Seis escenas inolvidables de los Monty Python

Seis escenas inolvidables de los Monty Python

 

John Cleese, Terry Gilliam, Terry Jones, Michael Palin y Eric Idle, los cinco componentes vivos del grupo de humoristas Monty Python (Graham Chapman falleció en 1989) anunciaron, la semana pasada, que se volverían a reunir sobre los escenarios en Londres en julio de 2014. Desde que se pusieron a la venta, las entradas para el show duraron en línea la cifra exacta de 43 segundos, el tiempo que tardaron los más incondicionales o avispados en agotarlas.

Si le preguntamos a alguno de los fans de los Monty Python que por qué los adora, probablemente, la respuesta incluya la palabra ‘surrealista’ y/o ‘absurdo’. Pero, aunque el humor surrealista fuera una de sus señas de identidad, los Python eran capaces de dibujar con puntas de grosores muy distintos: desde sketches que requerirían casi de un doctorado para ser comprendidos en todas sus referencias hasta gags de lo más simple, pero igualmente eficaces. Ellos comprendieron mejor que nadie, por ejemplo, la universalidad del tonto del pueblo.

Se acusa a los Python, además, de haber sido capaces de sintetizar como nadie la idiosincrasia de la Gran Bretaña de las décadas de 1960-70. Y, con ella, la de tantas otras sociedades democráticas. Con sus escenas de educadísimos señores discutiendo gilipolleces hasta la extenuación, los Monty Python fueron capaces de retratar los absurdos del mundo civilizado, en el que hasta el disparate más gordo puede gozar de despacho propio. Como cuando John Cleese se dedicaba, desde el Ministerio de los Andares Tontos, a subvencionar formas estúpidas de caminar.

Lo revolucionario del humor de los Monty Python no solo estribó, insistimos, en lo surrealista y absurdo de sus sketches, sino también en sus vías de expresión, que se valían y se reían, al mismo tiempo, de la televisión que entonces dominaba los hogares, no solo británicos, sino occidentales. Quién no ha echado de menos, alguna vez, un “And now for something completely different” entre dos noticias de un telediario. Puede que los Python fueran de los primeros humoristas televisivos capaces de reírse de la tele con todas las armas que ésta les proporcionaba, y con leña para todos: desde el cateto más cateto hasta los programas más pedantes e infumables de la BBC, como este mítico ‘Empujón’ en el que Graham Chapman a duras penas aguanta la risa frente a la señorita Anne Elke (John Cleese travestido), autora de una impactante teoría sobre los brontosaurios.

El legado de los Python se extiende, también, al mundo del cine, en el que inmortalizaron su humor en producciones como La vida de Brian o Los caballeros de la mesa cuadrada y sus locos seguidores, a la que pertenece uno de los personajes más temibles del celuloide: el insaciable conejo antropófago.

Si bien hoy seguimos discutiendo los límites del humor, los Python fueron, en su momento, visionarios, también, en la parodia de aquellas cosas que, hasta entonces, muy pocos se habían atrevido a parodiar. Figuras indiscutibles del mundo de la historia y la cultura como Marcel Proust protagonizaron algunos de sus sketches, como éste otro en el que Beethoven es retratado casi como lo que hoy equivaldría a un trabajador autónomo: en casa, despeinado, desquiciado y regañando a su familia porque no le deja concentrarse.

Probablemente, los Python representen, además de una de las piedras angulares del humor contemporáneo, una reminiscencia de un pasado que, cuando se nos aparece hoy, nos parece un espejismo mejor -más libre, más creativo- que lo que tenemos ahora; algo que, como los Beatles (de los que también se rió Eric Idle en la película The Rutles), jamás volverá a repetirse. Aunque ése, como todos los espejismos, no sea más que una alucinación.

Foto cc:  Larry He’s So Fine

 

úsameCreative Commons Nokton Magazine

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