Dramas de expatriada o echar mucho de menos las croquetas

Son las 5 a.m. es totalmente de día, entra algo de sol por la ventana y oyes pájaros, autobuses y a tu compañera hablar por Skype . Este y otros dramas son los que vivimos a diario los expatriados, como yo, berlinesa (eso es un dulce típico) de adopción.

Con la resaca post electoral, ni mis amigos españoles ni yo hemos vuelto a comentar el “pucherazo” que ha supuesto el no haber podido votar; es algo que ya se sabía, las papeletas no han llegado a tiempo, nos han puesto trabas en las oficinas, y un largo etcétera que podréis encontrar en las noticias de los diarios digitales. Lo que sí hemos hecho ha sido celebrar algunas victorias bien merecidas… y ahí viene el principal problema: nos hemos encontrado con que echamos demasiadas cosas de menos, aunque de vez en cuando se acuerden de nosotros y nos manden cajas con embutido envasado (en realidad sólo he venido a hablar de comida) al vacío, nuestra Xbox y demás tesoros que nuestros padres, al transformar nuestra habitación en despacho, y tirar nuestras cosas -porque tenemos Diógenes– les ha dado pena no enviarnos.

Es difícil que una capital europea no te dé todo lo que necesites como ser humano; está claro que tendrás las necesidades básicas cubiertas, las no básicas también son fáciles de cubrir si sabes dónde, cuándo y cómo pero, ¿qué hacemos con las demás?

Plato de jamón típico de bar, con aceite y panecillos.

Plato de jamón típico de bar, con aceite y panecillos.

El jamón: es un manjar exquisito y una vez que sales del país para no volver, tienes miedo a muchas cosas pero, sobre todo, a no probar el jamón. Da igual que sea el que anuncia Bertín Osborne: lo echarás de menos y lo venerarás. ¿Dios? No, JAMÓN.

Las persianas: vamos a ver, esto es un tema muy serio que me he propuesto investigar, ¿cómo puede ser que no haya persianas en ningún país de Europa? ¿Qué turbia historia esconde esto? ¿Por qué no han venido a Alemania persianeros españoles y han conquistado a Merkel (sabemos que nunca dice que sí, pero por probar…)?

El café: nadie sabe cómo, cuándo ni por qué hacen tan mal el café fuera de las fronteras españolas, a los italianos no me refiero, ellos sí saben hacer espressos pero, ¿qué es eso de ir a un Nero y que en vez de un cortado te pongan un tazón gigante de café con leche para que tú saques tu paquete de cereales? Lloro.

El vino: otro gran problema, no sabemos exportar nuestros grandes productos y los italianos que son listos a más no poder nos han usurpado, hay vino y aceite de oliva italiano en cada tienda de barrio, en cada supermercado, pero es difícil que encuentres un vino blanco español o un aceite de Jaén.

Comida precocinada que no dé asco: no es que en España seamos expertos pero, ¿pizza de paella?, ¿latas que no puedes abrir bajo ningún concepto?, ¿carne que parece carne pero que no sabes qué es? Ni en el peor restaurante chino te pasa esto.

Aceitunas con anchoa: es difícil encontrar algún tipo de oliva y si hablamos de estas para mezclarlas con patatas, ya ni os cuento. MISS YOU.

Las tapas: tapas de verdad, tapas baratas, un trozo de pan con chorizo, un pincho de tortilla, una ensaladilla rusa, dos croquetas, kikos, salpicón… Lo verdaderamente jodido de vivir fuera es ir a un bar (mentira, no existen, tienen que ser restaurantes) y tener que cenar o comer un único plato, como mucho puedes compartir pero, de verdad, de verdad, que las tapas son sagradas y deberíamos patentarlas y exportarlas.

La Ñ. ESPAÑA. Mucho españoles y muy españoles echamos de menos la eñe en los teclados.

Los horarios y el sol. No puedes vivir veinte años así de bien y que luego te lo arrebaten todo, es muy injusto.

Fotos: Chodhound (cc) / Krista (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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