Nokton Magazine - Revista cultural
Turistas ante la Gioconda, síntoma de museos colapsados.
El suelo es bonito, levantas la vista y a escasos centímetros un móvil intenta enfocar, un poco más allá otro, detrás un tour turístico y, allí, después de todo lo que representa el turismo masivo, la obra de arte. El día a día de los grandes museos internacionales cambia en verano, los turistas urbanos trazan su ruta en base a las obras imprescindibles que no quieren perderse, ya sea para deleite o para hacer la foto de rigor, y se disponen a llegar a ellas como único objetivo que genera museos colapsados.
Disfrutar todos los matices de una obra de arte requiere cierta calma, un tiempo para adquirir la sensibilidad que busca transmitir y para indagar en los detalles que explica la audioguía, pero en verano esos tiempos no existen. Los viajeros que pueden escapar de la masificación estival son ajenos a esta realidad pero las redes sociales la están haciendo presente. Más allá de fotos postureistas ante parte de nuestra historia han comenzado a llegar fotos mucho más realistas del día a día vacacional (ya sea verano o Semana Santa) en los museos.
El Louvre ha sido el primero en tomar medidas, tras el cambio de ubicación de La Gioconda las aglomeraciones continuaron, aunque lleva cierto tiempo colapsando la sala en la que se encuentre la obra de Leonardo. Así el museo ha informado en su página web que solo se podrá acceder a él con reserva previa para un día y horario concreto. Algo que a partir de octubre será obligatorio.
La lógica es proporcional y así las ciudades más visitadas son las que más colapsan sus museos para muestra Roma con los Museos Vaticanos y Florencia con la galería de los Uffizi.
No es una actualidad solo europea, Nueva York tampoco se rinde a los colapsos y no solo en los museos sin entrada fija, a través de donativo, sino también en, por ejemplo, el MoMA.
Opciones como la del Louvre de limitar el número de entradas diarias se hace imprescindible para que la experiencia museística sea completa y satisfactoria para el visitante ávido de arte. Es posible que surjan otras iniciativas como ofrecer entradas por zonas; normalmente las entradas se dividen entre la exposición permanente y las temporales pudiendo adquirir ambas o solo una, pero las pinacotecas de gran magnitud podrían llegar a plantear diferentes entradas para la exposición permanente. Prohibir la realización de fotografías, no hay demasiada explicación para querer sacarse un selfie ante una obra cuando las propias webs de los museos ofrecen imágenes de excelente calidad, o dejar horarios concretos para grupos y tours privados pueden ser algunas de las iniciativas que veamos a futuro.
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