El mejor poeta desconocido

Al mejor poeta desconocido

“La poesía se muere de éxito”. Así de contundente se muestra Pablo Méndez, poeta y editor de Vitruvio, cuando se le pregunta por la situación del sector en nuestro país. “Cuando era joven decidí que quería vivir de la poesía y, por ello, monté la editorial”, asegura Méndez.

Mientras habla, recuerdo aquellos días en que, al entrar en una librería, buscaba el lugar destinado a la poesía. Un pequeño rincón casi escondido, cerquita del teatro (otro gran relegado), entre estanterías y estanterías de narrativa, amenazantes, soberbias, mirando por encima del hombro a su hermanita pequeña, esa aburrida y romanticona poesía.

Un grupo de nuevos poetas intenta revivirla y, con actos como éste en el Café Comercial, lo consiguen. Admiro, maravillada, una sala llena de público, dispuestos a escuchar ‘Al mejor poeta desconocido’, una lectura realizada por seis poetas contemporáneos que ceden el lugar que le corresponde a otros no tan reconocidos. Caras jóvenes, sala llena, silencio y comienza el recital. Pablo Méndez, Alfonso Berrocal, Rafael Soler, José Elgarresta, Antonio Daganzo y Fernando López Guisado nos invitan a viajar a otros mundos (que son éste), a sentir el “gusto de comerse un corazón amargo” y a ver caer una tormenta con un “viento que rompe todo en la calle como si fuéramos libres”.

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Lectura poética con Rafael Soler, Fernando L. Guisado, Antonio Daganzo, Pablo Méndez y José Elgarresta.

Aplausos, silencio, alguna lágrima. Quizás sea la crisis, quizás necesitemos de nuevo la poesía, no como canto a lo bello, sino esa “poesía herramienta” de la que nos hablaba Celaya, esa poesía “cargada de futuro con la que te apunto al pecho”. Según Méndez faltaba una poesía del hombre de hoy, de sus problemas. Puede que ése sea el camino, que gracias a él y otros jóvenes editores, la poesía salga de esa oscura estantería, vuelva a la calle, a las plazas, al grito de los jóvenes, al lugar que le pertenece.

Esos son los poemas elegidos en la lectura, Alejandro Romualdo es un claro ejemplo:

[…]Si me quitaran las palabras

o la lengua,

hablaría con el corazón

en la mano,

o con las manos en el corazón.

Si me quitaran una pierna

bailaría en un pie.

Si me quitaran un ojo

lloraría en un ojo.[…]

España está llena de poetas, de un número fiel de lectores que consumen poesía. Esto la mantiene con vida. Por ello, se muere de éxito porque, según Méndez, hay muy buenos poetas y el público no sabe dónde acudir. Quizás haya que reeducar a nuestros libreros, a que lean poesía, a que recomienden poesía. Quizás haya que reeducar a nuestros lectores, a que busquen, a que no vayan a lo fácil, a lo conocido, a que buceen en los estantes, a que dejen de lado esas grandes superficies que tanto daño están haciendo y entren en pequeñas librerías, esos lugares mágicos donde el librero te llama por tu nombre, conoce tus gustos y te descubre nuevos autores, nuevas joyas que no están en los escaparates ni en los programas de televisión ni en las críticas literarias.

Así que a buscar, lectores, poetas de la calle, tomen las librerías, tomen las plazas y demos a la poesía el lugar y el valor que se merecen.

Foto: Chris (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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