Cambio radical: cinco discos que nos dejaron locos

Cambio radical: cinco discos que nos dejaron locos
Cristina Llanos, vocalista de Dover. Foto cc: De Jaúdenes.

Robe Iniesta, vocalista y líder de Extremoduro, confesaba recientemente en la presentación de su último trabajo en solitario, Lo que aletea en nuestras cabezas, que tanto él como su equipo se han reído “lo más grande” con algunas de las reacciones de los que escucharon por primera vez su sencillo de presentación. El músico extremeño y su banda jugaron a filtrar en la red de forma intencionada el tema ‘Y rozar contigo’ bajo el pseudónimo Ruptura Leve, comentando cosas como “Mirad cómo se parece la voz de este tío a la del Robe”. “Había quién decía: “Me pego un tiro si ése es Robe” o “Ese no es mi maestro”, explicaron entre risas en la rueda de prensa, que cubrió María Martín-Consuegra para Efe Eme.

Lo decíamos al conmemorar el décimo aniversario de Funeral, de Arcade Fire: un artista capaz de decepcionar a sus fans es un artista que ya ha llegado muy lejos, a un punto de su carrera respecto al cual muchas de las comparaciones siguientes podrían resultar odiosas. De acuerdo: en este caso, Iniesta hizo trampa, pues jugó a fingir ser otro, condicionando, inevitablemente, la respuesta de sus fans. Pero no han faltado las ocasiones en las que, a cara descubierta, artistas y bandas se topan con la extrañeza de su público ante cambios de estilo y de rumbo que no siempre son bien recibidos, aunque el tiempo o las listas de ventas terminen, después, por reconciliar al respetable con ellos. Estos son solo algunos ejemplos de discos que nos dejaron locos, disponibles, también, con su antes y su después, en Spotify.

Camarón de la Isla – La leyenda del tiempo

Ejemplo clásico del tú antes molabas, aunque esta expresión debería ser traducida a los términos del purismo flamenco. En 1979, año de su lanzamiento, hubo incluso quien regresó a la tienda de discos para devolver su copia del lorquiano La leyenda del tiempo, convencidos de que aquel que cantaba no era Camarón. La osadía progresiva e instrumental –bajos eléctricos y sintetizadores se asomaron por primera vez al duende– del cantaor de Cádiz levantó ampollas primero y se convirtió en una referencia del género después, pasando a ser considerada hoy como una de las obras más importantes de la historia del flamenco. El genio de San Fernando no perdió la calma ni siquiera en los primeros momentos de estupor; “yo sé que de momento no lo van a entender, tiene un cierto tiempo para que lo entiendan”, solía decir de sus obras.

Dover – Follow the city lights

Tras grabar el álbum independiente que más ejemplares ha vendido en la historia de España (Devil came to me, 1997) y que convirtió el grunge en inglés en megahit cuando su llama se apagaba fuera de nuestras fronteras, los madrileños se encerraron en 2006 a componer. Pocos se esperaban lo que saldría de aquellas tardes de trabajo: las hermanas Llanos se desprendieron de sus camisetas oscuras y tiraron de rimmel y melenaza para demostrarle al mundo que no solo sabían agitar sus cabezas como rockeras, sino que también eran capaces de hacerlo como divas disco. La cara que se les quedó a muchos al escuchar por primera vez ‘Let me out’, primer sencillo del rompedor Follow the city lights (2006), es parecida a la de Amparo, Jesús y Samuel en el videoclip cuando ven a Cristina descender de una bola de espejos espacial: con la boca abierta. Los números uno y las ventas, no obstante, demostraron que la jugada les había salido bien, aunque no fue así con su siguiente experimento, I ka kené (2010), un viraje hacia la música africana que no logró colarse entre los más vendidos.

Shakira – Loba

Auuuuu. En realidad, en este caso no había excusa para sorprenderse tanto: la cosa apuntaba maneras desde que la colombiana se tiñó el pelo de rubio y empezó a cantar en inglés en Laundry Service (2001), un álbum que, pese a suponer su consagración internacional, consiguió mantener en el bolsillo también a muchos de quienes la seguían desde el principio, cuyo apetito de la Shakira de siempre quedó satisfecho con los dejes rockeros y raciales del trabajo. Después llegaron sus primeros coqueteos con el reggaetón en ‘La tortura’ y ‘Hips don’t lie’ (Fijación oral, 2005), dos incursiones en lo bailable, que dejaron poca escapatoria a los que osaran pisar una pista de baile en aquellas fechas. Y en 2009 Shakira va y se enfunda en una media de color carne y se abandona a las bolas de espejos y los procesadores de voz en un sencillo, ‘Loba’, que, por lo demás, no dejaba de resultar una buena canción disco en cuya versión en castellano participó como letrista Jorge Drexler. Las transiciones electrónicas son altamente arriesgadas –lo hemos visto con el ejemplo anterior y lo seguiremos viendo con el siguiente-, y los fans de “la verdadera Shakira”, ésa a la que no le vemos el pelo (moreno) desde la década de los noventa, se echaron las manos a la cabeza. No sospechaban que después se volvería loca con su tigre.

Arcade Fire – Reflektor

Desde el lanzamiento de Funeral en 2005 a los canadienses les precedía su fama: raro era que no tuvieran a la crítica de su lado. A Reflektor (2013) llegaron como la banda capaz de llenar estadios de personalidades –Obama, Neil Young, Bono- fanáticas de su música, y acompañados por una sofisticada campaña de promoción que incluyó una colaboración con el gigante Google. A pesar de eso, y de contar con el prestigioso James Murphy (LCD Soundsystem) como productor, la respuesta al hasta ahora último trabajo de estudio de Win Butler y los suyos fue más bien tibia. Murphy, escribieron entonces algunos, fagocitó el sonido de Arcade Fire con sus arreglos electrónicos y discotequeros, y los coqueteos con el sonido caribeño fueron tildados de reggaetón, de mezcla sin criterio y de otro ejemplo más de blancos hípster fascinados por lo negro, aun cuando la familia de Chassagne, la vocalista, procede de Haití. Quizá muchos querían escuchar de nuevo Funeral y The neon bible y les entristeció no hacerlo.

Radiohead – Kid A

Innovar siempre no es fácil: el riesgo de equivocarse es demasiado alto. Y Thom Yorke lleva décadas empeñado en innovar, con o sin Radiohead. Ok Computer (1997) le había granjeado a él y a su banda un respeto que habrían asegurado si hubiesen decidido repetir la fórmula en su siguiente trabajo. Pero los Radiohead siempre hicieron lo que les daba la gana, y en el año 2000 decidieron abandonar sus tres guitarras y zambullirse en la electrónica y el krautrock, con guiños, incluso, al jazz y la música clásica. Todo un desafío, también en el plano promocional, pues la banda no quiso que a Kid A lo acompañaran videoclips promocionales en una época en la que la MTV todavía cortaba mucho bacalao. Revistas del sector como Melody Maker lo calificaron de broma pesada, pero una semana después de su lanzamiento ya era disco de platino.

Foto: De Jáudenes Photography (cc)

 

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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