Nokton Magazine - Revista cultural
Todos tenemos una pasión. Germina siempre como una enredadera, al principio pequeña, pero con el tiempo tapa por completo las fachadas y paredes. Incluso, a veces, envuelve el alma con tanto ímpetu que al final se confunden ambas, y la primera hace que la segunda olvide otros amores, otros mundos. Kafka tenía una pasión así. Se llamaba Literatura y le entregó su vida al completo. O eso es lo que se deduce de Kafka enamorado, la obra que se representa estos días en el Teatro María Guerrero de Madrid, para descubrirnos a un escritor que entendía el arte de las letras como “la conciencia de la humanidad”.
El resultado es un cuento tan verosímil como los personajes que interpretan Jesús Noguero, Beatriz Argüello y Chema Ruiz, trío que convence y, lo que es mejor, seduce. Igual que el escenario en el que se mueven, sencillo e íntimo, para que sean la luz y el sonido los que expliquen dónde están los protagonistas y qué les pasa. Y ambos lo consiguen con la elegancia y sutileza que exige un espacio como la Sala Princesa.
Luis Araújo afirma que el praguense “llegó a la conclusión de que una vida matrimonial, burguesa, familiar y ordenada era incompatible con su anhelo artístico, y acabó sacrificándola –sacrificándose él mismo- para legarnos su obra”. Hete aquí la magia de la pieza, esa dicotomía palpable, multiforme, inherente a una existencia humana que, en el fondo, no es más que una guerra de pasiones que luchan por recubrir el alma y confundirse con ella.
Fotos: Marta Vidanes
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