“Acuérdate de acordarte”, la memoria de John Wayne al pie del monte Urgull

¿Sabéis ese momento en el que buscáis una palabra en vuestra cabeza y no hay manera de que llegue a la lengua? A veces la memoria nos juega malas pasadas. Por eso es importante mantenerla ordenada, recurrir a ella de vez en cuando, para no olvidar.

Acuérdate de acordarte, nos dice Íñigo desde el escenario. En el marco del Surge Madrid 2015 nos colamos en Nave 73 para asistir a la última función de John Wayne al pie del monte Urgull.

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A ritmo de armónica y disparos del lejano oeste nos adentramos en un espacio que resulta ser la memoria del protagonista. Un lugar donde tienen cabida los recuerdos, los olores y los gestos que han construido al actor que tenemos delante. Bajo la dirección de Carlota Gaviño y Javier L. Patiño, viajamos hasta el lejano oeste, pasando por el cercano País Vasco y La Rioja, acompañando al actor de Grumelot en su viaje al pasado. Junto a Íñigo Rodríguez-Claro recordamos nuestro pretérito y conocemos el suyo. Somos lo que somos, por lo que fueron los nuestros. Así sabemos que su abuelo era John Wayne, con su revólver en mano y su templanza. Un hombre hecho a sí mismo, capaz de construir un trayecto ferroviario con sus propias manos para unir el tramo que le separa de su futuro.

John Wayne al pie del monte Urgull no es simplemente una obra de teatro. Una vez más, Grumelot nos demuestra que todo es posible sobre un escenario. Con una gran capacidad de espectáculo audiovisual asistimos a una película que nada tiene que envidiar a las obras de John Ford, aunque también forman parte de la representación. Sobre una pantalla improvisada con las cajas de cartón que contienen los recuerdos, se plasman los títulos de crédito.

En esta ocasión su discurso se aleja de los clásicos… ¿Pero hay algo más clásico que nuestro propio pasado? Sin contar con un verso de pluma antigua, nos hacen llegar sus palabras de manera directa y embaucadora. Su tono y sus cambios de ritmo completan un sentido de la comunicación que abarca todos sus significados.

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No es fácil mantener la atención del público durante hora y media con un único actor en escena. Pero en este caso, no está solo. Le acompañan sus recuerdos. Pero no son invisibles. Los vemos e incluso podemos sentirlos gracias a un montaje cuidado al detalle, representado por un grupo de playmobiles con identidad propia. Regresamos a nuestra propia infancia y nos sentimos invadidos de nostalgia, pero no desde la tristeza, sino desde la imaginación y la ilusión por mantener vivo el pasado. Por conocer de dónde venimos.

La energía que derrocha John Wayne al pie del monte Urgull nos obliga a salir con una sonrisa de la sala. Porque, aunque nos remueve por dentro, la obra nos hace sentir vivos, nos hace jugar a indios y vaqueros y volver a pensar en el niño que fuimos y que siempre seremos, gracias a los nuestros. Nos hace subirnos a una montaña rusa de emociones, en la que el actor controla a la perfección el ritmo de la maquinaria. Saltos por el escenario, un monólogo pausado e íntimo y un padre convertido en narrador al que no podemos dejar de sentir como propio, son sólo algunas de las pinceladas que escriben este trabajo.

Estética, identidad y pasión se mezclan en una obra completa en todos los sentidos. En un pasaje real donde la ficción cose cada recuerdo a esa capacidad intrínseca y obligatoria a la que llamamos memoria.

 

John Wayne al pie del monte Urgull se puede volver a disfrutar los días 28, 29 y 30 de mayo, dentro del 10 aniversario de Grumelot en Nave73. La entrada cuesta 12€.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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