Ilusionismo. O cuando la pantalla hace saltar billetes

 

Lo desconocido genera indiscutiblemente curiosidad. Todo aquello para lo que no tenemos explicación nos atrae irremediablemente consiguiendo que pasemos largas horas intentando descifrar como funciona un aparato de última tecnología o cual es el truco de ese juego de cartas que nos hicieron en el bar. No hace falta llegar a los juegos de escapismo de Houdini para que el público se vuelva loco intentando pillar “el truco”, aunque siempre hay quien cree fervientemente que la magia es magia y, una vez visto el espectáculo, no hay que darlo más vueltas.

Pero… ¡Abracadadra! El cine, principal precursor de mostrarnos mundos e historias desconocidos que despierten el instintito de querer saber más, ha aunado a la perfección la propia magia de la gran pantalla con el ilusionismo. La cartelera no juega con trucos, sabe lo que funciona y lo desarrolla; parece que la magia lo hace. Este fin de semana llega a las salas españolas Ahora me ves, una cinta que juega con la dualidad entre el ilusionismo y el FBI, es decir, presenta a un grupo de magos dedicados a los atracos que, para más placer del espectador, reparten el dinero robado entre el público. ¿Quién no se ha planteado lo de “si pueden adivinar el número de la lotería, porqué no juegan”?.

Porque todo es un espejismo y por ello el ilusionismo ha sido la base de populares películas. Lejos de la fantasía, lo magno de los efectos especiales y  los mundos de ficción las películas sobre magia más taquilleras siempre han jugado con la personalidad de los propios magos, normalmente mostrando la dualidad entre un gran mago y otro convertido en producto comercial, y con el realismo de los trucos. Y es que el cine (y la televisión) en sí es un truco, un efecto, inventar una historia y hacer creer al público que es real al menos por un rato. Por ello ha sido la vida de los propios magos la que ha despertado el interés del celuloide y, especialmente, la vida del más arriesgado. En 1953 se estrenó la primera película sobre Harry Houdini, El gran Houdini, comedia protagonizada por Tony Curtis. Después vendría El joven Harry Houdini en 1987 y El último gran mago en 2007.

En el siglo pasado las historias de magos solían ir acompañadas de fantasía desde que en 1939 se estrenase El mago de Oz. Pero fue en 2006 y 2007 cuando el naranjo mágico comenzó a brotar en la cartelera con las cintas El truco final y El ilusionista. No destacaron en recaudación pero consiguieron entrar en esa lista de películas que la gente suele recomendar, y eso sí que es un truco difícil. En 2010 llegó El aprendiz de brujo, con mucha más fantasía y, quizás por ello, gran éxito en taquilla. Ahora, en 2013, los ilusionistas mutan en ladrones en Ahora me ves, donde la recaudación estadounidense ha sido alta y la crítica dubitativa. Además de los trucos y los efectos todas incluyen un elenco de renombre, parece que ahí también radica el éxito comercial del ilusionismo. Ya lo demostraba la presencia de rostros famosos en los programas sobre ilusionismo porque la televisión también ha sabido jugar con la magia.

Desde que David Copperfield protagonizase varios programas televisivos en los que llegó a hacer desaparecer la Estatua de la Libertad o a atravesar la muralla china (y a conseguir 17 premios Emmy) la magia en la pequeña pantalla ha evolucionado. Aunque lo ha hecho olvidando la esencia del ilusionismo y los programas más actuales como Los grandes secretos de la magia finalmente revelados, a cargo del Mago Enmascarado, se han dedicado a destripar los trucos.

Así algunos dedicarán horas a repasar cada movimiento del mago y otros simplemente habrán disfrutado el momento y habrán conseguido soñar por un instante, soñar con lo imposible o con la más pura realidad. Seguramente soñar con encontrar el lugar al que van esos billetes que el truco hace desaparecer.

 

Foto: Summit Entertainment

 

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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