Nokton Magazine - Revista cultural
Todos tenemos una pasión. Germina siempre como una enredadera, al principio pequeña, pero con el tiempo tapa por completo las fachadas y paredes. Incluso, a veces, envuelve el alma con tanto ímpetu que al final se confunden ambas, y la primera hace que la segunda olvide otros amores, otros mundos. Kafka tenía una pasión así. Se llamaba Literatura y le entregó su vida al completo. O eso es lo que se deduce de Kafka enamorado, la obra que se representa estos días en el Teatro María Guerrero de Madrid, para descubrirnos a un escritor que entendía el arte de las letras como “la conciencia de la humanidad”.
El resultado es un cuento tan verosímil como los personajes que interpretan Jesús Noguero, Beatriz Argüello y Chema Ruiz, trío que convence y, lo que es mejor, seduce. Igual que el escenario en el que se mueven, sencillo e íntimo, para que sean la luz y el sonido los que expliquen dónde están los protagonistas y qué les pasa. Y ambos lo consiguen con la elegancia y sutileza que exige un espacio como la Sala Princesa.
Luis Araújo afirma que el praguense “llegó a la conclusión de que una vida matrimonial, burguesa, familiar y ordenada era incompatible con su anhelo artístico, y acabó sacrificándola –sacrificándose él mismo- para legarnos su obra”. Hete aquí la magia de la pieza, esa dicotomía palpable, multiforme, inherente a una existencia humana que, en el fondo, no es más que una guerra de pasiones que luchan por recubrir el alma y confundirse con ella.
Fotos: Marta Vidanes
httpv://www.youtube.com/watch?v=-kPfaYZq7gA
Desde hace unos años, algo se mueve en Canarias. Lo que antes eran paisajes prestados…
El 2026 la recibirá con dos series “bien bonitas” en agenda, pero Cecilia Suárez (Tampico,…
Sobrevivir y disfrutar de la adolescencia no está reñido. Ni para sus protagonistas ni para…
En su nuevo libro, Hoguera de amapolas, Mónica González Gallego se adentra en los territorios más…
Con Errementari (2017) e Irati (2022) imbuyó las pantallas españolas de un prodigio de relato…
Su timbre produce tal familiaridad que de inmediato nos preguntamos si a nuestras espaldas aparecerá…