El arte de observar

Nos miran...

Nos encanta observar, pero ¿soportamos ser observados? A pesar de que estamos totalmente expuestos a la mirada ajena a través de las redes sociales, parece que cuando somos conscientes de ello la sensación cambia. En gran medida nos nutrimos de lo que leemos, escuchamos y vemos. Podemos pasar horas en perfiles ajenos de Facebook o Instagram, viendo series y, en el mejor de los casos, leyendo libros, es decir, empapándonos de otras vidas, culturas y sensaciones. Sin embargo, ¿cómo actuaríamos si supiéramos que alguien nos observa en todo momento? Esta paradoja es tratada por distintos escritores totalmente recomendados si os interesan los motivos del secreto, el examen ajeno, la actitud del contemplado y la resolución de este conflicto:

Felice Picano: Ojos

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En el centro de Nueva York se sitúa la curiosa relación que se da entre Johanna Poole y Stu Waehner. La joven, presa de sus temores por antiguas relaciones, se siente incapaz de mantener un contacto real con el hombre que le interesa, su vecino. Así, lo observa cada día desde su ventana; conociendo todos sus movimientos, comienza a llamarlo por teléfono. A pesar de su sorpresa en los primeros tiempos, Stu se siente absorbido por la semi presencia de esa mujer tan compleja y que tanto le ha ayudado a encauzar su vida con sus llamadas. Por cosas del azar, un día se conocen sin que esto impida el cese de la costumbre de Johanna: se siente tan atrapada a esa forma de vida que es incapaz de hacer desaparecer a su personaje ficticio hasta el final de la novela, en el que ambas personas son inexorablemente una.

Luisgé Martín: La mujer de sombra

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La mujer de sombra es una deliciosa novela que gira en torno a un triángulo de personajes: Guillermo ha contado a Eusebio la relación extramarital que mantiene con Julia, una chica adicta al sexo sadomasoquista ante la que él se rinde en cada visita. Cuando Guillermo muere, su amigo se ocupa de buscarla para avisarla del accidente, sin embargo, queda prendado por su belleza y es incapaz de confesarle nada. Inician una historia de amor en la que él se siente desconcertado ante la espera de unas prácticas sexuales que no llegan. La amabilidad y ternura de Julia le hacen pensar que se trata de dos personas diferentes, de modo que desarrolla una conducta obsesiva a partir de la observación tanto virtual como real. Lejos de obtener información que resuelva sus dudas, él se va introduciendo en otros ámbitos tras la huella de esa “mujer de sombra” que es su compañera.

Xavier Blanco: Fractal

En este caso nos centramos en un microrrelato en el que las observaciones intrusas se van sucediendo en cadena. La ventana vuelve a ser la protagonista que cede a la calle la intimidad de la habitante. Esta, lejos de ocultarse, se convierte en observadora al tiempo que es contemplada no solo por el primero sino también por otro hombre que nunca podrá ver a quien inició la cadena. El título y la cita que lo encabeza nos llevan a pensar en ese mundo como teatro en el que el público es a su vez actor de otra obra que no puede dejar de ser examinada pero del que no podemos tener noción más allá de nuestra vista.

Si algo podemos obtener de la lectura de estas historias es el peligro de la técnica descrita, no sin apreciar lo delicioso de todo el proceso psicológico que se abre en los protagonistas. Por eso, lejos de intentar adoctrinar, preferimos quedarnos con nuestra observación preferida: la de la cultura. Delphine de Vigan dice que “observar al otro también nos ayuda a vivir”, y tenemos la posibilidad de viajar a personas, lugares y tiempos remotos gracias al arte. ¿Lo aprovechamos?

Foto de Quinn Dombrowski (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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