Habitación 209: Casa Sostoa en Art & Breakfast / 3

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Obra de Javi Calleja en Casa Sostoa. Foto: Verónica López.

El 9 de junio comienza en Málaga la tercera edición de la feria de arte Art & Breakfast, que vuelve a llenar las habitaciones del hotel Room Mate Larios con lo más interesante del panorama artístico dentro y fuera de Andalucía. Si la edición pasada ya nos dejó un buen sabor de boca  aunque algo pasado por agua -, Art & Breakfast / 3 se postula este año como una cita imprescindible para admirar el arte desde el diálogo, el debate y, en definitiva, su democratización.

Sabiendo que merece la pena formar parte de este entramado, el domicilio particular y centro de arte de Pedro Alarcón abandona por unos días la malagueña calle Héroe de Sostoa para sumarse una vez más a la feria. Casa Sostoa hace las maletas y se muda a la habitación 209 del Room Mate Larios hasta el 11 de junio. Hemos hablado con Alarcón, docente, comisario y coleccionista de arte, sobre cómo se plantea esta nueva edición.

Nokton Magazine: Para contextualizar, ¿cómo pasó Casa Sostoa de ser tu domicilio particular a un centro de arte o las dos cosas a la vez?

Pedro Alarcón: Cuando me mudé a este hogar, tres años antes de pensarlo como centro de arte, ya tenía clarísimo que quería paredes blancas, muchísima luz y vivir rodeado de obras de arte en la medida que me lo podía permitir. Fue en una conversación con el artista Javier Calleja, almorzando entre amigos en casa, donde dimos forma a una primera idea -muy vaga- de lo que estaba por venir.

NM: En Casa Sostoa, ¿dónde acaba tu espacio privado y personal y dónde empieza el espacio expositivo? ¿Hay alguna frontera entre ellos?

PA: Después de casi cuatro años organizando exposiciones en casa, las líneas divisorias están más que difuminadas. Una de las razones por las que nunca he querido dar forma jurídica al proyecto es la pretensión de que el público entienda que le invito a entrar a mi hogar. Me parece que son muy interesantes esos espacios intermedios que no puedes encuadrar o definir con facilidad; constituyen los intersticios donde se es más propicio a poner en crisis tus planteamientos y redescribir lo expositivo.

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Obra de J.M. Escalona y Verónica Ruth Frías en Casa Sostoa.

NM: Art & Breakfast va a cumplir tres ediciones reivindicando que la cultura está viva más allá de las instituciones. ¿Qué otros puntos en común tienen la feria y tu proyecto artístico?

PA: Si hay algo que es una constante en Casa Sostoa es su absoluta independencia en la gestión; sin ayuda ni visibilización por parte de las instituciones, Casa Sostoa se ha erigido como una entidad expositiva más que parece aportar allí donde la oficialidad descuida alguna parcela o se forman lagunas, como es el caso de la profundización en el trabajo de artistas locales y próximos -desde la perspectiva de un centro de arte-, o en propiciar la coincidencia de artistas de diferente recorrido -el emergente, el media carrera, el veterano- en torno a lo que verdaderamente está en el centro de todo: el discurso y la calidad de la obra de arte.

También podríamos decir que Art & Breakfast y Casa Sostoa tienen en común lo de la proporción. Son empresas ‘pequeñas’ respecto a las maquinarias de las grandes ferias y centros de arte. Dicho con toda la humildad, y muy consciente de las limitaciones de mi proyecto.

NM: En tu opinión, ¿era natural que el arte saliera del museo como el agua que se desborda del río buscando otro cauce?

Pedro Alarcón: Lo que me parece natural es que el público que fuimos sea ahora un agente de creación y gestión.

Recuerdo las grandes aportaciones del Museo Picasso y el CAC durante la década del 2000 como el principal acicate para desear ser parte activa en la cultura de la ciudad. Esta eclosión de ahora, con la proliferación de espacios autogestionados e iniciativas alternativas de todo rango, no habría tenido lugar sin darse esas circunstancias de constituir un público formado en arte contemporáneo. Estoy convencido.

