“Ahora todos somos iguales”: una conversación entre Coltrane y Miles Davis

 

12 de Noviembre de 1955.  La lluvia arrecia con fuerza en Nueva York. Tras bajar en un autobús “only colored (solo para personas negras), John Coltrane atraviesa corriendo la acera para no mojarse. Trane, lejos aún de convertirse en el autor de obras maestras del jazz  como “Love Supreme” o “Blue Train”, asciende las escaleras del hotel para encontrarse con Miles Davis, “El Príncipe de las Tinieblas”, quien, en secreto, se encuentra organizando una banda, “The  New Miles Davis Quintet”, con quienes realizará obras maestras del jazz como “Round about Midnight” o “Kind of Blue

Pero todo esto John Coltrane aún no lo sabe. Cuando, chorreando, llega a la planta 16 se encuentra con un salón vacío.  Una sombra envuelta en una gabardina oscura que le invita a sentarse.

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Trane, ¿verdad?

Sí.

Adelante. Siéntate.

(Silencio)

¿Qué mira, señor?

A ti.  David Gillispie me ha dicho que eres un negro peligroso. Dicen que te echó de su banda por consumir en el estudio.

¿Quién le ha dicho eso?

Ya no importa. Wayne King me dijo que tocabas en la iglesia antes de la guerra. High Points. “Separados pero iguales” era su lema ¿me equivoco?

No, señor.

¿Te gustaba tocar en la iglesia para los blancos, Trane?

¿Usted no iba a misa?

Me temo que no tenía tiempo, Trane. Tocaba la trompeta en un grupo, los “diablos de Eddie Randle”. Nos pagaban con cervezas mientras intentábamos meterles mano a estudiantes de los colegios cercanos. ¿Alguna vez has visto una estudiante  francesa de intercambio, Trane?

Entiendo a lo que se refiere.

Sinceramente, lo dudo. También  me han contado que te pasaste la guerra en Pearl Harbor.  ¿Qué tal el trópico, muchacho? ¿Cálido?

Aburrido, señor.

Seguro que para matar el tiempo ganaste un montón de dinero golpeando a blancos en peleas ilegales de boxeo.

Eso no es cierto.

Mientes.  Lo veo en tus ojos ¿Dime, empezaste a tocar el saxo en serio antes o después de que te chutaras en las playas de Hawaii con la droga de los blancos ricos?

Oh, venga, no te avergüences, pequeño feligrés. Estoy seguro que yo me chutaba mucho más que tú.  Me gasté todo lo que gané con Birth of the Cool en drogas y en engañar a mi mujer. Mi hijo tuvo que agarrarme a mi cama durante tres días hasta que sudé toda esa mierda. ¿Lo sabías?

He oído historias, señor.

Bien, porque yo también he oído las tuyas. Y, si te has creído que lo que viene ahora es seguir el camino de Bird, te equivocas. ¿Me has oído?

Sí, señor.

Estuvimos años aguantando a ese yonki, sujetándole de los hombros para que pudiera terminar el concierto y pagar al resto de la banda. Seguro que tú fantaseabas con tocar en Birdland.

No sé qué hay de malo en seguir los pasos de un gigante, señor.

Dime, ¿cuántas notas tocó Parker en el Three Deuce? Seguro que te sabes la historia.

Decidió cobrar 75 centavos por nota. Tocó 6892.  No se lo dijo a nadie hasta que subió al escenario.

Dios, ahora entiendo que tus fraseos con el saxo den dolor de cabeza. Si has recorrido todos estos kilómetros pensando que vamos a drogarnos en cada sesión, te equivocas. ¿Sabes por qué?

¿Por qué?

Porque las reglas del juego han cambiado.

(Silencio)

Tu viejo era sastre,  ¿verdad, Trane? Te arreglaba la camisa para ir los domingos a misa mientras yo iba en coche privado de la clínica de mi padre a recibir clases particulares de solfeo.  Pero todo eso ha pasado. Ahora tú y yo somos iguales.

¿Eso cree, señor?

Este año nuestro querido gobierno ha cerrado la mitad de las escuelas de música.  El  Institute Musical of Arts está a punto de desaparecer. Los impuestos suben. La gente salta en las calles, furiosa. Tienen miedo. Malcom y Martin Luther están intentando hablar pero dios sabe que el viento se llevará sus palabras. Sólo una cosa permanece hasta el final de los tiempos. ¿Sabes lo que es, negro?

El trabajo, señor.

Exacto. Y que no te engañen. Nadie va a ayudarnos ¿Sabes por qué?

¿Porque estamos solos?

Porque siempre hemos estado solos. Esta es la oportunidad de nuestras vidas.  Quizás dentro de cincuenta años ningún otro joven, blanco, negro, pueda hacer música. Quizás seamos los últimos capaces de dedicarnos a esto, y aún somos jóvenes. O reinventamos desde dentro todas las reglas, o… nos acomodaremos en la mediocridad.  Es el peor de los tiempos para ser atrevidos… Pero mucho peor para ser cobardes.

(Silencio)

Columbia me ha ofrecido un contrato de  tres discos.

… No le entiendo.

No voy a escoger a Cannonball como saxo.

Cannonball tiene mucha más experiencia que yo.

Créeme, lo sé. El estudio lo quiere a él.  Si fuera por ello,s me montarían la banda con lo que tienen. Pero no,  no busco eso… Me da igual que saques tu rabia de tu “amor supremo” en Dios. Quiero explotar lo que veo en tus ojos. Yo,  por mi parte, quiero vivir. Quiero crear  lo que nadie aún conoce. Está ahí afuera, esperándome. Casi puedo tocarlo ¿Y tú, lo ves?

No sé qué decir, señor.

No quiero que digas nada, idiota.  Y deja de llamarme señor, sólo nos llevamos seis meses.  Llámame Miles.  Ahora, levántate,  prepara tu saxo. El pequeño Chambers te espera en la otra sala con el bajo. Sólo tiene 19 años, pero a mí eso no me importa. ¿Sabes lo que me importa, Trane?

¿Qué, Miles?

Que  juntos vamos a cambiar el mundo.  Pero tú eso aún no lo sabes.

 

Miles Davis Quintet en Spotify

Fotos: Wikipedia, Image Shack, New York Times, Columbia Records

 

 

 

 

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