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Vivanco: un museo para el arte del vino en La Rioja

 

Hace diez años que Vivanco abrió las puertas del museo homónimo de la Cultura del Vino, en el que sacacorchos y vides conviven con obras de artistas consagrados.

Ocho milenios de relación, los que hoy suponemos que llevan hombre y vino entendiéndose, bien merecen un museo. Como el Museo Vivanco de la Cultura del Vino, que Vivanco puso en marcha en 2004 en la localidad riojana de Briones, dedicado a este divino líquido, que hoy sigue nutriéndose con obras y piezas nuevas.

Desde el pasado mes de enero treinta nuevas piezas, entre las que figuran obras como Le troubadour, de Joan Miró; Copa, de Antoni Tàpies; Botella de vino y Nature norte, de Juan Gris; Zapatu, de Eduardo Chillida; Jarra y vasos, de Miquel Barceló y Vinum, de Juan Genovés, nunca antes expuestas, forman parte de la colección permanente de este centro.

Educar, enseñar, divulgar e interactuar con el vino como elemento civilizador es la razón de ser de estas instalaciones de 4.000 metros cuadrados, que persiguen la estela del vino desde las primeras evidencias de su consumo, que los historiadores sitúan hoy en Armenia, unos 6.000 años antes de Cristo, en el período conocido como Neolítico.

Un jardín de vides y un espacio para el Rioja

Conforman el museo seis salas, que incluyen una exterior llamada el Jardín de Baco, en la que pueden contemplarse más de 220 variedades de vides de todo el mundo. La primera, dedicada a la trascendencia cultural del vino desde sus inicios, cuenta con un espacio reservado al Rioja, y al motor económico y cultural que, desde siempre, ha supuesto el vino para esta región.

No obstante, más allá de los aperos de labranza, la maquinaria y los documentos históricos, en todos los museos de vino que visitaban antes de inaugurar el suyo los responsables del Vivanco echaban algo en falta. Y ese algo no es ni más ni menos que el fruto que da origen al vino, la uva, que en este espacio cuenta con el llamado Jardín de Baco, en el que pueden contemplarse variedades nacionales como Verdejo, Albariño y Pedro Xímenez, e internacionales, como Merlot o Cabernet Sauvignon.

Los colores y olores del vino

La colección de arte y arqueología es aquella que la Fundación Vivanco considera “la propuesta más singular del museo”. Obras de artistas como Jan van Scorel, Pablo Picasso, Sorolla, Joan Miró, Juan Gris e incluso Walt Disney, de diversas épocas y técnicas, cuyo denominador común es el de estar vinculadas al vino y al valor que la vid y el vino han tenido desde siempre para la cultura mediterránea y la inspiración de sus artistas.

Y, de los colores de los lienzos, a los de los caldos. La sala “La bodega, el sueño” explica al visitante los trabajos que se realizan con el vino desde que se fermenta hasta que se embotella para enviarlo al mercado, y entre ellos no podía faltar la cata, que cuenta con su propio espacio interactivo en el Museo. Un rincón que juega con distintos tonos y olores, como el del regaliz, el de las rosas, el del cuero, el de la violeta o el de la miel para ayudarnos a sentir a qué puede oler el vino.

En otra sala del museo aguardan al visitante botellas, barricas y corchos, en un recorrido por la evolución, a lo largo de los siglos, de la preocupación humana por aprender a conservar en las mejores condiciones este hermoso líquido, en el que no falta, evidentemente, un merecido lugar para el corcho.

Y, para terminar, habrá que descorchar una botella. El Museo Vivanco de la Cultura del Vino cuenta con una colección de nada más y nada menos que 3.500 sacacorchos: de bolsillo, figurativos, de bar, diseños actuales, sacacorchos multifunción, religiosos, de palanca, eróticos… piezas, todas ellas, que muestran la evolución y diversidad de este instrumento.

Desde Vivanco ofrecen distintas experiencias y visitas, entre las que figuran el tour por sus bodegas y el museo, que, por 15 euros, incluye la degustación de dos vinos. Por diferentes precios se puede añadir a la visita un curso de cata, una comida en un restaurante o una botella de crianza. Consulta más información aquí.

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Peggy Olson

Foto (cc): Donovan Beeson

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