NM: ¿Cómo imaginas Casa Sostoa de aquí a 10 años?

PA: Siempre pienso en Casa Sostoa como algo efímero. Desde la primera exposición ya me planteaba que hacer exposiciones en casa no sería sostenible en el tiempo. Cuatro temporadas continuadas avalan, sin embargo, que merece la pena apostar por otro año más. Lo que sí me imagino, dentro de 10 años, es tan vinculado o más con el arte. Eso sin duda.

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Obra de Victoria Maldonado.

NM: Este año repetís en Art & Breakfast, así que ya sabéis cómo es la experiencia, ¿esperáis que esta edición os aporte algo nuevo?

PA: En la edición pasada Casa Sostoa fue premiada como mejor espacio expositivo de la feria. El galardón me llegó fundamentalmente como un respaldo a un tipo determinado de trabajo sin estridencias, defendiendo una idea de comisariado cimentada sobre argumentos. Quise que la habitación del año pasado fuese una extensión de mi casa, leyendo y reinterpretando el espacio para no tratarlo como un mero contenedor con un fin comercial. Creo que eso en particular se nos da bien.

En la edición 2017 he pedido una habitación distinta, con más luz, y he querido mantenerme fiel a una determinada política, que nos defina de nuevo como centro de arte antes que como galería.

Todos esperamos una edición muy visitada, con mejor tiempo que el año pasado y, por supuesto, llena de oportunidades de intercambio y enriquecimiento, tanto entre expositores como entre el público y nuestros espacios.

NM: ¿Puedes hablarnos un poco de Still Life?

PA: Still Life es el lema con que concurrimos a la habitación 209 los artistas Eugenio Rivas, Antonio R. Montesinos y yo, como comisario. Me he aferrado al término anglosajón universalmente aceptado para definir el género tradicional del bodegón; lo que me parece más interesante de este lema es precisamente que parece cuestionar aquello de ‘naturaleza muerta’, ya que alude a lo que todavía está latente: la obra de Eugenio Rivas, con sus envolventes planos de helado derritiéndose, apostando por el mundo de aquí y del presente, plenamente afincada en la inmanencia y no en la trascendencia; y la de Antonio R. Montesinos, desde una perspectiva de resistencia, haciendo una paráfrasis que nos lleva desde nuestro papel de espectadores pasivos -especialmente en la red internet- a la tesitura de formar parte del cambio.

De dos formas muy distintas, tanto Eugenio como Antonio nos apelan a cuestionar el presente, y hay mucho en la tradición del género -el del bodegón- en torno a esa diatriba de la fugacidad del instante o de la vigencia del momento en que vivimos y somos.

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Emmanuel Lafont interviene una pared en Casa Sostoa.

NM: ¿Qué diferencias encuentras entre comisariar en la habitación de un hotel y hacerlo en tu sala de estar?

PA: La gran diferencia es que me conozco mi casa como la palma de la mano. Tengo siempre presente las limitaciones y las carencias, así como los ángulos potentes, lo que podríamos llamar puntos fuertes, y sé a la perfección cómo funciona el flujo del público en mi espacio. La habitación de hotel presenta sus limitaciones propias, sumadas al riesgo de la novedad, y plantea todo un ejercicio resolutivo en el que se debe poner en práctica lo aprendido.

NM: Por último, ¿alguna obra de las expuestas en Casa Sostoa desde 2013 ha terminado viviendo contigo?

PA: Desde la primera exposición eso ocurre con relativa frecuencia. El dibujo a grafito que hizo Emmanuel Lafont sobre los azulejos de mi cocina sigue intacto, así como las pequeñas intervenciones de Javier Calleja en distintos puntos de la casa o el liviano grafiti de Guillermo Martín Bermejo en la mampara de mi ducha. Por no hablar de otras obras que atesoro como muestra de afecto y agradecimiento de muchos artistas.

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