los escoceses de moda, cabezas de cartel de esa noche, Franz Ferdinand. Ellos, como niños que conocen a sus ídolos, se acercan al público que espera para darles las 10899391524_5864886273_zgracias por venir. La que firma da fe, estaban realmente emocionados de ver tanta gente esperando por ellos, aunque realmente fuera porque el horario de sus transportes no diera para otra organización del cronograma. Quizás allí, en la sombra de uno de esos árboles madrileños, reposa y sirve de apoyo otra pieza de la Roca Madre.

Esto fue dos años después del fulgurante lanzamiento del primer disco de estos chicos de Glasgow, porque las cosas de la música británica siempre tardan un poco más en llegar a los grandes escenarios de este país. Ellos, que empezaron en la música como cualquier joven, en bandas de garaje, aporreo de guitarras e imitando a sus bandas de referencia, dicen entre risas que lo único que querían al principio era ligar. La diferencia entre Alex Kapranos, Nick McArthy, Bob Hardy y Paul Thomson respecto a otros es que las playas de Escocia no se suelen prestar al tonteo de noches con guitarras y muchachas y muchachos alrededor. Principalmente por el frío.

Con Franz Ferdinand y su disco homónimo la plantilla de bandas de brit-pop/brit-rock independiente crecía. Lanzaron dos discos en dos años, sea por la urgencia, sea por la necesidad artística de completar la obra inacabada del primer álbum. La crítica se mostró algo recelosa ante dos discos tan seguidos y que tan bien sonaban, como si la creación a borbotones y sin tiempo de maceración fuera absolutamente negativa. Se les comparó en las publicaciones especializadas en el tema con bandas británicas tan históricas como The Who, Sex Pistols, Travis o Blur, además de las gotas de The Beatles y The Rolling Stones que640px-Franz_Ferdinand_@_The_Week,_São_Paulo_06 parecen siempre presentes en cualquier banda de las islas. Un experimento sin gaseosa y con éxito que  hacía confluir el mejor punk-rock con tintes electrónicos y un poco de funk tremendamente bailable. La diferencia parecía ser que musicalmente eran buenos. Tenían formación como músicos y eso se notaba. 38:49 minutos de primer álbum contundentes de los que los singles extraídos sólo podían llenar las pistas, aunque el primero, Darts of Pleasure, no tuviera el éxito esperado. A veces lo breve… Hay quien afirma que el concierto de Franz Ferdinand perfecto podría resumirse, después del segundo disco You Could Have it so Much Better… With Franz Ferdinand, en una sucesión en bucle de los temas referentes de la banda: Do You Want To y Take Me Out. Y así todo el rato. Dos temas de los que llegaron a decir que acabaron por definir el concepto de la música indie.

Desparpajo, frescura, inocencia y mucho mucho morro, además de elegancia en el escenario. A un buen disco, o dos, lo mejor que le puede acompañar es un directo con peso. Cuatro chicos, tirando a flacuchos, llenaban y dominaban el escenario como hacía mucho que no se veía. Luces, guitarras, la entrada justa de la batería y del bajo, un sonido redondo y el público se lo suelen quedar bien guardado en el bolsillo. Franz Ferdinand es una banda que ha sabido crecer con la música y con sus seguidores, han improvisado y experimentado para completar su sonido. Han dado con la tecla que une la buena ejecución y la mejor clase en la puesta en escena. Podían haber llenado las listas de las radiofórmulas porque conjugaban sonido pegadizo y bailón con una estética medida y cuidada de chicos que se duchan todos los días, se peinan bien y planchan sus camisas. Y así de arreglados no se les movía la raya del pantalón cuando saltaban al foso de los conciertos para agradecer cara a cara al público que se encontraba en primera fila del bolo de turno. Quedan bien con las muchachas y los muchachos, porque en el inicio el único objetivo era ligar.


Fotos: Begoña (cc) / Bruce (cc) / Silvio Tanaka (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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