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El fútbol me gusta porque me importa un pito

No hace mucho trataba Nerea Basterra de hacerme la pelota sugiriendo que las razones tras mi reciente interés por el fútbol darían para un artículo en Nokton (guiño-guiño-codazo-codazo). Y yo, que desde que duermo con un extranjero tengo el sentimiento patrio muy exacerbado, hice lo que habría hecho cualquier español en mi situación: dar largas (a la española) y tratar de escurrir el bulto.

El caso es que poco después, ojeando periódicos y revistas antiguas, vi que Juan José Millás se me había adelantado en un artículo de El País Semanal. Esto, a mi parecer, tiene una única explicación razonable: que la idea era en realidad cojonuda y que a lo mejor Nerea debería estar sugiriéndole temas a Millás en lugar de a la que firma… Así que, claro, ante la perspectiva de que esto ocurra, me veo obligada a hacer lo que cualquier español haría: entrar en pánico y tratar de arreglar mi desaguisado… aunque sea tarde. ‘Nere’, ‘Juanjo’, va por vosotros.

El fútbol me gusta porque me importa un pito

Lo he descubierto este verano, a raíz del mundial, y yo fui la primera sorprendida. Pero sí, me gusta, y creo que ya no hay vuelta atrás. Me gusta porque me da exactamente igual. Porque ganase Alemania o Argentina yo sólo me hubiese visto afectada por la fiesta de unos vecinos u otros (y por eso decidí huir y ver el partido en otro sitio, donde podía odiar a ambas selecciones de manera directamente proporcional a mi odio a los ruidosos vecinos). El fútbol me gusta, precisamente, porque no me interesa.

Pongámonos en situación: Una llega a casa después de pasarse el día peleándose con la cuota de autónomo, de haber sido bombardeada por las noticias (todas, desde la reforma del IRPF hasta si ‘la Leti‘ vendía tabaco en México), de haber pensado doce veces que no tenía nada para cenar y haberse olvidado doce veces de pasar por el supermercado; en fin, de sobrevivir, para encontrarse con que el mundo se ha parado, porque –sí, esta noche también– hay fútbol.

Durante esos noventa minutos los problemas no son tuyos, son de los otros, de ésos que corren. Hagas lo que hagas en esa hora y media, no vas a cambiar el resultado del partido, ni de tu día, ni probablemente de tu vida. Y eso, vaya si relaja.

El fútbol viene a ser el equivalente a tirarte en el sofá a ver una peli mala, o a la telebasura, pero sin ese componente culpable de por-qué-me-estoy-tragando-este-bodrio. Aquí, si el partido es aburrido, es culpa de los demás (y eso de culpabilizar a otros es también muy español).  Así que yo me siento en el sofá y me abro una cerveza (a ese ritmo de dos partidos diarios, no puedo permitirme gin-tonics como el amigo Millás) y un paquete de patatas,  me sumerjo en las olas del color de la camiseta escogida, y dejo la mente absolutamente en blanco. Tanta clase de yoga y resulta que se podía meditar desde la comodidad del tumbing.

Le pongo empeño, no te creas. Aderezo mi noche con hala’s; esa-tarjeta-debería-haber-sido-roja’s y pero-si-ha-sido-fuera-de-juego’s varios. Porque sí, me he aprendido lo que es un fuera de juego.  Y saberme parte de ese exclusivo grupo de mujeres capaces de distinguirlo me hace sentirme tan victoriosa como cuando la declaración de la renta me sale a devolver.

Lo dejo cuando quiera, yo controlo

Al principio era sólo por apoyar a España, me decía yo, esto lo dejo cuando quiera, yo controlo. Luego fueron Inglaterra, Grecia, Croacia, Costa Rica, BélgicaA lo tonto, no ha habido día que no haya visto al menos un partido, y no ha habido día en que el equipo que yo apoyaba haya ganado. Aquí es cuando se hacen evidentes las ventajas de que el fútbol te importe un pito.

Lo que me preocupa es que, ahora que se ha acabado el Mundial, estemos ya en pre-temporada, y que nos hayamos traído al mordiscón, y que mi madre me llame preguntándome qué va a ser de Iker, y que el Levante se vaya a quedar sin su portero estrella porque lo que manda es el dinero, y que los 50 millones de euros de Messi sean seguramente una parte nimia de lo que debe, y que al final el fútbol esté también lleno de injusticias, y…

Mierda. Ya se me ha jodido la afición por el fútbol.

Fotos: NotLiz (cc)

Ana Sánchez Ortega

Dramatizo (en todos los sentidos). Encuentro la felicidad en leer un libro en la cama sin que importe a qué hora levantarme mañana, en los aplausos tras un espectáculo; y, por supuesto, en el pan con Nocilla.

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Ana Sánchez Ortega
Etiquetas: reflexiones

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