Outsiders de la arquitectura: n´UNDO

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El colectivo n´UNDO concibe la arquitectura desde la resta, la renuncia y la no construcción. Sobre todo esto hablamos con uno de sus portavoces, el arquitecto Alejandro del Castillo.

Turbas de arquitectos salen cada año de la facultad con el objetivo y la ilusión de dibujar y construir las ciudades del futuro. Aunque en España gran parte de ellos acaba exiliándose para dibujar y construir ciudades extranjeras, todavía quedan en este país personas a las que poder confiar nuestro bienestar urbanístico. Algunas de ellas incluso conciben su trabajo desde una perspectiva diferente a la que impera, poniendo el foco en valores cívicos que buscan una arquitectura más amable y comprometida con los ciudadanos.

En esta línea trabaja n’UNDO, que propone «(des)hacer re-arquitectura». Sí, tal cual. Como reza su manifiesto, cree posible «construir más y mejor desde la reducción, la contención y la declinación razonada». Para este colectivo, formado por personas de diferentes disciplinas, desde la Arquitectura a la Comunicación, «la resta y la renuncia son alternativas de intervención pertinentes y necesarias».  Sobre su manera de concebir la edificación hemos hablado con ellos, en concreto con uno de sus portavoces, el arquitecto Alejandro del Castillo.

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Nokton Magazine: Proponéis una mejora del territorio a través de la Resta y la Renuncia. Estos conceptos, aplicados a la Arquitectura, ¿también se aprenden en la carrera u os apartan radicalmente de los temarios universitarios y de la oficialidad? 

Alejandro del Castillo: La oficialidad sigue siendo muy estructuralista, con el construir, erigir, levantar como acciones dominantes del discurso arquitectónico y del currículo universitario. Para bien o para mal la Universidad es un organismo que avanza despacio, que se basa en el conocimiento ya contrastado y deja poco lugar para la experimentación. Afortunadamente hay espacios académicos donde esto no es así (…). Estos espacios abiertos a lo que pueda pasar, a definir el aprendizaje como algo cambiante y difuso, son los que más nos interesan y en los que participamos activamente como invitados a través de clases, conferencias, congresos…

NM: No deja de chocar que un manifiesto sobre Arquitectura nos hable de la No Construcción. ¿Os consideráis algo así como los outsiders del Urbanismo? ¿Cómo os planteáis la práctica arquitectónica y dónde echáis vuestras raíces?

AC: Si por outsider se entiende no definir la ciudad en la soledad del estudio sobre un papel en blanco o simplemente loteando terrenos para garantizar su uso y rentabilidad futura, convirtiéndolos en material financiero apto para la especulación, entonces sí, estamos fuera de norma.

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Nuestra práctica arquitectónica se fundamenta en valorar que hay que pensar antes de hacer, en poner a las personas en primer lugar, en considerar que hacer no es solo la manera de hacer, y que la arquitectura como única referencia de la arquitectura, es un camino muy pobre. Hemos aprendido de multitud de otras disciplinas –arte, música, física, matemáticas, filosofía- que quitar es un proceso creativo no solo muy válido sino también muy recomendable.

Restar obliga a quedarse con lo importante, con lo esencial. Sustraer obliga a elegir y por tanto a pensar, no tanto en el cómo sino en el qué.

NM: Aseguráis que el diseño actual de los espacios públicos está pensado para que la gente consuma; invasión del espacio público, como lo llamáis. ¿Por qué creéis que somos tan poco conscientes de vivir en una trampa arquitectónica?

AC: Las relaciones sociales no son iguales en una periferia tapizada de adosados con baja densidad y utilización masiva del coche, que en un centro histórico con un tejido más diverso, compacto y peatonal. Cuanto menos espacio libre o público menos cohesión social, menos interacción y por tanto una ciudadanía más manipulable y desestructurada.

Vivimos una manipulación, de la que deberíamos ser capaces de salir, reivindicando nuestro reconocido derecho universal a la ciudad, a tener espacios de uso sin uso, a poder utilizar la calle para lo que se ha utilizado siempre: jugar, charlar, sentarse, dormir, correr, ser lo que somos, un ser social.

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Torres Blancas. Madrid

NM: En Nokton, durante un tiempo, tuvimos una especie de obsesión con los edificios satánicos y las rotondas. ¿Es posible y necesaria una nación sin rotondas? ¿Qué proponéis que hagamos con las Torres Blancas?

AC: Es absolutamente posible y necesaria una nación sin (casi) rotondas. Estas se inventaron como elemento regulador del tráfico y en ese sentido no funcionan nada mal. El problema viene, como dice Stravinski, con la exageración gratuita, que pervierte todas las cosas.

En estos momentos rotonda es sinónimo de pelotazo, de locura inmobiliaria, de ruina moderna, de tomadura de pelo especulativa, de cachondeo legal, de amiguismo y de cáncer urbano.

Sobre Torres Blancas el discurso cambia completamente, aquí sale la arquitectura que somos… Realmente asociar hormigón visto a lugar inhabitable es un discurso bastante simplón que no nos interesa nada. El ladrillo ha construido miles de periferias más terribles y sin embargo todo el mundo parece encantado con él. Que un material se defina por sus propiedades, color, textura y calidad, no es satánico sino honesto; lo demás es ornamento y el mundo siempre se engaña con el ornamento, dice Shakespeare en el Mercader de Venecia. Nuestra propuesta para las Torres Blancas sería desmantelar el edificio Puerta de América –este sí algo satánico y falaz- para recuperar la magnífica visión de la torre cuando se accede a Madrid por la carretera de Barcelona.

NM: Más allá de invocar a Lucifer en el PAU de Vallecas, ¿qué dicen nuestros edificios de nuestra historia y de nuestra cultura y cómo es posible sobrevivir a ellos sin renunciar a ellas?

AC: Nuestros edificios como nuestras ciudades cuentan infinidad de historias sobre nuestra historia. Son una sucesión de capas culturales que no deberían ser obviadas cuando trabajamos en lo urbano o arquitectónico. Ese quizá fue el gran error del Movimiento Moderno, hacer tábula rasa, empezar desde cero (…).

La convivencia urbana y arquitectónica tiene que partir del mutuo entendimiento, de trabajar desde y con la preexistencia, solucionando pequeños problemas y liberando espacio para permitir que las cosas pasen, para que la civitas y no el consumo sea la protagonista de esas ciudades.

NM: ¿En qué estáis trabajando actualmente y cómo podemos colaborar con vosotros para decidir sobre nuestras ciudades?

AC: Queremos seguir profundizando en nuestra base teórica, pero nos parece fundamental el paso a la acción, por lo que vamos a trabajar en la aplicación de los planes n´UNDO, una de nuestras herramientas más ambiciosas para analizar, debatir y mejorar el entorno. Tanto n´UNDO como los planes, están concebidos para ser inclusivos. Si alguien quiere formar parte puede escribirnos: info@nundo.org.

Foto Torres Blancas (cc): Metro Centric