Un valor que transmitir y un arte por descubrir

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¿Qué le da valor a lo que hacemos? ¿Quién decide que el resultado de una práctica creativa pueda considerarse arte? Lejos de la imagen arcaica de un grupo de sabios dirimiendo sobre estas cuestiones, otros valores en general más intrínsecos le otorgan o no esta categoría a la obra.

Y es que un resultado óptimo viene acompañado siempre de la maestría que dan los años, la dedicación que surge del compromiso y la magia de los procesos que se han forjado en las tradiciones. Para ello, para que una obra adquiera la etiqueta de artística, lo esencial es que de ella se desprenda el amor por una profesión y los valores de quien dedica a ella su vida. Productos, al fin y al cabo, que permanecen en el tiempo como obras de arte incuestionables y, sus creadores, como integrantes de una estirpe de maestros de la que seguir aprendiendo en el futuro.

Entre ellos, Diego Rodríguez, Maestro Soplador de la Real Fábrica de Cristales de La Granja y protagonista de la nueva campaña de Alhambra Reserva 1925, Arte por descubrir, un homenaje a los procesos de creación que, al igual que el del vidrio, buscan la excepcionalidad a través de la paciencia, el carácter y la honestidad. Como cualquier otra disciplina plástica, la forja del cristal no es otra cosa que un trabajo manual que contacta con los materiales para convertirlos en belleza y lo hace en base a unos principios sin los cuales nada tendría valor.

Por esto mismo, por compartir con ella su respeto al oficio y a la tradición, Rodríguez es uno de los embajadores de esta cerveza y una de las pocas personas que conocen el misterio de su botella:

Contenido patrocinado por Alhambra Reserva 1925.

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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