Hace calor

Señora con abanicos

 

Atención, paren las rotativas. Avance informativo. Conectamos en directo con… por ejemplo, Écija, en la provincia de Sevilla, donde los termómetros marcan, ahora mismo, 37 grados. Qué barbaridad. Lo nunca visto. Quién sabe por qué lo llamarán la “sartén de Andalucía”.

Es verano, es España y hace calor. Y sigue siendo titular. Si bien el ministro nazi de propaganda Joseph Goebbels defendía que una mentira repetida mil veces terminaba por transformarse en verdad, cada verano parecemos asistir a un fenómeno casi paralelo: que una obviedad repetida mil veces parezca algo sorprendente.

Año tras año, los medios de comunicación nos alertan de que medio país está, valga la redundancia, en alerta por lo que, en realidad, es una característica inherente al clima mediterráneo en verano: el calor. Y ni la audiencia ni los editores parecen cansarse; es más, hay cadenas, como La 1, que están a un paso de convertirse en canales meteorológicos.

Niño fuentes plaza de la Luna

Si el mundo terminase esta semana, está claro cuál sería el enfoque de la tele: ¡qué calor hace en el Apocalipsis! Los programas de mañana enviarían a reporteros a los manantiales de lava infernal para que comprobasen, con su dedo gordo del pie, las altas temperaturas del mal (plagado de medusas, seguro), y señores con bata blanca le comentarían a Mariló Montero los peligros de ponerse a hacer footing en pleno averno, así como la necesidad de retirar a niños y ancianos bajo algún demonio corpulento que dé buena sombra.

En cualquier caso, el calor no es solo una cortina de humo para no hablar de otras cosas más preocupantes, o, al menos, no es una cortina de humo nueva. Hace, como poco, veinte veranos que la televisión, como una madre que se preocupa, nos pide que vayamos por la sombra. El calor forma parte de nuestra cultura, y estos son sus greatest hits.

“No corre ni una gota de aire”

Cuando el termómetro se acerca a los 40 grados, normalmente, es porque no hace mucho viento (a excepción de esas corrientes de aire tórrido africano que, a veces, como las mariposas africanas, nos alegran la vida). Sin embargo, reporteros de todas las cadenas lo siguen considerando un hecho reseñable. Ni la más leve brisa, repiten, solemnes, mientras señalan el toldo inmóvil de alguna casita de La Mancha, donde las señoras intentan cambiar el orden del cosmos sacudiendo, frenéticas, sus abanicos.

“Muy pocos valientes se atreven a salir a la calle”

Y de los pocos que osan hacerlo, probablemente, un 70% forme parte de las unidades móviles de televisión. Con el percal que pintan los programas, sus redactores aún muestran sorpresa cuando, en las horas centrales de los días de julio y agosto, las aceras no se llenan de runners, obreros con martillos hidraúlicos o bailarines de musical en pleno flash mob.

“Las altas temperaturas no frenan a los turistas”

Claro que el precio de la jarra de sangría tampoco los detiene. Pero era de esperar que, tras meses de lluvia en Manchester, Hannover o vaya usted a saber dónde, el sol español no sea un impedimento para salir a la calle. Es más, a algunos, a juzgar por sus sonrosados hombros, incluso les gusta. Antes, los turistas quemados se prodigaban más en los informativos. Pero parece que, últimamente, el balconing ha eclipsado a los rayos UVA.

“Los ciudadanos, espontáneos, se refrescan en las fuentes”

Otro de los lugares comunes favoritos del panorama mediático veraniego es eso de “algunos toman medidas drásticas contra el calor”. Más allá de algún espontáneo que aprovecha el momento de fama internacional para espetar a cámara que está pensando meterse en el frigorífico, el concepto “medidas drásticas” es discutible. Algunos, medio avergonzados, confiesan que anoche tiraron el colchón al suelo, los hay que se abanican, que meten los pies en las fuentes, y luego están los más atrevidos: los que se sientan en una terraza a tomarse una caña bien fresquita. Aunque siempre habrá alguien que duerma tapado. El ser humano es imprevisible.

“Es difícil conciliar el sueño”

Ya lo decíamos antes: hay gente que se lleva su colchón hasta la terraza para poder echar, por lo menos, una cabezadita. Y eso ocupa segundos, a veces minutos, en un programa con vocación informativa. Queda la duda, eso sí, de si la dificultad para dormir de Mari Carmen y Juan Carlos procede solo del calor o si también tendrán que ver la luz de los focos y la presencia de un equipo de La 1 en su dormitorio.

“La playa se ha convertido en un lugar de peregrinación”

Sí. La noticia es que, cuando hace calor, hay gente en la playa . Es más: hay mucha gente. ¿Y qué harán allí?, os preguntaréis. ¿Intentan conciliar el sueño? ¿Se mojan un dedo y lo levantan para comprobar si sopla el aire, quizá? Pues no. Saben -por la tele- que nada de eso es posible en verano. Así que la mayoría entierra melones que luego no encuentra, juega a las palas o a las cartas, completa crucigramas, se torra al sol, alterna con las medusas, mastica arena o atiende a los periodistas que se han desplazado hasta allí para mostrar a la audiencia la cantidad de cosas increíbles que pueden suceder en una playa.

“Lo peor está aún por llegar”

Las temperaturas, siempre, SIEMPRE, seguirán subiendo. Da igual lo que marque el termómetro, no importa si España es ya una gigantesca olla lista para echar el arroz: los pronósticos siempre indican que todo va a peor. Los expertos señalan, por ejemplo, que el próximo verano también será caluroso.

Fotos: Big Max Power (cc) / darkomen (cc)

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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